viernes, 19 julio 2019

Rafael Olleta, director general de un grupo muy especial

Rafael Olleta se suma a la lista de directivos de empresas que han pasado por esta sección, porque Rafael Olleta es el director general de un grupo de empresas. Pero es un grupo muy singular porque el 90% de sus empleados son personas con discapacidad: Aspace, que también presta servicios asistenciales a personas con parálisis cerebral.

Miguel Bidegain
Pamplona - 9 febrero, 2019

Rafael Olleta, director general de Aspace Navarra, en el centro que la Asociación tiene en el barrio de Iturrama de Pamplona.

Rafael Olleta, director general de Aspace Navarra, en el centro que la Asociación tiene en el barrio de Iturrama de Pamplona.

Rafael Olleta Ruiz está al frente de la Asociación Navarra de Ayuda a la Parálisis Cerebral, Aspace Navarra, desde 2011, “pero trabajo aquí desde 1985, llevo 33 años” comenta con una media sonrisa que le evita tener que decir que es mucho tiempo… o que ya hace unos años que dejó de ser joven. “He pasado por todo, empecé de voluntario y luego me ofrecieron ir a un pre-taller, porque soy maestro industrial, con jóvenes de 13 y 14 años. Estuve allí menos de un año y pasé a lo que fue el embrión del Centro Especial de Empleo de Zizur, comenzamos a hacer cosas como el montaje de porteros automáticos, cableados para coches… y Fernanda Esparza, que era entonces la directora, nos puso un reto: si facturábamos un millón de pesetas al mes tendríamos un Centro Especial de Empleo. En un par de meses lo habíamos conseguido y le dijimos que tenía que cumplir su palabra”.Aspace 3

Se montó en 1987, en una bajera del recién construido barrio de Azpilagaña, con 22 personas que cosían fundas para asientos del Volkswagen Polo y la Mercedes Vito. “Dimos un salto espectacular, pasamos a las 120 personas trabajando en dos turnos”, pero todo ese trabajo se deslocalizó, se lo llevaron a países emergentes “porque dijeron que nuestra mano de obra era cara, ya ves”. Lo mismo pasó con el montaje de pequeños aparatos electrodomésticos. Total que Aspace tuvo que buscarse la vida “porque éramos conscientes de que la persona que dejara un centro especial de empleo estaba condenada a la exclusión social, no iba a volver a trabajar nunca en el sistema productivo”.

“Podría presumir y decir que cuando montamos Ecointegra aquello fue fruto de una reflexión estratégica, pero de eso nada, no sabíamos en qué nos metíamos”.

“Tuvimos que hacer una reconversión durísima”, recuerda Rafael Olleta, tantearon el sector servicios y la asociación se hizo cargo de la gestión del albergue de Lekaroz,  y también puso en marcha una lavandería industrial. Además, Cáritas les cedió el taller que tenía en la calle San Antón donde se reparaban pequeños electrodomésticos, “y pensamos que ya que estábamos ensamblándolos para Ufesa y reparándolos, igual también podíamos reciclarlos. Nos informamos y nos dijeron que lo que se necesitaba era reciclar frigoríficos, así que fuimos a por el proyecto con el asesoramiento de AIN y así nació la planta de Ecointegra en Aoiz”.

Se echa a reír y confiesa que “no sabíamos en qué nos estábamos metiendo, podría presumir y decir que aquello fue fruto de una reflexión estratégica, pero de eso nada. Contactamos con un grupo italiano que tenía una delegación en Mondragón y ellos nos ayudaron a  orientamos”. Pero al hacer la suma vieron con desánimo que necesitaban 6 millones de euros, “pensamos que era imposible reunirlos y aunque recibimos ofertas de otras empresas para hacer una sociedad anónima decidimos que no, que había que hacerlo como una fundación sin ánimo de lucro”. Era el año 2006, “entonces éramos ricos, ¿te acuerdas?”, y Aspace se propuso buscar la mitad del dinero en subvenciones “porque los otros 3 millones saldrían del resto de actividades de la asociación”. Una vez más lo consiguieron.

NO DESPEDIR A NADIEAspace 4

Tras unos inicios muy buenos llegó la crisis y con ella nuevas dificultades y problemas para Aspace.  “Damos mucha importancia al mantenimiento de los puestos de trabajo y la crisis nos hizo un daño terrible, lo pasamos muy mal, como toda la industria, vaya. Nos pusimos el objetivo de no despedir a nadie y para conseguirlo los trabajadores se tuvieron que bajar el sueldo, y nosotros hicimos aportaciones desde la Asociación para no caer en la suspensión de pagos por lo que decía antes, porque pensábamos que las personas a las que despidiésemos se iban directamente a la exclusión social”. Rafael Olleta se queda un momento pensativo, serio, quizá rememorando la dureza de esa situación, y sus siguientes palabras lo confirman: “Peleamos muchísimo, muchísimo…”

“Intentamos que el empleo les sirva para que después ellos puedan desarrollar un proyecto de vida independiente y autónoma e integrada en la sociedad”.

