lunes, 22 mayo 2017

mediacionsistemica_mini2Al ser humano le gusta mucho celebrar. Necesitamos tener fechas marcadas en rojo en el calendario que nos hagan recordar los acontecimientos importantes. Para mí el jueves 21 fue una de esas fechas significativas. Celebramos el día europeo de la mediación.

El fundamento de esta celebración es que ese día de 1998, el Comité de Ministros del Consejo de Europa materializó, en la Recomendación nº R(98)1 sobre mediación familiar, la necesidad de instituir, promover y reforzar la mediación como un eficaz procedimiento de resolución de conflictos. Este Documento crucial, junto con la Directiva Europea 2008/52/CE, sobre Mediación en Asuntos Civiles y Mercantiles traspuesta a través de la Ley 5/2012, de 6 de julio, de Mediación en Asuntos Civiles y Mercantiles, ha permitido el impulso de la mediación en España.

¿Y por qué es necesario impulsar la mediación? Porque se trata de una forma distinta de solucionar nuestras diferencias que va más allá de las ofrecidas por los juzgados u otros estamentos oficiales que, por desgracia, todavía no es suficientemente conocida.  Tradicionalmente, cuando ya no somos capaces de resolver un problema con otra persona lo delegamos en un tercero y llamamos a nuestro abogado para que, a través de una demanda o una denuncia, defienda nuestros intereses. Se inicia así un proceso judicial en el que invertiremos mucho tiempo, energía y dinero hasta que concluya con la esperada sentencia. Unas veces se gana y otra se pierde, pero ¿realmente una sentencia nos ofrece la solución satisfactoria que esperábamos? En ocasiones sí, pero en otras muchas la solución jurídica no logra dar respuesta a todas las cuestiones que integran el conflicto ya que, normalmente, las cuestiones emocionales, personales, familiares, que subyacen de fondo difícilmente son resueltas en una sentencia.

A veces no resulta conveniente iniciar un procedimiento judicial. Por eso, en aquellos asuntos de derecho disponible y cuando la relación entre los afectados deba continuar en un futuro, la mediación ha demostrado ser un proceso eficaz resolviendo conflictos, con consecuencias positivas para las personas involucradas y su entorno. Porque ofrece la posibilidad de adoptar acuerdos innovadores y creativos frente al encorsetamiento de la norma. Asimismo, por su carácter colaborativo, favorece el encuentro personal de los intervinientes, quienes dejando atrás sus posiciones, pasan a descubrir sus intereses y necesidades logrando acuerdos parciales o totales. La mediación proporciona un espacio diferenciado de encuentro para la reflexión, la comunicación, la asunción de responsabilidades y la toma de decisiones. La ayuda de un tercero imparcial y neutral, el mediador, con una formación específica que facilita la empatía y la escucha activa, permite descubrir, más allá de las posiciones relatadas en la historia inicial, aquellos intereses y necesidades que permanecen ocultos, y que cuando salen a la luz desembocan en acuerdos satisfactorios.

¿Y qué es la mediación? La Ley 5/2012, de 6 de julio, de Mediación en asuntos Civiles y Mercantiles la define como: “aquel medio de solución de controversias, cualquiera que sea su denominación, en que dos o más partes intentan voluntariamente alcanzar por sí mismas un acuerdo con la intervención de un mediador”. A tenor de esta definición que hace la ley, cabe destacar que la responsabilidad recae en las partes. Ya no delegan. Son ellas las protagonistas activas del proceso y, ayudadas por un tercero, el mediador, serán capaces de alcanzar un acuerdo satisfactorio que una vez firmado y elevado a Escritura Pública, gozará de la misma fuerza ejecutiva que una sentencia judicial.

Como dice Eric Green, mediador estadounidense, “la utilización de la mediación y de otros métodos alternativos es solo el inicio de una nueva etapa para la Humanidad: primero fue la venganza, la violencia a mano armada y la ley del más fuerte; luego llegó la civilización y la decisión a través de un juez mediante procesos rígidos y estatales; se asoma ahora una tercera etapa donde serán las partes quienes mantendrán en su poder el control de la resolución de sus conflictos asistidos por terceros idóneos y facilitadores preparados en diferentes técnicas”.

Hoy hace falta conocer que existe otra forma de prevenir, gestionar y resolver las discrepancias o dificultades con un tercero de manera dialogada y pacífica, salvaguardando las relaciones futuras. Hace falta que las instituciones impulsen la mediación como reflejo de que algo está cambiando en la sociedad, del hartazgo hacia lo existente y de la necesidad de hacer las cosas de otro modo. Hace falta, en fin, que la  mediación ocupe su lugar como complemento a la vía judicial.

Quiero animar a todos los que han llegado hasta aquí a que valoren esta opción e intenten enfrentar de este modo ese asunto que ahora les preocupa. Quiero que sepan que todo problema tiene mediación.

 

Elena Sarasa Villaverde
Abogada y Mediadora
Socia Fundadora de Mediación Navarra

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