Su padre, natural de Etxarri-Aranatz cruzó el charco en los años cincuenta en busca de un buen futuro. En República Dominicana conoció a la mujer que se convertiría en su esposa y con la que tendría una hija: Michelle Pérez. Creció en Santo Domingo, entre calles llenas de colores y el rumor constante de las olas hasta que, a los seis años, voló a España para instalarse en Navarra, en el pueblo natal de su progenitor. Desde entonces, cada paso suyo ha sido un pequeño diálogo entre dos mundos: el de la calidez tropical que la vio nacer y el hogar ancestral que la acogió. Ha tejido en su memoria la nostalgia de lo que se deja y la fascinación de lo que una se encuentra por el camino.
«Fue un shock, lo viví como un cambio muy grande y aquello me marcó mucho», rememora a sus 46 años. A pesar de la distancia con su primer hogar, sus padres siempre la animaron a seguir explorando el mundo a través del aprendizaje.. Cada verano se marchaba a campamentos en el extranjero, e incluso pasó varios cursos escolares en Inglaterra y Francia. Aquellas estancias le permitieron aprender idiomas y conocer distintas culturas. «Cuando volvía a casa, llevaba regalos para mi familia. Era la típica prima que siempre estaba fuera», sonríe.
Fruto de su destreza con los idiomas, se decantó por estudiar Derecho Internacional en la L’école Européenne des Carrières Internationales de París (ISIT). La ciudad la cautivó desde el primer instante: sus calles, sus cafés, sus librerías… Todo parecía hecho a la medida de su curiosidad.
APASIONADA DEL ENTRETENIMIENTO
Después se mudó a Madrid, donde se instaló definitivamente, y continuó su formación con un Máster en Comercio Internacional por la Universidad Carlos III. Tras una primera experiencia en el panorama laboral en una empresa de comercio, finalmente nuestra protagonista decidió adentrarse en el sector del entretenimiento, y lo hizo de la mano de BocaBoca Producciones. «Entré en el Departamento de Adquisiciones de Formatos. Estudiaba diferentes negociaciones de derechos y licencias para programas de televisión», detalla segundos antes de recalcar que tuvo la fortuna de apoyar en el casting del presentador de Pasapalabra, donde el primer seleccionado fue Christian Gálvez.
Después de tres años en la productora, fichó por la francesa Gameloft, especializada en el desarrollo y la venta de videojuegos para ordenador, consola y teléfono. «Permanecí once años en la empresa, y me encargué principalmente de llevar la propiedad intelectual al sector interactivo. Al final, asumí el cargo de Global Licensing director y terminé llevando el departamento a nivel mundial. Trabajé para marcas como Disney o Marvel«, apunta satisfecha. Aunque solía trabajar desde Madrid, también tuvo que viajar con bastante frecuencia a París: «La temporada que pasé de niña en Francia, la etapa universitaria y los idiomas que había aprendido me vinieron genial para desenvolverme allí con naturalidad».
Más tarde, aterrizó en Grupo Mondia para encargarse de la distribución de juegos interactivos y contenido digital en Oriente Medio y África. Durante esta etapa, que duró unos cuatro años, siguió profundizando en el universo del entretenimiento, un sector que evolucionaba a gran velocidad y que exige combinar visión estratégica con creatividad. «Era un momento muy interesante porque la forma de consumir contenido estaba cambiando muchísimo. Los videojuegos y las plataformas digitales empezaban a ocupar un lugar cada vez más importante», explica.
CREAR SU PROPIO NEGOCIO
A raíz de la pandemia, decidió dar un paso que llevaba tiempo rondándole la cabeza: emprender su propio proyecto. Tras años trabajando para grandes compañías internacionales y gestionando licencias de marcas globales, sintió que había llegado el momento de aplicar toda esa experiencia en algo propio. Así nació MPB Licensing, la consultora que fundó hace cinco años con el objetivo de tender puentes entre distintas industrias y el sector interactivo.
«Trabajo con marcas, empresas y propietarios de contenidos que quieren aterrizar en el sector interactivo a través de los videojuegos. Por ejemplo, represento a la Pinacoteca Ambrosiana de Milán para llevar el códice de Leonardo da Vinci al sector interactivo. Estamos creando una experiencia de realidad virtual y una app para el museo», puntualiza. Otro de los proyectos que resalta es el videojuego del osito Paddington, lanzado por la plataforma Roblox.
Quizá, si mira hacia atrás, Michelle pueda comparar su andadura con un puente tendido entre orillas. Desde las playas luminosas de República Dominicana hasta las montañas tranquilas de Navarra, pasando por los bulevares de París y el ritmo incansable de Madrid, cada etapa ha ido dejando una huella imborrable en su manera de entender el mundo. Hoy, al frente de su propio negocio, sigue haciendo lo que más disfruta: unir culturas, ideas y personas. «El ámbito del gaming está en pleno crecimiento. De hecho, ya es una manera de socializar para las nuevas generaciones, que pasan mucho tiempo jugando. Mi misión es ayudar a las marcas a mantenerse culturalmente relevantes y encontrar nuevas formas de conectar con su respectivo público», concluye.
Esta entrevista forma parte de la Estrategia NEXT del Gobierno de Navarra.