Aprovechamos su nuevo silencio para hacerle una pregunta en la hablamos de personas discapacitadas y nos aclara que, mejor, “personas con discapacidad, ahora todos estamos un poco susceptibles con el lenguaje”. Nos explica didácticamente, de forma que no suena a reproche, que sí, que son discapacitados, “pero primero son personas”, y que “cuando empezamos con lo de la diversidad funcional y todo eso, dicen: dejaros ya de tanto rollo, dame mis derechos, dame oportunidades, permíteme que me desarrolle y dejad de cambiarnos el nombre cada día. Porque mucho cambio de nombre y aquí seguimos, que no se cumple el 2% en las empresas, que no se reservan las plazas en la administración… que no se cumple ninguna ley”. Rafael hace un gesto que podría ser de impaciencia y sigue: “Es que, el otro día, incluso los ciegos, nos pedían que no les llamásemos invidentes, que somos ciegos, qué problema hay en que nos digáis lo que somos, ciegos, lo que sí queremos es que nos permitáis integrarnos en la sociedad, lo demás es que nos da exactamente igual. Y es que es así”. Le comentamos las dificultades que los periodistas tenemos para ajustarnos a las reglas del lenguaje de género, de lo políticamente correcto, y asiente solidariamente, “escribas como escribas, siempre va a haber alguno que se mosquee”.

“Nuestra verdadera labor es dar empleo a personas con discapacidad, vienen buscando un empleo y tenemos que darles el que puedan desarrollar. Si tiene una hemiplejia hay que buscarle algo que pueda hacer con esa hemiplejia, e igual si es una discapacidad intelectual o una parálisis cerebral. Intentamos que el empleo les sirva para que después ellos puedan desarrollar un proyecto de vida independiente y autónoma e integrada en la sociedad”. Y si no es posible, ahí está Aspace con sus profesionales y voluntarios para ofrecerles itinerarios de vida alternativos: “Hay gente que llega hasta lo ocupacional y ahí se queda, otros van hasta el empleo y algunos pasan a empresas normalizadas, o están en el centro de día, en una residencia”.

Aspace 2CAMBIOS ENORMES

Aspace ya ha cumplido 50 años, Rafael Olleta no ha estado todo ese tiempo pero sí el suficiente como para percibir “el enorme cambio” de la sociedad hacia el colectivo de personas con discapacidad, un ejemplo sería la supresión de las barreras arquitectónicas, “ahora hablamos de accesibilidad”, y también habla de las innovaciones que facilitan su vida, como las sillas de ruedas eléctricas, que les dota de autonomía para moverse, “y el otro gran invento fue el ordenador, internet, las redes sociales, porque permite hablar a personas que no pueden hacerlo aunque pueden pensar, eso es otro mundo”.  Pero, sobre todo, ha cambiado la forma de considerarles, de mirarles, en el mejor de los casos, con compasión, a verlos como personas con derechos. Y con deberes, claro.

“Lo que pienso ahora está condicionado por lo que he vivido con ellos y ellas, me han enseñado a no tener prisa, a saber valorar el momento y no estar pendiente de si me suena o no el móvil”

Tratamos de conocer algo más de la trayectoria de Rafael Olleta, pero continuamente vuelve a hablar “de las chicas y los chicos”. Por ejemplo, le preguntamos si la convivencia con ellos le ha cambiado y nos dice que mucho, “lo que pienso ahora está condicionado por lo que he vivido con ellos y ellas, me han enseñado a no tener prisa, a saber valorar el momento y no estar pendiente de si me suena o no me suena el móvil, es que por buscar los grandes momentos que no suelen llegar te pierdes los pequeños”.  Pero enseguida añade que “si alguien nos viera cuando estamos aquí nos tendría envidia, somos mucho más felices de lo que la gente piensa, tienen una capacidad de hacer de cualquier cosa una fiesta, un momento de alegría. Yo suelo decirles, la fiesta ya la tenéis, ahora buscaros una excusa”.

Terminamos la conversación y le pedimos que pose para las fotografías, y nos pide que se las hagamos “junto a ellos”. Así que vamos a la residencia y nos reciben -bueno, reciben a “Rafa”- con sinceras muestras de alegría que rápidamente se transforman en bromas, con intercambio de acusaciones de feos que nos hacen reír a todos. Al marcharnos nos dice que “ya los ves, con todas sus dificultades y una sonrisa del patín, eso hace que te cuestiones muchas cosas”, y se queda en la puerta recibiendo a residentes que regresan tras dar una vuelta con los voluntarios.

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