Una decena de lavadoras industriales funcionan a pleno rendimiento mientras las calandras planchan y pliegan manteles a gran velocidad. Huele a jabón y a colada recién lavada. Casi al unísono, varias operarias clasifican montañas de prendas blancas en carros metálicos. En medio de ese ritmo frenético aparece Saúl Aznar, de 31 años y natural de Zaragoza, quien no suele vestir americana en la lavandería como sí hace hoy. "Es más fácil encontrarme debajo de una lavadora para ajustar la varilla del equilibrio", resume entre risas.
Aznar es el dueño de Lavandería Industrial Alba, en Ansoáin, que cuenta con una superficie de 220 metros cuadrados y vive una etapa de crecimiento desde que asumiera definitivamente la propiedad de la empresa hace justo un año. ¿Las claves? La atención personalizada y mejora de las instalaciones. Una fórmula que le ha servido para ganarse la confianza de numerosos restaurantes reconocidos en la Comarca de Pamplona.
No obstante, su relación con Navarra comenzó mucho antes. En 2015 aterrizó en Pamplona después de conocer a quien hoy es su mujer, la pamplonesa Isabel Guibert. Poco después empezó a trabajar en la antigua Lavanor, fundada por el empresario Santiago Casado. "Le tengo muchísimo cariño porque me enseñó todo lo que sé sobre este sector", recuerda. En Lavanor comenzó desde abajo, y su tarea era clasificar ropa limpia y sucia en el área de Producción, aunque con el tiempo pasó por prácticamente todos los departamentos. Aquella experiencia derivó en su nombramiento como delegado comercial de la compañía en La Rioja, Aragón, País Vasco y Navarra.

La empresa adquirió recientemente una calandra belga que plancha, pliega y detecta manchas.
Su trayectoria dio un giro en 2020, cuando Lavanor se integró en Grupo Ilunion y fue trasladado a Madrid. "Llegué justo cuando empezaban a levantarse las restricciones del Covid-19. Viví allí once meses, pero pronto empecé a dar vueltas a la idea de montar un negocio propio", explica. Esa oportunidad apareció a finales de 2021, cuando se incorporó como director a Lavandería Industrial Alba, propiedad entonces de Javier Elizalde. La idea era clara desde el principio: asumir progresivamente la gestión hasta adquirir la firma. "Javier ha sido otra persona muy importante para mí. En aquel entonces no tenía relevo generacional, pero sigue vinculado al sector de la tintorería", señala.
Cuando Aznar llegó a Alba, la lavandería procesaba entre 200 y 300 kilos diarios de ropa. Hoy esa cifra alcanza ya los 800 kilos de media al día y, durante los Sanfermines, prácticamente se triplica. "Es una auténtica locura porque llegamos a mover unos 2.000 kilos diarios", apunta. En esa línea, la empresa cuenta actualmente con entre doce y quince trabajadores, diez más que hace cuatro años, y alcanza la veintena en campañas de máxima actividad como las fiestas de la capital navarra.
Ya en la etapa de Elizalde, Lavandería Industrial Alba prestaba servicio a restaurantes de la Comarca de Pamplona, como el asador Olaverri o el asador Zubiondo. Pero desde que Aznar es el propietario, se han sumado La Cuchara de Martín, Casa Manolo, el restaurante Don Pelayo, Casa Amparo, la sociedad gastronómica Napardi, el New Trujal, el asador Iturrama, el asador Casa Ángel, ISPA Neo Taberna, el bar restaurante Magori, el bar Jardín o La Olla. Sobre este último señala que, "más que un cliente, Fermín de Prados es un socio".
"Es una de las personas que más han apoyado a la empresa y a mí personalmente. Además de ser un excelente hostelero, siempre está dispuesto a echar una mano", subraya para enumerar acto seguido que Alba se encarga de lavar, planchar, doblar y enviar manteles, servilletas, delantales, trapos… "Vamos a seguir creciendo con ambición, que es lo que nos ha traído hasta aquí", augura.
Antes de introducir cualquier colada, el equipo revisa todas las piezas para evitar accidentes. "Hay que comprobar que no haya cuchillos, tenedores, vasos o bolígrafos olvidados porque pueden estropear toda la lavadora", concreta. En ocasiones también aparecen sorpresas mucho más insólitas. "Una vez encontramos dos décimos de lotería de Navidad. Y también una dentadura postiza", recuerda jocoso.
INVERSIÓN Y DIVERSIFICACIÓN
Una de las últimas inversiones que el negocio ha acometido es la adquisición de una nueva calandra belga capaz de planchar y plegar automáticamente, además de detectar manchas que hayan sobrevivido al lavado. "La grasa vegetal es nuestro mayor enemigo. El sector ha evolucionado muchísimo. Tenemos que estar al día porque la innovación ya forma parte de este negocio", defiende Aznar, quien prevé próximas inversiones para aumentar capacidad y volumen de trabajo.
Precisamente, considera que la personalización del servicio ha sido la clave del crecimiento de Alba en los últimos años: "Si un restaurante me pide servilletas con forma de cisne o que entregue manteles un sábado a las tres de la tarde, lo hago yo mismo si hace falta".

El mes que viene, la empresa lanzará una línea de negocio centrada en los uniformes laborales.
Además, la empresa prepara ahora el lanzamiento de una nueva línea de negocio centrada en los uniformes laborales. Para ello, ha desarrollado junto a una compañía madrileña un software con códigos QR, que permitirá identificar y localizar prendas de trabajo de grandes plantillas industriales. "Queremos gestionar la trazabilidad completa de la ropa laboral para fábricas con cientos de trabajadores", adelanta. El servicio comenzará a implantarse el mes que viene.
Mientras tanto, Lavandería Industrial Alba sigue creciendo dentro de sus actuales instalaciones de Ansoáin, aunque el espacio empieza a quedarse pequeño. Por eso, Aznar ya estudia trasladar la actividad a una nave de unos 600 metros cuadrados en un polígono de la Comarca de Pamplona antes de 2028.
