Catorce cajas, diez pares de baquetas, veinte micrófonos, tres bombos, un teclado, un bajo y unos quince platos. El estudio de grabación de Iñaki Markotegi está "equipado para lo que sea". Las paredes, cubiertas de paneles que él mismo ha elaborado e instalado, no solo aíslan el sonido, también cuentan historia. La suya. "Cuando era pequeño, solía solía decir que de mayor me dedicaría a la música. Al principio, la gente no me tomaba muy en serio, tal vez todos pensaban que se me pasaría. Pero no fue así. Al final, a base de trabajo y esfuerzo, lo he logrado", resalta a sus 32 años. 

Una imagen de niño vestido de Sanfermines mientras toca el tambor decora el fondo de pantalla de su móvil. "Ese soy yo, con cinco años y más entusiasmo que técnica. Ahí empezó todo, aunque todavía nadie lo sospechara", apostilla mostrando la foto con cierto orgullo. Así comenzó su formación como percusionista en la Escuela de Música de Tafalla y, más tarde, se trasladó al Conservatorio Profesional Pablo Sarasate de Pamplona. Posteriormente, amplió sus estudios con el Grado Medio de Enseñanzas Profesionales en Música. "Uno nunca termina de aprender", reconoce segundos antes de recalcar que hoy continúa recibiendo clases. Desde hace un tiempo, es José Bruno, el batería de Leiva, quien se encarga de "pulir" su técnica.

EMPRENDER DESDE UNA ZONA RURAL

Hace cinco años, Iñaki decidió montar su propio estudio de grabación. Una aventura que comenzó con una puesta en escena simple: "Me empecé a grabar con una mesa de mezclas y un portátil que ni siquiera era mío". A raíz de ahí, asistió a cursos de producción, se hizo con un equipo de música y germinó en su cabeza la idea de conseguir un espacio propio donde dejar volar su creatividad. El garaje de la casa de sus padres, ubicada en Berbinzana, fue un buen lugar para empezar a "cacharrear". Una pared por aquí, una puerta por allá… "Compré materiales de todo tipo. Fue un proceso largo, pero divertido", narra al tiempo que contempla satisfecho la acogedora habitación donde pasa horas ensayando, entre baquetas y micrófonos.

"Después de trabajar un tiempo por cuenta ajena, decidí darme de alta como autónomo. Ahora ofrezco mis servicios de forma integral y profesional. Puedo producir, grabar, mezclar y masterizar canciones", detalla. Recientemente, ha grabado un disco para un artista de Artajona y varias secuencias de batería para un grupo de Zaragoza. "También han venido Kutxi Romero y 'el Piñas', de Marea", agrega.

En su estudio de música, Iñaki produce, mezcla y masteriza todo tipo de canciones.

En su estudio de música, el joven de 32 años produce, mezcla y masteriza todo tipo de canciones.

En el pueblo, los vecinos le conocen como "el músico". Y se sienten agradecidos por escuchar el ba dum tss que escapa a todas horas de su casa. Lejos de molestar, ese ritmo constante se ha convertido en parte del paisaje sonoro de la localidad. "Aquí, en Berbinzana, nadie se sorprende de que esté viviendo de la música. Me recuerdan de niño, embobado con las txarangas. En vez de prestar atención a los gigantes, siempre miraba al del tambor", rememora. 

TOCAR AL SON DE LOS PUEBLOS

De vez en cuando, Iñaki toca en pueblos de Navarra, Aragón y La Rioja. Acompañado de gaitas y trombones, recorre lugares de aquí y de allá "abarrotando todo de un ambiente festivo". Y, aunque su estilo favorito es el rock, lo cierto es que toca "lo que le piden". "¡Incluso Bad Bunny!", exclama ahora que el artista puertorriqueño ha anunciado su gira por España.

De entre los infinitos momentos que atesora en la memoria, hay uno que guarda con especial cariño. Cuando realizó cursos de producción, tuvo "la suerte de coincidir" con Luca Germini, el productor de Melendi. "Un día estuve comiendo con él. ¡La verdad es que tengo anécdotas para escribir un libro!", concluye entre carcajadas.