El viento susurra historias del pasado mientras golpea con fuerza las murallas. Arriba, en lo alto del cerro, las piedras del Cerco resisten como si todavía esperaran un ataque enemigo. Es el año 1145 (o podría serlo) y un centinela vigila el paraje desde uno de los catorce torreones que dibujan el perfil de Artajona. Dentro del recinto, la vida se organiza con precisión. Todo está en su lugar, especialmente el anhelado agua en esta tierra de baja pluviometría. Por eso, en el corazón del conjunto, la iglesia-fortaleza gótica de San Saturnino no es solo un templo: es supervivencia. Su tejado, extraño e invertido, recoge cada gota de lluvia como si fuera oro líquido. Las lajas de piedra simulan una cola de dragón y canalizan el agua hacia las gárgolas y, de ahí, al aljibe subterráneo, capaz de almacenar hasta 83.000 litros.

Artajona es un pueblo singular. Entre los años 1150 y 1158, fue incluso un reino. Un suspiro en la historia, pero suficiente para levantar una fortificación digna de una capital. Las piedras aún recuerdan aquella época: la torre prismática del siglo XIV, las mazmorras en su base, la portada gótica con doce arquivoltas narrando martirios y reyes… Incluso hoy, siglos después, hay casas habitadas dentro del recinto. Construcciones que incorporan torres, muros que fueron defensa y ahora son hogar.

Y entonces, la escena se detiene. "Imaginaos esto lleno de gente, con un movimiento constante y la necesidad de sobrevivir aquí dentro", explica entusiasmado Eneko Ventas a un grupo de turistas . Este artajonés de 23 años conoce cada piedra como si formara parte de su biografía. En cierto modo, lo hace. Estudió Historia y Patrimonio en la Universidad Pública de Navarra (UPNA), cursó un máster en Profesorado de Educación Secundaria, se especializó en mediación cultural y ahora compagina un máster en Archivística con una responsabilidad poco habitual para su edad: gestionar el servicio turístico del Cerco de Artajona.

Desde hace un año, transforma esas escenas medievales en una experiencia tangible. A través de su empresa, Descubre Artajona, ha dado forma a una gestión integral del conjunto. Por un lado, recibe al visitante en el punto de información turística, orienta, recomienda y organiza. Por otro, realiza visitas a la iglesia de San Saturnino, rutas guiadas por el Cerco, la basílica o la ermita de la Virgen de Jerusalén. Pero su planteamiento va más allá de repetir fechas y datos: "La mediación cultural no es soltar una retahíla de historia. Es conseguir que la gente entienda lo que está viendo y lo disfrute".

UNA SEMANA SANTA DE RÉCORD

Esa idea es la que también le ha llevado a estructurar una segunda línea de trabajo enfocada en la gestión de grupos: asociaciones, agencias de viajes o colectivos que buscan algo más que una visita aislada. Para ellos ha diseñado un circuito cultural que conecta Artajona con Olite y Ujué, tres enclaves fundamentales para comprender en conjunto la Zona Media de Navarra.

Ventas estudió Historia y Patrimonio en la Universidad Pública de Navarra y ahora cursa un máster en archivística.

Ventas estudió Historia y Patrimonio en la Universidad Pública de Navarra y ahora cursa un máster en Archivística.

En este sentido, el público es variado, aunque el navarro detecta algunos patrones. Grupos organizados, especialmente de personas mayores, y particulares que superan los 55 o 60 años. Pero el Cerco, abierto y vivo, recibe a todo tipo de perfiles, también escolares. Eneko ha aprovechado su máster en Educación Secundaria para adaptar las visitas a los más pequeños, utilizando el recinto como herramienta educativa para enseñar la Edad Media desde el propio escenario donde ocurrió. Porque, en el fondo, su vocación sigue siendo la enseñanza. "Ser guía turístico no era la salida que tenía prevista, pero siempre me ha gustado hablar en público, enseñar. Y esta es otra forma de hacerlo", resalta.

Precisamente, su trabajo empieza a dar fruto. En esta última Semana Santa, sin el lastre de la lluvia, superó con creces los números del año anterior. Y es que atendió a unas mil personas. Es más, el sábado por la mañana ya había alcanzado las cifras de 2025: "Me encanta transmitir el valor del patrimonio, la historia y la cultura a los visitantes. Al final, disfruto haciendo visitas guiadas y espero que aquellos que me escuchan puedan hacerlo también conmigo".