Luces y sombras del crecimiento de la pyme

lunes, 30 marzo 2020

Luces y sombras del crecimiento de la pyme

El autor analiza los riesgos técnicos, de mercado y de gestión que conlleva el crecimiento de las pequeñas empresas. Por eso, recomienda que ese proceso se haga de forma natural y sensata, de acuerdo a las posibilidades internas y externas de las propias compañías.

Redacción
Pamplona - 27 enero, 2020

Carlos Medrano.

Carlos Medrano.

Ahora que se ha formado nuevo Gobierno y se oyen tambores de subidas impositivas para las empresas, me gustaría enfatizar la importancia de facilitar el crecimiento de la pyme como medida de fortalecimiento económico.

La tendencia natural de la empresa es el crecimiento. Especialmente en sus comienzos y más si tiene la figura del empresario fundador (self-made man, que dicen los yankis). De potencia arrolladora, crece hasta su máximo nivel de competencia y “más allá”. Pero detrás del incremento en la facturación está una serie de complicaciones como las tensiones de liquidez (desde que vendes hasta que cobras el dinero lo pones tú), el incremento de stocks, de la fabricación, del personal, etc.

En algunos casos, ese “más allá” significa que se vuelve incompetente para gestionar ese tamaño. El principio de Peter. Esto, que parece bastante intuitivo, lo demuestra el estudio de 5.000 empresas americanas elaborado por la Fundación Kaufman y la revista INC, en el que se muestra cómo dos terceras partes de las de mayor crecimiento sufrieron una reducción de tamaño, quebraron o fueron vendidas en condiciones nada favorables.

Por otra parte, el Círculo de Empresarios realizó otro análisis en la UE sobre la competitividad de las empresas, según su tamaño. En él se vio cómo la empresa española es igual de competitiva que la europea, siempre que se la compare con las de su tamaño. Es decir, una micropyme (menos de diez trabajadores) alemana y española son similares en productividad. Eso sí, la gran empresa (más de 250 trabajadores) es el doble de productiva que la micropyme y, a su vez, la mediana (más de 50 trabajadores) es 1,7 más productiva que la micropyme.

Es en la composición por tamaños de las empresas donde nos barren los europeos. Porque en España, el 94 % son micropymes, mientras que en otros países hay muchas más empresas grandes, es decir, más competitivas. Parece claro que se debería fomentar el crecimiento de la pyme, pero no es así. De hecho, la normativa está diseñada para incrementar exponencialmente los requisitos legales a partir de los 50 trabajadores.

En España, el 94 % de las empresas son micropymes, mientras que en otros países hay muchas más compañías grandes, es decir, más competitivas.

Si se analizan las gráficas de empresas por tamaño, se ve cómo se abarrotan en el trabajador 49. Parece un tsunami a punto de reventar la gráfica, que continua en el trabajador 50 muy abajo, como si entre ambos hubiera un acantilado. ¿Qué pasa en el trabajador 50? Pues la aparición de varias obligaciones. Por ejemplo, la de constituir un comité de empresa, la que conlleva la obligación de implantar la ley de personas con discapacidad o la ley que obliga a las empresas con locales permanentes donde se reúnan más de 50 trabajadores a establecer comedores, donde estos puedan comer a un precio módico.

A mí me parece todo muy bien. Pero, ¿no se podría incrementar la cifra de 50 trabajadores hasta el siguiente escalón de 250? Eso implicaría que la empresa crecería de forma natural según sus posibilidades y, en ese escalón de 250 trabajadores, sería 1,7 veces más productiva. Ya estaría en otra fase menos frágil, porque la esperanza de vida de una microempresa es de menos de nueve años frente a los casi 30 de la empresa mediana y grande.

En la mediana y gran empresa pagan más porque sus trabajadores son más productivos (sus costes se diluyen mejor con el incremento de la productividad al crecer). El tamaño importa también porque tienen más músculo financiero y personal para innovar más y vender en mercados internacionales. Pero el dato demoledor es que las empresas de menos de 50 trabajadores crean siete de cada diez empleos en España, según Randstad y Cepyme. Entonces, ¿a qué están esperando para legislar en favor del crecimiento de la pyme?

Crecer es complicado. Lo mismo que hay empresarios muy lanzados los hay cautelosos porque saben que les va a suponer un gran sacrificio. Crecer implica un riesgo técnico, que consiste en ser capaz de mejorar la tecnología de la empresa. Un riesgo de mercado al incrementar geográficamente o por tamaño de cliente las ventas, ya que las condiciones cambian. Y un riesgo de gestión, que implica tener mandos intermedios, recursos financieros suficientes, planificar, etc. Tanto los empresarios que crecen hasta donde no pueden más como los que frenan el crecimiento por miedo están equivocados. La empresa tiene que crecer al ritmo que ella deba, de acuerdo con sus posibilidades internas y externas. Es una persona jurídica, pero persona al fin y al cabo, con un futuro por desarrollar. Y el gobierno puede hacer mucho, por el bien de todos, para facilitarlo.

Carlos Medrano
Director de Eximia Consultores

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