viernes, 19 julio 2019

Ana Díez Fontana, un lustro entre el poder y la responsabilidad

Ana Díez Fontana cumplió el pasado miércoles cinco años como directora territorial de CaixaBank en Navarra y en esta entrevista nos habla de su experiencia… y de otras muchas cosas

Miguel Bidegain
Pamplona - 4 mayo, 2019

Ana Díaz Fontana, fotografiada en la sede central de CaixaBank en Pamplona.

Ana Díaz Fontana, fotografiada en la sede central de CaixaBank en Pamplona.

Está al frente de la primera entidad financiera de Navarra donde gestiona 16.000 millones de euros, lo que le convierte en una de las personas más poderosas de la Comunidad. Es algo en lo que reparamos preparando la entrevista y al sentarnos frente a Ana Díez Fontana le preguntamos si realmente se siente una mujer con poder. Se ríe y dice que “lo que sí siento es que tengo una responsabilidad para con Navarra y con mi entidad, y que tengo que venir a trabajar todos los días para dar lo mejor de mí misma y conseguir que mi equipo también lo de, pero el poder… no sé lo que es eso”.Ana Díez Fontana

Será así, pero muestra tal dominio de la situación y tanta seguridad que no nos convence del todo. Por ejemplo, dice que “he asumido los cambios, los retos, como algo natural, algo de lo que tenía la suerte de formar parte”, aunque uno de esos retos fuera el de convertirse en la primera mujer directora territorial de CaixaBank. No le preocupó el riesgo de que su labor fuese observada de forma más estricta que si se tratara de un hombre, “es que no creo que vivamos en una sociedad tan machista, no lo he sentido en mi experiencia profesional ni personal. Ni siquiera fui consciente de que era la primera directora territorial, me di cuenta porque otras mujeres, en sus mensajes de apoyo y enhorabuena, me lo dijeron”

Admite que puede ser “una referencia” para otras mujeres “no porque lo haya pretendido, simplemente porque me toco ser la primera, y es cierto también que en los últimos años asumo esa responsabilidad y compromiso con ellas, pero lo vivo con total naturalidad y no le doy mayor trascendencia”. Y como para demostrarlo, cierra la frase con una suave carcajada.

“Puedo ser una referencia para otras mujeres pero no porque lo haya pretendido, simplemente porque me tocó ser la primera”.

Una vez reseñada la efeméride vamos a presentar a Ana Díez Fontana. Nació en Madrid hace 48 años, y de su infancia y juventud destaca que jugaba al baloncesto en el colegio “era mi gran pasión, yo quería siempre salir al campo pero me tocó chupar banquillo ¡de manera importante!” dice de nuevo riéndose, una anécdota que le sirve para revelar que la resistencia y la perseverancia son componentes sustanciales de mi carácter, entonces para intentar jugar siempre, aunque no debía ser muy buena”.

Hija de un abogado y empresario, no tuvo que dudar mucho para decantarse por la economía al llegar a la universidad, formación que completó en el IESE cuando ya trabajaba “y acababa de tener a mi primera hija, eran dos años y terminé el executive embarazada de la segunda”. Permanece unos segundos pensativa y añade: “Otro reto más en la vida, recuerdo que en ese máster éramos solo 7 mujeres de 72 alumnos, y algunos hombres también tenían hijos, bueno sus mujeres, y cuando me quedé embarazada pensé ¡ay Dios! Pero pude acabarlo, fue bonito. Era un riesgo que no corrían ellos, claro”. Parece que no dice nada en balde, que son vivencias que escoge para exponer reflexiones, y demuestra también su capacidad para encontrar lo útil de cada experiencia.

SIEMPRE EN LA BANCAAna Díez Fontana

Toda su carrera profesional se ha desarrollado en la banca. En 5º de económicas empezó, como becaria y por las tardes, en Citibank. “Para mí era divertidísimo, tenía ganas de salir de la universidad para ir al banco”. Comentamos que es una suerte disfrutar en el trabajo, y sonriente nos da la razón, “sí, soy una persona positiva e intento disfrutar con lo que hago”. Tras ocho meses de becaria firmó un contrato fijo y tras pasar por la custodia y liquidación de valores, sea lo que sea eso, y el departamento comercial, “uno de mis jefes creyó en mí más de lo que yo misma creía, y me dijo que tenía que dar un salto”, que le llevó al servicio de comercio exterior de Citibank, “otro reto, tuve que aprender y aprender, pero creo que gracias a ese cambio hoy estoy aquí sentada” porque tras 14 años en Citibank, en 2008 y cuando tenía 37 años, recibió una oferta de CaixaBank, entonces La Caixa, para crear y desarrollar el área de comercio exterior.

