viernes, 20 octubre 2017

luis-sarratoHace unos días asistíamos atónitos a un espectáculo bochornoso, que lamentablemente se une a otros muchos que vienen ocupando páginas y páginas de los diarios de tirada nacional. Me refiero a la detención de Luis Pineda y Miguel Bernad.

El primero, presidente de Ausbanc, ha protagonizado uno de los mayores escándalos que salpican al sector empresarial en general y al bancario en especial; y el segundo, secretario general del mal llamado “sindicato” Manos Limpias, quien tuvo el dominio total y completo de una trama criminal dedicada a extorsionar empresarios y banqueros. Así, la operación Nelson rompía por fin la pecera en la que nadaban con absoluta impunidad esos dos personajes. Sucede que las aguas no eran cristalinas, sino turbias.

Según la información judicial, Pineda utilizaba sus publicaciones para recaudar publicidad de la mayoría de los bancos, y lo hacía a cambio de no publicar información negativa de dichas entidades. Presuntamente, tampoco le dolieron prendas en llegar al chantaje directo con las denuncias presentadas por Manos Limpias. Pero ante todo, Pineda se presentaba como un férreo defensor de los derechos de los más desfavorecidos. Nada más lejos de la realidad.

Pues bien, este caso me permite algunas reflexiones que estoy convencido resultarán incómodas. Parece ser que medio mundo era conocedor de las malas artes y del peculiar modus operandi del conocido dirigente de Ausbanc. Y era notorio que el personaje se jactaba de codearse con destacadas personalidades del mundo empresarial, bancario y judicial. Sinceramente, llama la atención que un individuo haya sido capaz durante muchos años de amedrentar a un sector tan poderoso como es la banca. Y que el silencio se haya impuesto durante tanto tiempo. Lo que causa estupor no es únicamente que el hecho delictivo se haya prolongado impunemente a lo largo de los años, sin la intervención de la justicia hasta ahora, sino que el silencio haya sido la consigna a seguir ante la extorsión continuada. Sin embargo, era un secreto a voces.

Ausbanc también recibió subvenciones en tanto que entidad “sin ánimo de lucro”. De locos. Entretanto, financiaba y utilizaba a Manos Limpias para conseguir dinero a cambio de retirar acusaciones, como en el caso de los ERE o en el caso Palma. Tampoco ninguna Administración pública se percató de lo que verdaderamente estaba detrás. Ni la Fiscalía ni el Poder Judicial sabían nada. Incluso hubo jueces que colaboraron en actividades formativas de Ausbanc. Sin perjuicio de que dichas actividades puedan ser compatibles –lo que creo debiera revisarse seriamente-, tampoco el timbre de alarma llegó a sonar. A la vista de este escandaloso caso, sigo perplejo y sorprendido de que en un Estado de Derecho como es el nuestro puedan suceder cosas así, teniendo en cuenta de a quienes se ha estado extorsionando.

Casos como el de Ausbanc ayudan a que la percepción de la corrupción aumente, aunque no necesariamente ésta se haya incrementado. Por ello, ha llegado el momento de que las empresas y los poderes públicos tomen buena nota de lo sucedido y, aplicando sus propios códigos éticos, denuncien sin miramientos este tipo de prácticas abusivas si volvieran a producirse. Y que la justicia actúe. Hay que acabar con esta lacra.

Luis Sarrato Martínez 
Abogado especialista en Derecho Administrativo y Doctor en Derecho.

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