El dióxido de carbono suele tener mala fama. ¿Por qué? En el imaginario colectivo se le señala como uno de los grandes culpables del cambio climático al ser el gas de efecto invernadero más abundante en el planeta. Su nombre aparece con frecuencia en informes científicos, titulares y debates sobre emisiones y sostenibilidad. Pero el CO2 no es un intruso: está presente de manera natural en la atmósfera y forma parte de los ciclos esenciales de la vida. El verdadero desafío es aprender a convivir con él y aprovecharlo de forma responsable. Por eso, la Universidad Pública de Navarra (UPNA) y el Centro Tecnológico Lurederra trabajan en Electro CO2, un proyecto colaborativo que busca transformar el dióxido de carbono en un recurso útil, explorando maneras de usarlo de manera positiva para la industria y el medio ambiente.
«El CO2 tiene muchas connotaciones negativas en todo lo relacionado con las emisiones de gas. Nuestro objetivo es darle la perspectiva de materia prima y reutilizarlo para producir productos provechosos, como por ejemplo combustible. Queremos demostrar que ese gas que muchos consideran un enemigo puede convertirse en un aliado», detallan Cristina Salazar, líder de grupo en la Unidad de Investigación Avanzada de Lurederra, y Fernando Bimbela, responsable académico del Grado en Ciencias de la UPNA y director del grupo de Investigación de Reactores Químicos y Procesos para la Valoración de Recursos Renovables.
EL PROCESO
Nuestros protagonistas se mueven con familiaridad entre varias máquinas que zumban sin cesar en el laboratorio y en la planta piloto. Se conocen como equipos de tecnología FSP y son capaces de generar nanopartículas. Como si de joyas microscópicas se tratasen, muestran con orgullo unos polvitos diminutos: «Las bolsas de plástico, las carcasas de los móviles, el poliéster de las camisetas, gasolina para barcos o vehículos… Para conseguir todos esos productos, se suele craquear el petróleo. Con nuestro método eso no haría falta», relatan segundos antes de desgranar el proceso.

Tras crear nanopartículas, se produce una reacción química para obtener compuestos como metano, metanol o etileno.
El primer paso consiste en tomar esas nanopartículas recién generadas y someterlas a una inyección controlada de dióxido de carbono. A continuación, se añade agua, se elimina el oxígeno, y pronto comienza la reacción química. Como resultado, ese proceso puede dar lugar a etileno, metano o metanol, entre otros. La clave consiste en «guiar a los ingredientes»: «Pongamos un ejemplo. Intentas subir una bola por una colina. Pones toda tu energía en alcanzar la cima y, cuando sueltas la pelota, esta comienza a rodar despendolada hacia abajo. Puede ir por un camino, por otro o por muchos a la vez. Nosotros queremos que vaya por un camino concreto para obtener un compuesto lo más puro posible y que no se haya mezclado con otros durante el trayecto».
Cristina y Fernando ajustan con precisión las condiciones de la reacción: temperatura, presión, concentración de CO2 y cantidad de agua y energía. Cada parámetro actúa como un guía invisible que dirige a las moléculas por el camino anhelado. Una vez fabricado el ingrediente deseado, se puede utilizar para producir materiales y compuestos que antes dependían del petróleo. «Estos hidrocarburos pueden ser también una forma de almacenamiento de energía química. Con nuestro modus operandi, una empresa puede generar un material reutilizable a partir de sus propias emisiones y abastecerse a sí misma», agrega Cristina.
INVESTIGAR PARA AVANZAR
El proyecto está coordinado por ADItech, coordinador a su vez del Sistema Navarro de I+D+i (SINAI), y financiado por el Gobierno de Navarra. Y ha estrechado (aún más) los lazos entre la UPNA y Lurederra: «Cristina y yo nos conocemos desde hace unos diez años. Entre ambas entidades siempre hemos tenido muy buenas sinergias. Este tipo de alianzas son importantes para avanzar con mayor rapidez y eficacia, ya que combinan conocimiento científico y capacidad tecnológica».
En este sentido, cada organización aporta un papel complementario dentro de la iniciativa. Por un lado, Lurederra se encarga de llevar la tecnología desde el laboratorio al mercado, facilitando su aplicación industrial. Por otro, la UPNA centrará sus esfuerzos en el análisis detallado de los resultados de las reacciones, estudiando su rendimiento, selectividad y viabilidad desde el punto de vista científico.
Esta colaboración permite cubrir todo el recorrido de la innovación: desde la comprensión fundamental de los procesos químicos hasta su posible implementación en entornos reales. De este modo, Electro CO2 demuestra que es posible transformar el dióxido de carbono en productos útiles y sentar las bases para que estas reacciones químicas puedan aplicarse a gran escala en el futuro.











