lunes, 23 abril 2018

Las damas del Xabier

Aurora Laborda y María José Guindano, madre e hija, se han tenido que poner, sin quererlo, al frente del Hotel Restaurante Xabier, que cumple 40 años a manos de los Guindano.

Yosune Villanueva
Javier - 17 junio, 2017

Las Damas de Xabier

Aurora Laborda y María José Guindano. FOTOGRAFÍAS: Víctor Rodrigo.

El lugar no puede ser más privilegiado. Entre los montes y caminos de peregrinación. No en vano, aquí nació el santo navarro por excelencia, San Francisco de Javier, patrón de Navarra, de las misiones y del turismo.

Llegamos al Hotel Restaurante Xabier un día entre semana relativamente tranquilo, pero nos advierten que “aquí nunca se sabe, de repente tienes poca gente y en media hora te llega una excursión, sin avisar, y necesita atención”. Y así lo íbamos a comprobar…

Aurora ha ido a cambiarse de ropa, mientras su hija nos intenta contar la historia de este emblemático hotel, sentada en el Salón María Azpilucueta: “Esto se inauguró en 1945 como Casa de Ejercicios y a comienzos de los años 60 lo cogió un matrimonio del pueblo como hospediría. Aquí empezó mi padre, que prestaba servicios a esos antiguos dueños y que, como no tenían hijos, le ofrecieron tomar las riendas del negocio cuando se jubilaron en 1977. Justo entonces conoció a mi madre, se casaron y lo refundaron”. María José se emociona y tenemos que parar “pero es mejor que te lo cuente yo, sino, mi madre lo pasará peor recordando”. Hace 9 meses falleció su padre, José María Guindano, toda una institución en Javier, en Navarra y en el mundo de la hostelería. Él ha sido la cabeza visible de este negocio que en mayo ha cumplido 40 años.

Hace 9 meses falleció José María Guindano, toda una institución en Javier, en Navarra y en el mundo de la hostelería. Su esposa y una de sus hijas han quedado al frente del ‘décimo de sus hijos’: el Hotel Restaurante Xabier.

Pero no hay ocasión para recordar, porque hoy tiene fiesta la mano derecha de María José y nos interrumpen varias veces. Un grupo de 35 asiáticos afincados en Estados Unidos a quienes hay que preparar bocadillos y ella debe hacer de traductora; después, una empleada pregunta por algo; proveedores que llegan; un cliente que le pide un servicio especial; otro que ha perdido toda su documentación… Mientras estamos solos, varios turistas pasan a hacer fotografías de este salón, donde se exponen muchas obras de arte: Aizcorbe, Ciriza, Zacarías Pellicer…

¿Siempre es así? “No siempre, hay días más tranquilos. Pero ha empezado el buen tiempo y…” María José vuelve a levantarse y a atender a todo el mundo con una paciencia envidiable. Se ha levantado ya 10 veces de la mesa en la que nos encontramos, pero no ha perdido ni la calma, ni la sonrisa, eso sí, pide disculpas cada vez que regresa.

Se nota que lleva en la sangre este lugar: “Somos 9 hermanos y nos hemos criado aquí hasta hace unos años que hicimos casa en el pueblo. Siempre vivimos en el hotel, así que hemos ayudado desde que tenemos uso de razón”. A pesar de ello, todos se dedican a otras profesiones, solo ella estudió Dirección de Hotel con la idea de ayudar en el negocio familiar: “Uno de mis hermanos pequeños está estudiando Marketing y quizás trabaje aquí, pero ya tendrá tiempo de decidir”.

UN PROYECTO DE FAMILIA

Nos vuelven a interrumpir por enésima vez, se marcha y, entonces, llega Aurora. Una mujer bella, con esa elegancia innata que pocos tienen la suerte de poseer. Es muy alta y, aunque se empeña en decir que es normal, impone. Es evidente que ha sido la mano fuerte que ha dirigido en la sombra el hotel Xabier desde 1977,  cuando con 17 años y perdidamente enamorada de un navarro, decidió con él quedarse con el hotel, casarse y formar aquí su familia: “Yo soy de Zaragoza y había venido a trabajar un verano a un camping donde José Mari daba servicios extra de hostelería, como lo hacía en este hotel, nos enamoramos y ya no me marché de aquí”. Ella también se emociona al recordar… Sin embargo, muestra una impresionante entereza, la que, intuyo, le ha ayudado a regentar con firmeza este hotel durante 40 años.

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“Mi marido era el alma de todo esto, el referente, tenía una visión increíble. Siempre ha acertado en las decisiones que ha tomado, porque era un hombre muy emprendedor, con iniciativas y muy arriesgado. Primero remodelamos las habitaciones, porque solo dos tenían baño; luego ampliamos e hicimos comedor en lo que antes era el claustro; hubo muchas obras que siempre empezaba José Mari con sus propias manos; pero la gran apuesta la hicimos en el año 91, donde se transformaron totalmente las habitaciones. Pero José Mari amaba mucho Javier, era un romántico y todo lo hacía por darle valor a este lugar. Estaba muy preparado para el cambio y no tenía miedo a nada”.

