domingo, 17 noviembre 2019

Ángel Obanos, toda una vida en el mercado

Trabajó 40 años en su negocio mientras luchaba por los derechos de los comerciantes, y salió de su retiro para defender los intereses de sus vecinos de Artica desde la presidencia del Concejo. Ahora, decepcionado por los políticos, dice que va a descansar

Miguel Bidegain
Pamplona - 29 junio, 2019

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Hace un mes acudíamos a votar para decidir quiénes iban a dirigir las instituciones regionales y municipales en unas elecciones cuyos resultados han determinado que una serie de personas estén hoy adaptándose a una nueva etapa en su vida, en unos casos porque se incorporan a la actividad política y en otros porque la dejan. Hemos querido conocer las impresiones de alguien que ha pasado por un cargo alejado del relumbrón del Gobierno o del Parlamento, que ni siquiera ha formado parte del ayuntamiento de una de nuestras ciudades. Es el caso de quien durante la pasada legislatura fue el presidente del Concejo de Artica, Ángel Obanos, y ya les adelantamos que abandona el puesto decepcionado con los políticos. Porque él no lo es.

“Resulta muy manido decirlo pero es así, donde más he aprendido es en la calle, a través del contacto con la gente”.

Llegar a explicar por qué se presentó a las elecciones de 2015 requiere dar un rodeo. Ángel Obanos ha sido, toda su vida, un pescatero que siempre se ocupó de la defensa de los derechos de los comerciantes. Eso hizo que en 1977, cuando tenía 27 años, fuera elegido presidente del Gremio de Pescateros de Navarra, que agrupaba a unos 250 profesionales; en 1984 ingresó en la Cámara de Comercio donde presidió la comisión de Comercio Interior y posteriormente, en 1988, pasó a ser vicepresidente primero de la entidad. En 1992 deja la Cámara y asume la “durante 12 o 14 años” la presidencia de la Asociación de Comerciantes del Mercado del Ensanche, porque allí era donde estuvo 40 años su pescadería.

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ALTRUISTA

Queda claro que Ángel Obanos, que cerró su negocio en 2005 siendo aún presidente de los pescateros, ha estado “en toda clase de movimientos y asociaciones de comerciantes, tenía esa vocación de servicio a la sociedad”, y esa inquietud fue la que le hizo optar a presidir el Concejo de Artica en las elecciones de 2015 “para trabajar por los vecinos de forma altruista, nunca he cobrado nada en esos cargos que he tenido, al contrario, me han costado mucho dinero, he puesto de lo mío ¡buf! hasta hartar. No es normal que desde los 27 hasta los 69 que tengo ahora haya estado en estas cosas, pero… soy así”, dice con una media sonrisa y abriendo los brazos dando a entender que ya es un poco tarde para cambiar.

“Para mí los intereses de los vecinos son lo primero,  pero los partidos ponen por delante sus propios intereses y rehúyen el trato con la gente”.

Pero, además de la vocación ¿hubo algo que le decidió a presentarse a las elecciones? De nuevo hay que dar otro rodeo: Cuando me retiré en 2005 quería descansar y apartarme, incluso me fui a un barrio recién levantado, Nuevo Artica. Veo que tiene muchas deficiencias porque al Ayuntamiento de Berrioplano el Concejo de Artica, con sus 4.700 habitantes, le viene grande, y empecé a moverme con la idea de ayudar al Ayuntamiento a solucionar problemas, echar una mano. Pero los partidos políticos no se llevaban bien y estaban dando la espalda a Artica. Entonces es cuando decidí dar el paso a la política con un grupo de vecinos y presentamos la candidatura de Vecinos por Artica”. Pone como ejemplo la limpieza urbana, “muy descuidada por el Ayuntamiento”.

Salió elegido y, fiel a su manera de entender la gestión pública, hago una política vecinal, estoy mucho en la calle, que la gente tenga contacto directo con la persona que es el portavoz de los vecinos de Artica y de sus problemas en el Ayuntamiento”. Pero a la hora de llevarlos al consistorio de Berrioplano sus propuestas se consideraban “irrealizables” porque “allí anteponían intereses políticos a los vecinales”, aunque algunas de ellas sí se llevan a cabo.

