jueves, 12 diciembre 2019

Sobran las palabras. Faltan las preguntas

El experto analiza la realidad de las empresas en la actualidad, como organizaciones vivas y dinámicas cuyo motor de crecimiento no son las frases hechas con vocación de retuit, sino las inquietudes, preguntas y cuestionamientos constantes que deben poner en solfa su día a día y su futuro.

Redacción
Pamplona - 14 noviembre, 2019

Nunca como hoy el mundo de la empresa ha sido tan estudiado, diseccionado, analizado, radiografiado, sicoanalizado y puesto en terapia permanente, como si estuviera en constante crisis o, quizá sea más exacto decir, como si nunca antes hubiese tenido tanta importancia. Y no le falta razón al argumento. La empresa y su derivada directa, la economía, están protagonizando la auténtica revolución de este mundo global en el que estamos.

La política (siento decirlo en el escenario actual) cada vez es menos capaz de generar nuevos y mejores tipos de sociedad, aunque más de estropear la ilusión y las esperanzas que nos llegan por otros caminos. Hoy, la empresa ostenta el poder, aunque no ocupe ningún escaño (¿o sí?). Y la economía, con sus “asociados” (dinero, trabajo, mercado…), condiciona en buena medida nuestras vidas.

Pues bien, la empresa como organización es disculpa para la proliferación de una terminología tan abundante como reiterativa, tan enrevesada como innecesaria, tan cool como ornamental. No seré yo, que a la postre me dedico a enseñar estas “cosas”, quien dude de su valor científico para nombrar aspectos concretos del funcionamiento de la estructura de una organización empresarial. Pero me temo que no siempre la evidente complejidad del objeto analizado se entiende mejor haciendo también complicado el lenguaje que lo explica e interpreta.

Veamos: misión, estrategia, cultura, visión, valores, core business, liderazgo, empowerment, Y la última en llegar, propósito, son apenas una pincelada del largo listado de expresiones que debemos dominar para ser admitidos, siquiera como oyentes, en el mundo del management, la gestión, las startups, etc. Y hay de ti como las confundas y donde debías decir branding dices (¡qué vulgaridad!) marca.

Convendremos en que una empresa es una organización que utiliza y coordina recursos humanos y materiales para proveer de productos y servicios a la sociedad de manera rentable. Esta podría ser una definición general que no pone el foco en ningún matiz, sino en el concepto más aséptico de la misma. La “ristra” de términos con los que se puede adornar el casi infinito conglomerado de aspectos que reflejan la realidad y el funcionamiento de una empresa —insisto—pueden ser necesarios. Pero, al final, lo importante no son las palabras que intentan responder y definir, sino las preguntas que buscan cuestionar para avanzar.

En una empresa, creo, hay apenas tres preguntas que hacerse de manera permanente: qué, para qué y cómo.

La primera cuestión a responder es qué soy como organización, cuál es mi auténtica identidad, qué filosofía me mueve, qué me define, qué transmito y qué es percibido en el exterior. Es un qué en formato DNI, con el logo de la empresa.

La segunda obliga a plantearse el para qué, el objetivo, la finalidad, lo que se busca con ese “empleo de recursos humanos y materiales para proveer a la sociedad de productos o servicios de manera rentable”. ¿Lo hace la empresa –yo, como empresario—por los beneficios, por un cierto “deber” social, por un afán de expansión, por reconocimiento…?

Y, por último, el cómo, es decir, la metodología, la estrategia, la fórmula que en la empresa se aplica para ser fiel al qué y alcanzar el para qué.

Las palabras suelen tener vocación de estabilidad. Una vez acordada la misión, la estrategia… ahí quedan, con la obligación de durar en el tiempo y el destino frecuente de ir perdiendo su sentido original. Google acuñó como misión “organizar la información del mundo y lograr que sea útil y accesible para todos”. Pero Google hoy no es más que una rama –la más importante— de su matriz Alphabet. cuyo CEO, Larry Page, intuye que tiene la misión de “… hacer cosas más ambiciosas, mirar a largo plazo, empoderar a grandes emprendedores y empresas para que prosperen, invertir a la escala de las oportunidades y recursos que vemos, hacer mejor lo que hacemos… Y con suerte, como resultado de todo esto, mejorar la vida de tantas personas como podamos”.

Vale como declaración de intenciones, que eso es la misión que aparece en los manuales de identidad, pero seguro que a alguien con la experiencia de Larry Page lo que le ocupa son las preguntas que a diario deberá hacerse para responder a tales expectativas.

En resumen, entiendo que una empresa es algo vivo y dinámico, cuyo motor de crecimiento no son las frases hechas con vocación de retuit, sino las inquietudes, preguntas y cuestionamientos constantes que deben poner en solfa su día a día y su futuro.

Javier Ongay

Consultor de Comunicación y Marketing.

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