La luz entra con suavidad por los ventanales. Los pasillos no son largos ni fríos, sino espacios pensados para orientarse sin miedo. Aquí, en el nuevo edificio de Fundación Hospitalarias Navarra en la Rochapea, cada detalle parece decirle a quien entra que está en casa.
Carmen lo nota. Lleva años vinculada al centro y ha vivido en primera persona la evolución del modelo asistencial. “Ahora las unidades son más luminosas y cercanas. Aquí hacemos muchas actividades y eso me alegra el día. Nos tratan como en familia”, cuenta con una sonrisa tranquila, de quien reconoce un cambio real en su entorno.
El nuevo inmueble, de cuatro plantas, supone un paso decisivo en la atención a personas mayores con deterioro cognitivo, demencia o problemas de salud mental. Incorpora dos nuevas unidades de psicogeriatría con 19 plazas cada una —38 en total— concebidas como pequeñas unidades de convivencia donde la seguridad no está reñida con la calidez.
No se trata solo de ampliar plazas. Se trata de transformar la manera de cuidar. Los espacios han sido diseñados para favorecer la autonomía, reducir la desorientación y generar bienestar emocional. Colores, distribución, iluminación o zonas comunes responden a una idea clara: que cada persona pueda seguir siendo ella misma, incluso cuando la memoria empieza a fallar.
Este enfoque forma parte del modelo de Atención Centrada en la Persona, que guía el trabajo de los equipos multidisciplinares del centro. Profesionales que no solo atienden necesidades médicas, sino que conocen historias de vida, respetan preferencias y fomentan la participación activa de cada residente.
“Lo importante es que cada persona se sienta segura, respetada y acompañada. Que este sea su hogar”, subraya la directora gerente, Miryam Zabalza Goñi. Una idea que cobra sentido en cada gesto cotidiano, desde una actividad compartida hasta la manera en que se organiza el espacio.
La apertura de este edificio eleva a 221 las plazas del centro en Pamplona, que atiende diariamente a más de 300 personas gracias a un equipo de 200 profesionales. Un crecimiento que no ha ido en detrimento de la calidad, sino todo lo contrario: ha permitido reforzar un modelo más cercano, más humano.

Imagen del nuevo edificio de Fundación Hospitalarias Navarra en la Rochapea, en Pamplona. (Foto: Víctor Ruiz)
La historia de este lugar se remonta a finales de los años 50, cuando las Hermanas Hospitalarias iniciaron su labor en la ciudad. Hoy, bajo la gestión de Fundación Hospitalarias desde 2025, el proyecto sigue evolucionando sin perder su esencia: cuidar desde el respeto y la dignidad.
Mientras tanto, Carmen continúa participando en las actividades del centro. Su rutina, como la de muchos otros, está llena de pequeños momentos que hacen la diferencia. “Aquí hacemos muchas cosas… y eso me alegra el día”, repite.
En un contexto en el que el envejecimiento y la salud mental plantean grandes retos sociales, espacios como este recuerdan que el cuidado no es solo una cuestión de recursos, sino también de mirada. Y que, incluso cuando la memoria se debilita, siempre hay formas de sostener la identidad, la alegría y el sentimiento de hogar.
Mejora de la eficiencia energética
Fundación Hospitalarias Navarra ha completado el primer diagnóstico ambiental integral de sus centros asistenciales en Pamplona, un análisis que evalúa el impacto ambiental de su actividad en ámbitos como energía, agua, residuos, alimentación o cambio climático.
El estudio, elaborado a partir de datos consolidados del periodo 2022–2025, muestra una mejora significativa en la eficiencia ambiental del complejo asistencial, incluso en un contexto de crecimiento de la actividad y ampliación de las instalaciones. Uno de los avances más relevantes se registra en el ámbito energético. El diagnóstico refleja una reducción del 21 % en el consumo energético por unidad de actividad asistencial, lo que indica una mejora real en la eficiencia operativa de los centros.
La transformación energética del complejo ha supuesto también un cambio progresivo en el modelo de consumo. Durante el periodo analizado, el consumo de gas natural se ha reducido un 39 %, mientras que el uso de electricidad ha aumentado como consecuencia de la electrificación de distintos procesos.
Entre ellos destacan la cocina del centro y la producción de agua caliente mediante sistemas de aerotermia, tecnologías que permiten reducir el uso de combustibles fósiles y mejorar la eficiencia energética de las instalaciones.