Entonces, ¿no se presenta a la reelección porque tira la toalla? Piensa unos segundos antes de contestarnos que no se ha rendido, que ha influido “algún achaque” del que quiere cuidarse y reconoce que aunque su intención era seguir otra legislatura más en el Concejo, “hay gente joven con ganas de hacer cosas” y ha optado por hacerse a un lado y dejarles pasar. Pero también habla de decepciones y frustración. Se inclina hacia nosotros, como si nos hiciera partícipes de una confidencia, y dice que tras 40 años detrás del mostrador de su pescadería aprendió cómo tratar a la gente, y que intentó aplicar esa experiencia en el quehacer municipal “para conseguir las cosas mediante el diálogo, la negociación… pero he visto que vender ideas a los políticos es mucho más complicado. Para mí los intereses de los vecinos son lo primero pero los partidos ponen por delante sus propios intereses, y rehúyen el trato con la gente. Les molesta que un vecino les pare para pedir algo que generalmente suele ser de lo más razonable, a mí me parece que eso es un gran fallo porque desconocen los problemas de quienes viven en el pueblo”.  

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¿UN FACHA? ¿UN ROJO?

Reflexiona en voz alta sobre lo absurdo de algunas situaciones derivadas de su gestión, como la generada por su negativa a abonar parte de los gastos de la pintura de la iglesia, “escriturada por el arzobispado con la casa parroquial, así que le dije al cura que era su propiedad, vamos, de la Iglesia, aunque en realidad no es algo suyo, y si se te está cayendo el atrio pues se cae tu atrio y lo tendrás que arreglar tú. Resulta que eso era ser de izquierdas, ¡no: es lo lógico!”. Su voz no puede disimular un punto de enojo: “Parece que te tienes que definir como de derecha o de izquierda, y no es eso, para unos Angelito es un facha y para otros un rojo.  ¡Ése maniqueísmo…! todo porque al defender con toda mi buena voluntad los planteamientos de los vecinos chocas contra los intereses políticos de los partidos. Y eso hace que me sienta defraudado”.

Empezó a ayudar en la pescadería de su madre con 8 años, mientras estudiaba en una academia por las tardes.

Dice que ahora va a dedicarse “a vivir”, pero añade que “lo que ocurre es que no puedes desconectar de un día para otro”. Nos cuenta que ha estado unos días en Polonia, “para alejarme un poco de todo esto, tenía muchas ganas de ver el campo de exterminio de Auschwitz y desde que volví hace una semana he estado reuniéndome con los miembros del Concejo y con el alcalde de Berrioplano, mantengo una buena relación con unos y con otros y gracias a eso intento dejar atados los últimos flecos que quedaban de mi paso por el Concejo. Bueno, y pretendo que haya armonía entre Artica y Berrioplano, era uno de mis objetivos hace cuatro años y no lo conseguí”.

La contraposición de intereses, plasmada en temas concretos como una polémica en torno al frontón, derivó en “una brutal campaña de ataques, pin pan, sin parar, con carteles por las calles en contra de Ángel hasta el último día, hasta las elecciones aunque me marchaba”. Al parecer resultó fallida, porque Vecinos por Artica “ganó las elecciones y metió un concejal en Berrioplano”, apunta Obanos con evidente satisfacción, la misma que siente cuando alguien le dice que es una pena que se haya retirado, “pero es lo normal, he tratado de hacer las cosas bien… y alguna ha salido”.  

Su deseo, ahora, es llevar la existencia tranquila a la que aspira desde hace mucho tiempo, “es que empecé a trabajar con ocho años, sí, sí, con ocho”, insiste al ver nuestra cara de asombro.Nací en la Rochapea, en el camino de los Enamorados 15, mi madre había montado una pescadería en 1939 frente a la iglesia del Ave María, en Marcelo Celayeta, que atendía mi padre, y después otra donde la calle Ferrocarril, en el grupo Santa Engracia, allí me llevó nada más hacer la primera comunión y como no había teléfono hacía los recados llevaba y traía pescado de una a otra”. Al mismo tiempo, por las tardes, estudiaba en la academia Zapata, en la calle de El Carmen, “mecanografía, contabilidad, siempre preparándome para llevar un negocio, eso lo tenía muy claro, me lo había inculcado mi madre. Resulta muy manido decirlo pero es así, donde más he aprendido es en la calle, a través del contacto con la gente, ya veis que no tengo una gran educación pero soy educado”.

Ángel Obanos vive solo y confiesa que “no tengo grandes planes. Cuidarme la salud, claro, eso es importante, algún viaje, aunque también es verdad que como suele decirse como en casa no se está en ningún sitio, ja ja ja”. Para cuando nos despedimos se muestra aún más locuaz que al principio de la conversación, incluso nos cuenta algunos secretos que revelan que su influencia política fue bastante mayor de lo que nos había dado a entender. Por eso nos deja con la duda de si será capaz de quedarse al margen de la vida de Artica.

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