Un hotel puede convertirse en el escenario perfecto para vivir aventuras de todo tipo. Leire Alemán lo sabe bien: creció entre los interminables pasillos del Hotel Maisonnave, ubicado en pleno corazón de Pamplona. Cada día se abría todo un mundo de posibilidades, pues solía descubrir rincones que desafiaban a su imaginación. La sonrisa que lucía a todas horas aquella niña de alma inquieta se ha mantenido intacta con el paso del tiempo. De hecho, al pasear por la entrada del establecimiento, nos contagia la nostalgia. Muy atentas a todos los detalles, guardamos silencio y escuchamos sus memorias.
Un trineo de nieve descansaba en una de las habitaciones del hotel. Aunque no era invierno, nuestra protagonista, aquel día, quiso darle uso. Así que invitó a un par de amigos, subió a lo alto de las escaleras y lanzó un suspiro al aire. Estaba dispuesta a lanzarse. Sus compañeros, que apenas podían contener la risa, se agruparon alrededor, ansiosos por ver cómo se desarrollaba aquel inusual plan. Iniciaron la cuenta atrás, prepararon el empujón y… «Nos deslizamos por las escaleras sin pensarlo. Es una de las anécdotas que recuerdo con más cariño», relata Leire a sus 44 años. La zona de la lavandería también era otro de sus espacios favoritos. Entre lavadoras, jabón y sábanas de todos los tamaños, se entretenía jugando al escondite.
En 1882, Carlos Maisonnave, de padres franceses, fundó una humilde fonda en la calle Espoz y Mina. Más tarde, la familia Alemán la trasladó a la calle Nueva y la convirtió en un hotel. «Vivíamos en tres habitaciones unidas entre sí y separadas del resto. Por aquel entonces, las camareras de piso y de restaurante vivían en la sexta planta, donde también celebrábamos los cumpleaños», narra. Y aunque Leire sabía que el Maisonnave podría ser un buen lugar donde iniciar su trayectoria profesional, decidió trazar un camino diferente.
RUMBO A LONDRES Y A MADRID
Estudió Ingeniería Técnica Industrial Mecánica en la Universidad Pública de Navarra (UPNA) y, cuando finalizó su formación, se marchó a Londres. Allí trabajó en una consultoría de arte, donde realizó estudios de viabilidad económica para diversos proyectos culturales. «Tenía solo 24 años. Salir de Pamplona y conocer Inglaterra fue una experiencia muy enriquecedora», apunta. Pero, tras unos años en tierras anglosajonas, regresó a España. En esta ocasión a Madrid.

Antes de continuar con el negocio familiar, nuestra protagonista trabajó en Londres y en Madrid.
Fichó por Ghesa Ingeniería y Tecnología, donde permaneció cuatro años, y más tarde complementó su formación con un Máster en Business Administration (MBA). Entonces llegó el momento de regresar al hotel y volver a casa.
Ahora sí, tenía claro que deseaba continuar con el negocio familiar. Comenzó realizando tareas en la recepción y la oficina hasta que, el pasado 2021, tomó las riendas del negocio para ocupar el cargo de directora. Miembro de la junta de la Asociación de Hoteles de Pamplona desde 2022, es una referencia del sector en Navarra. «Tenemos 140 habitaciones, la mayoría dobles. En la sexta planta ofrecemos suites con vistas al Casco Viejo de la ciudad. ¿Queréis verlo?», sugiere haciendo hincapié en la espectacular esencia que poseen los rincones del último piso.
UN HOTEL MUY SANFERMINERO
Para nosotras, el Hotel Maisonnave supone todo un laberinto de pasillos y escaleras, pero nuestra protagonista conoce cada recoveco como la palma de su mano. Cuando alcanzamos la sexta planta y alargamos la mirada más allá de la ventana, no podemos evitar entonar un sonoro «¡wow!». La iglesia de San Saturnino se alza majestuosa. A nuestros pies, Pamplona se despliega como un inmenso tapiz de tejados y calles serpenteantes. El bullicio de la ciudad parece desvanecerse en la serenidad de las alturas.
«Hacemos concursos de ‘txarangas’ y ponemos toricos de ruedas en la puerta para los más pequeños»
Lo cierto es que los Sanfermines son las fechas «más potentes» del año. Unos meses antes de alcanzar julio, el hotel prepara todo tipo de actividades para lograr que vecinos y turistas vivan Pamplona «al completo». «Hacemos concursos de txarangas y ponemos toricos de ruedas en la puerta para los más pequeños. Aquí somos muy sanfermineros y nos gusta transmitir ese espíritu a todo el mundo», detalla Leire segundos antes de recordar que la cafetería del establecimiento se denomina Caravinagre precisamente por eso.
Durante San Fermín, los niveles de ocupación del Maisonnave se sitúan alrededor del 90 %, mientras que a lo largo del año la cifra ronda el 70 %. «El principal atractivo es el encierro, aunque muchos turistas se acaban enganchando al sentimiento y la tradición que nosotros sentimos. Para ellos es el momento del año, es una ocasión especial. Además, la comparsa suele entrar con sus cabezudos hasta la recepción del hotel para saludarnos», expresa justo antes de anunciar que ya está preparando el programa de cara a este julio.
HUÉSPEDES INTERNACIONALES
El 40 % de los huéspedes acude al Maisonnave por motivos empresariales, mientras que el 60 % lo hace por ocio. «También tenemos un 5 % de peregrinos. El Camino de Santiago cada vez goza de más tirón», puntualiza Leire tras matizar que, de cara a Semana Santa, prevé una ocupación de entre el 90 % y el 100 % en los días festivos. Aunque la mayoría de visitantes son españoles, también abundan las personas que proceden de países como Alemania, Francia, Reino Unido o Estados Unidos.

Durante los Sanfermines, los niveles de ocupación del Hotel Maisonnave se sitúan alrededor del 90 %.
Si algo destaca del hotel son también las originales exposiciones de arte que este ofrece. Fotografía, pintura, escultura… En el Maisonnave siempre hay hueco para la creatividad: «Hacemos tres exposiciones al año. Así, el hall va cambiando en función de los artistas».
En estos momentos, son los cuadros de la navarra Ana Pagola los que decoran el establecimiento. En concreto, se trata de una original serie de las Meninas, que tintan las paredes en un estallido de color. Mientras observamos detenidamente cada obra, nuestra protagonista revela que, de niña, pasaba las horas pintando. Aunque en un inicio se inclinaba más hacia el realismo, más tarde el mundo de lo abstracto la cautivó.
A pesar de que ya ha dejado ese hobby atrás, reconoce que es una afición «preciosa» y «muy relajante». Intrigadas, le preguntamos si algún día veremos cuadros suyos expuestos en el hotel: «Rotundamente no, no soy una gran pintora. Me parece un mundillo muy interesante, pero no me veo mostrando mis pinturas. Prefiero que eso lo hagan los verdaderos artistas y dejarles libertad para mostrar su arte aquí, donde crecí».