La tarde transcurre con la rutina tranquila de cualquier sábado. Los ordenadores encendidos sobre la mesa mientras el murmullo paciente de una madre repasa la lección con sus hijas ante la inminencia de los exámenes. Fuera, el cielo comienza a teñirse de un tono anaranjado. Un estruendo seco y profundo corta la concentración. Desconcertadas, se acercan a la ventana y advierten, suspendidas en el aire, un par de nubes de humo oscuro que rompen la silueta futurista de Dubái.
Las represalias de Irán tras la ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel, que provocó la muerte del líder supremo iraní Alí Jamenei, se dejaron oír con fuerza en el salón de la pamplonesa Begoña Hualde. Ella es una de los 30.000 ciudadanos españoles afectados en Oriente Medio. Vive en Emiratos Árabes Unidos desde agosto de 2024, donde dirige su propia empresa, Musa Fit, que ofrece entrenamientos personalizados, asesoramiento nutricional y seminarios en empresas sobre hábitos de vida saludables. «Sigo trabajando porque muchos de mis clientes viven en las casas de al lado, así que podemos continuar con los entrenamientos para distraernos y pensar en otras cosas», comenta a Navarra Capital.
Sin embargo, Begoña y su familia apenas han salido de su casa desde el sábado. Viven en una zona residencial al sur de Dubái, camino de Abu Dabi. «Estamos a veinte minutos en coche del distrito financiero de Dubái. Llevamos más de veinticuatro horas sin grandes novedades, aunque el espacio aéreo permanece cerrado. Desde el lunes a las 9:00 no he escuchado ninguna explosión en nuestra zona», atestigua.
Las últimas cifras que el Ministerio de Defensa de Emiratos Árabes Unidos trasladó a la población civil durante la noche del lunes es que ha interceptado un total de 174 misiles y 689 drones. «Nos han informado de que las explosiones registradas en puntos como el Hotel Fairmont de Palm Jumeirah o el Aeropuerto Internacional de Dubái han sido causadas por restos de los misiles abatidos a gran altura», explica la navarra.
Ese es el principal argumento que permite a la familia mantener la calma. «Nos sentimos bastante seguros porque el sistema de Seguridad Nacional y Defensa ofrece garantías. Intercepta todos los ataques que están llegando desde Irán, así que estamos tranquilos», reconoce.
En esa línea, está al tanto de todas las comunicaciones que emite tanto el Gobierno del país como la embajada de España. También está dentro de varios grupos de WhatsApp con ciudadanos españoles en los que todos comparten datos e información, sobre todo en caso de urgencia o necesidad. «Hay de todo, tanto gente tranquila como personas preocupadas. Algunos optan por dormir juntos en la misma habitación y lejos de las ventanas», relata.
LA VIDA FAMILIAR
En estos momentos, una de las principales inquietudes de Begoña es que sus tres hijas (Ruby, Lola y Mila, de 17, 15 y 12 años respectivamente) puedan proseguir con sus rutinas académicas. «Aunque son relativamente mayores, se trata de una experiencia muy diferente. Estamos hablando del tema con mucha tranquilidad y tratando de seguir adelante con los estudios», sostiene con firmeza.
Igual que durante la pandemia del Covid-19, las tres reciben las clases online. No obstante, los centros comerciales, cafeterías y supermercados se encuentran abiertos, aunque las empresas sí han dejado que los trabajadores permanezcan en sus casas. «Durante la pandemia, el mundo entero fue corriendo a comprar todo lo que podía. Estos días solo ha habido un par de momentos en los que no se han repuesto los estantes», indica.
Por el momento, tampoco han tenido problemas con el abastecimiento de agua y electricidad. Y lo cierto es que no se plantea salir del país. «Es complicado ahora mismo, pero conocemos casos de gente que está saliendo a través de Omán. Hablamos de turistas y personas que estaban en la zona de vacaciones. Es el caso de una amiga mía de Singapur«, remarca.