LA PROFESIONALIZACIÓN DEL NEGOCIO

A Aurora le ha tocado asumir toda la responsabilidad del Hotel Restaurante Xabier: “Al principio es difícil, porque no se puede cubrir el puesto de José Mari, aunque en los tres años y medio de enfermedad, me enseñó mucho”.

Inicialmente, la familia y los empleados vivían en el hotel; poco a poco, fue profesionalizándose el estilo de negocio, pero sigue manteniendo la esencia de familia.

Sin embargo, seguimos descubriendo que, aunque Él era la cara visible de este lugar, Aurora estuvo siempre trabajando en la sombra, encargándose de los empleados, de las personas extras que necesitaban cuando se celebra una boda o algún evento, de la limpieza, las compras o todos los pedidos: “Teníamos una boda y José Mari no se enterada de si había 5 o 25 empleados, ni de los pedidos que habíamos hecho, pero se conocía a todos los comensales, que era una parte importante para el negocio”.

Regresa María José y recuerda que ella ha vivido la profesionalización del hotel: “Esto era un negocio familiar, hasta el punto de que los empleados también vivían aquí. Yo estudiaba y los fines de semana siempre ayudábamos”. Ahora, la familiaridad continua con los empleados y con los clientes, pero todo se ha profesionalizado: “En este momento, fijos hay 13 personas, pero los fines de semana hay que reforzar dependiendo de lo que nos toque: 20, 25 personas…” Todo es necesario para las 50 habitaciones y un servicio de restaurante para 600 comensales.

Vuelve a marcharse y entonces, Aurora saca un tema que le preocupa: Qué pena que no se valoré más el trabajo de la hostelería. Me gustaría que esto se contara, porque esta es la parte más ingrata de nuestro negocio. Nos hemos quedado sin personal cualificado, porque no se ha fomentado y se ha devaluado. No recibimos ayuda de ningún tipo y nuestros empleados, que algunos son auténticos profesionales, se van a fábricas donde tienen mejores horarios y mayores sueldos. Me da pena. Un profesional de hostelería debería tener las mismas condiciones laborales que cualquier otro trabajo. Me duele como empresaria, porque me gustaría poder ver a mis trabajadores contentos y realmente valorados”.

EL RETO DEL XABIER: ¿TRADICIÓN O MODERNIDAD?

hostal-xabier-2En este momento, Xabier se encuentra en un momento de transición obligada: “Necesitamos asentarnos, hacernos a la idea de que papá ya no está y de que somos nosotras las que tenemos que tomar todas las decisiones. A partir de aquí, cuando todo se calme, tomaremos las decisiones que consideremos oportunas, explica la hija.

“Es todo diferente, porque además de un cambio personal, nos está tocando un cambio importante en el ámbito del negocio. Antes, esto eran bodas, eventos y todo el tema religioso… Ahora hay que buscar otros campos, hemos subido mucho en el turismo de hotel, viene gente de todo el mundo y por distintos motivos. Debemos tomar decisiones”.

¿Decisiones? “De vez en cuando, en el proceso de innovación diario, tienes que decidir si dar un paso más grande y remodelar más profundamente”, explica Aurora. “Verás, en este momento, nuestra comida es casera, hacemos incluso el hojaldre y la crema de las alpargatas que tanto nos distinguen. Todo es auténtico y eso no lo queremos cambiar, porque nuestros clientes lo valoran mucho”.

La comida es tradicional, todo casero y se va a mantener. La duda es hasta dónde remodelar el hotel.

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Vistas del Castillo de Javier desde el hotel.

Sin embargo, tienen dudas con lo que es el hotel: “En este momento, aunque está remodelado, mantenemos las habitaciones al estilo tradicional, porque creemos que es nuestro valor añadido, de hecho, hace poco estuvo un arquitecto francés y me dijo que se podrían mejorar cosas, servicios… Pero, me sugirió mantener el estilo tradicional, porque va a ser un hotel museo, ya que todos los de este tipo están desapareciendo al hacer instalaciones modernas. Nuestra duda es si este estilo lo aprecian las nuevas generaciones”.

Un crítico experto vino exclusivamente para pisar la madera de roble antigua que tenemos, porque dice que esto ya ni se hace”. Pero también hay quien les recomienda modernizar totalmente las habitaciones: “Uno de mis hijos es arquitecto y un amigo suyo que se dedica a restaurar hoteles con encanto vino y nos sugirió cambios…” Todo son sugerencias, que ellas van valorando con calma.

Está claro que el lugar aporta una tranquilidad, un ambiente y un entorno exclusivos, así que habrá que meditar mucho la decisión y, como decía José Mari, “confiar en el Santo”.


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