Era un día nublado de otoño. El rugido del viento que agitaba las ramas se mezclaba con el tintineo constante de la lluvia al caer sobre los charcos. Ajena al temporal, una aldea repleta de vida se escondía entre la maleza. Sus casas eran calabazas; las farolas, bellotas; y sus habitantes, ratones. Al mismo tiempo, el humo que se alzaba hacia el cielo anunciaba que el fuego ya calentaba los hogares de los pequeños animales. Esta bucólica escena digna de un cuento es parte del universo que refleja la artista Inna Edson, de 35 años, en sus ilustraciones.
De pequeña, soñaba con ser médica, pero pronto descubrió su vocación artística, por lo que durante muchos años se dedicó a ser directora de teatro en su Rusia natal. Un día, las fotografías de un usuario de internet llamaron su atención y, tras muchas conversaciones cautivadoras sobre arte y dibujo, se enamoró de Wilmer, el chico que estaba detrás de la cámara.

La joven artista administra su tienda 'online' desde casa y ya ha enviado pedidos a más de 41 países.
Su amor por él le llevó a mudarse a Pamplona hace más de seis años, concretamente al barrio de la Rochapea. Sin embargo, su conexión con la naturaleza explica de alguna forma que sueñe con vivir en el campo. "La naturaleza es mi inspiración, me da paz. Navarra es una región increíble, cada semana voy un día al monte, ya es una tradición. En mi cabeza imagino a pequeños animales viviendo en el bosque y eso me ayuda a hacer mis dibujos", explica Inna a Navarra Capital.
EL DESPERTAR DE SU ARTE
Su afán por dibujar surgió gracias a una amiga, que en 2015 le animó a dar el paso: "Tenía miedo, pero una vez comencé ya no pude detenerme. Sentía la necesidad de expresarme, había algo en mi mano que no me permitía parar de crear". Y eso que los comienzos fueron complicados. "Tenía una idea en mi cabeza, pero no la experiencia necesaria. Practicaba día tras día y hace solo dos años que realmente disfruto del resultado de mi trabajo", precisa para puntualizar acto seguido que sus primeras obras estaban realizadas con acuarelas, pero ahora mezcla las témperas con lápices y trazos realizados digitalmente.
Practicaba día tras día, pero hace solo dos años que realmente disfruto del resultado de mi trabajo
Cuando llegó a España, la inseguridad que sentía con el idioma y el hecho de no tener demasiados conocidos en la ciudad le llevaron a convertir su casa en un refugio. Inna buscaba algo que le permitiera compartir su arte y encontró una plataforma donde vender sus productos.
En aquel momento, decidió darse a conocer en las redes sociales, donde ya cuenta con más de 43.000 seguidores en Instagram. La ilustradora todavía recuerda que, con el primer dinero que ganó, fue a una copistería y encargó unas postales para sus clientes más fieles, la familia de su marido: "Gracias a su apoyo, todo fue rodado".
TIENDA 'ONLINE'
Cinco años después, es autónoma y se dedica a tiempo completo a su pasión. Administra su tienda online desde casa y ya ha enviado pedidos a más de 41 países. "Poder compartir mi trabajo con personas de todo el mundo es increíble. Algún día quiero señalar en un mapa los lugares en los que está viviendo mi arte. Me hace sentir que hago algo bueno para los demás", reflexiona emocionada mientras su mirada se pierde a través de la ventana.
"Algún día quiero señalar en un mapa todos los lugares en los que está viviendo mi arte. Me hace sentir que hago algo bueno para los demás"
Seguir el trabajo de mujeres artistas a través de las redes sociales también le inspira: "Me conmueven las personas que pueden cumplir sus sueños". Y adora las tiendas de segunda mano. De hecho, su pasatiempo preferido es observar aquellos objetos que desprenden historia, con los que uno se puede transportar a otra época. "Me siento más cómoda cuando veo una mesa antigua y puedo imaginarme a la familia que fue feliz comiendo en ella", apunta la joven.
Pero en abril de 2022 tuvo una crisis artística, que le obligó a replantearse el objetivo de su trabajo. Ese periodo de reflexión desembocó en una conclusión clara: se centraría en representar su vida ideal. "Me pregunté cuáles eran mis sueños o cómo imaginaba mi vida perfecta. Descubrí que quería una casa, una familia, vivir en armonía con los animales y la naturaleza. Así surgieron mis ilustraciones", detalla.
EL PROCESO CREATIVO
Desde que Inna esboza una idea, solo pasan unas horas hasta que se materializa en el papel. "No tengo mucha paciencia, cuando me siento muy inspirada necesito dibujar y plasmar todo lo que tengo en mi cabeza. A veces, me surge una idea por la noche y tengo que esforzarme para aguantar hasta la mañana siguiente", reconoce entre risas.
Su sueño es ilustrar libros infantiles y vender sus obras en tiendas de Pamplona
Esta celeridad le permite hacer frente a todos los pedidos que recibe, tanto de particulares como de tiendas ubicadas alrededor del mundo: "Realizo productos personalizados, como en el caso de la dueña de una marca infantil en Estados Unidos que me contactó para encargarme pegatinas y tarjetas para su negocio".

En abril de 2022 tuvo una crisis artística, tras la que decidió representar en sus dibujos su vida ideal.
Durante el último trimestre, los pedidos están asegurados. La época más fuerte del año es Navidad, fiestas en las que también crea miniaturas de cerámica o adornos para colgar en el árbol. "Empiezo a trabajar en los diseños en agosto. Tengo una categoría especial dedicada a estas fechas, ya que es una época en la que las personas buscan sentirse en un mundo mágico", apostilla.
A pesar de lo agradecida que se siente, su gran sueño es ilustrar libros infantiles. Inna se siente preparada para afrontar retos más altos y aspira a vender sus obras en tiendas de Pamplona con el objetivo de acceder a más clientes. Su próximo proyecto será un calendario con doce ilustraciones para 2025.