Tuvo que adaptarse a un nuevo entorno y una forma de trabajo que nada tenía que ver con sus cometidos anteriores. “Ahí empecé a ser consciente de la importancia de los equipos, en Citi eran muy pequeños, en mi última etapa incluso trabajaba sin equipo, pero en Caixa comprendí lo importante que era e influir para que ese equipo vaya en la dirección que uno quiere, el liderazgo”. No fue fácil porque durante cuatro años vivió entre Madrid, donde siguió su familia, y Barcelona, viajando además por toda España, “el coste personal fue elevado, pero la recompensa profesional también”.

Al cabo de esos cuatro años La Caixa se hizo con Banca Cívica, que integraba a Caja Navarra, “y de nuevo alguien dijo Ana, esta etapa tuya se ha acabado, así que hice las maletas y me fui a Málaga junto al que era mi marido y a mis hijas, para llevar el área de empresas de esa territorial… volver otra vez a aprender, a hacer equipo…”. Se ríe, consciente de que es una situación que se ha repetido unas cuantas veces en su vida, “es uno de mis defectos, no se decir que no”, y tampoco lo dijo cuando a los nueve meses le plantearon ir a Sevilla, ni al cabo de otros nueve meses, en el momento en que “otro gran hombre, ya sé que suena fatal pero es así, me propuso el superproyecto de venir a Navarra como directora territorial”.

“Nosotras tenemos que atrevernos a dar ciertos pasos, las oportunidades hay que cogerlas cuando pasan”.

Al cabo de ese lustro, ¿qué sensación tiene de la labor desarrollada? “Pues fíjate, de gratitud, por todo lo que me está dando la tierra y el trabajo. Los últimos cambios habían sido muy rápidos y estos cinco años me están permitiendo desarrollar y consolidar un proyecto… No es el poder del que hablábamos antes, pero sí creo que estoy dejando mi granito de arena en la historia de esta entidad en Navarra. Añade que, personalmente, “estoy feliz, mis hijas también lo están, tengo un fantástico grupo de amigos que cuando uno es un poco nómada es lo que más valora”.

TALENTO E IGUALDADAna Díez Fontana

En sus colaboradores directos busca el talento, sean hombres o mujeres, personas con pasión, gran capacidad de trabajo, comprometidas y con ganas de dar lo mejor de sí mismos, pero con perfiles diversos “porque las diferencias benefician a los equipos”. Como ha quedado un poco serio su comentario añade que “busco personas que sonrían y que se levanten pensando en la suerte de tener un día por delante para aprovecharlo”, frase que remata con otra de sus risas. Defiende, casi con pasión, la apuesta por la igualdad de CaixaBank que pasa por crear un entorno y situaciones en los que la mujer pueda mostrar todas sus capacidades y adquiera la confianza para tomar decisiones, “porque nosotras nos tenemos que atrever a dar ciertos pasos, las oportunidades hay que cogerlas cuando pasan”, y Ana asegura que hace un “esfuerzo especial” para ayudar a que lo hagan las mujeres que tiene a su cargo. “Es un proyecto precioso, ¡de verdad! Y si yo sirvo de referente pues estupendo. Una madre con dos hijas en este puesto y sigo siendo… normal”, concluye y ríe, con ganas.

“El baloncesto era mi gran pasión, yo quería siempre salir al campo pero me tocó chupar banquillo ¡de manera importante!”

Es habitual verle en cualquiera de las 150 oficinas que la entidad tiene en Navarra para “conocer el entono en el que se realizan las operaciones de nuestro negocio” y “contactar con la realidad de lo que nuestros empleados viven en sus oficinas. Creo que lo agradecen y además pienso que es lo que hay que hacer, porque así aprendemos y conseguimos ideas para futuros planes de mejora”.

Cuando no está trabajando le gusta viajar, leer, esquiar –“este año fatal, no he amortizado el forfait”- y estar con su familia y amigos “en torno a una buena comida y un buen vino. También me obligo a hacer otros deportes, correr…  si pudiera no lo haría pero trato de  estar en forma. Mi vida es muy cotidiana, como la de cualquiera de esta tierra, y disfruto con los pequeños detalles”. Su cargo le hace llevar una intensa vida social que, lejos de ser un fastidio, “asumo con gratitud, entre otras cosas me da la oportunidad de asistir a conciertos y actividades culturales”.

Ana Díez Fontana nos ha contado que varias etapas de su carrera profesional han sido breves, y la actual dura ya cinco años. ¿Podría estar llegando a su final? “Yo vivo en mi día a día, lo que tenga que ser será. Aquí estoy feliz”, insiste con la mejor de sus sonrisas.

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