domingo, 20 octubre 2019

Bibi Russell cose las costuras de la paz

Fue una supermodelo durante 20 años y bajó de las pasarelas para abrir un taller de ropa en su Bangladesh natal desde el que lucha para erradicar la pobreza y abanderar la próxima revolución en el mundo de la moda: la de la sostenibilidad

Redacción
Pamplona - 16 marzo, 2019

Bibi Russell, fotografiada en la Universidad de Navarra. (Foto: Manuel Castells).

Desfiló con ropa diseñada por los más grandes –Yves Saint Laurent, Giorgio Armani, Karl Lagerfeld…- en las pasarelas de las capitales de la moda, posó para revistas como Elle, Harper’s Bazaar , Vogue y Cosmopolitan, hasta que Bibi Russell decidió dejar de ser una supermodelo y regresar a su país natal, Bangladesh, y ser diseñadora para preservar la herencia de mi país, fomentar la creatividad, crear empleo, empoderar a las mujeres y contribuir a la erradicación de la pobreza. Este es mi compromiso”.

Bibi Russell, nacida en Chittagong en 1950, ha pasado por la Universidad de Navarra donde ofreció una charla invitada por ISEM Fashion Business School. No pudimos hacerle la entrevista directamente, pero sí hemos tenido acceso a la peripecia vital de esta extraordinaria mujer. Cuenta que era su madre la que le cosía la ropa y que aunque sus hermanas nunca se quejaron ella sí lo hizo. Y debió ser insistente porque, con apenas diez años, su padre le compró una máquina de coser con la que empezó a confeccionar sus propios vestidos.

En su taller une la cultura occidental moderna con la cultura y creatividad de los tradicionales productores de Bangladesh.

Unos años más tarde su padre le regaló un libro sobre Chanel en el que descubrió la alta costura francesa “y quise formarme en ese terreno”. Su idea era hacerlo en Londres y a pesar de que inicialmente no fue admitida, el London College of Fashion aceptó su solicitud. De ahí saltó a las pasarelas sobre las que durante 20 años protagonizó una brillante carrera como supermodelo, hasta que un día de 1994 decidió regresar. Lo explicaba en una entrevista publicada por el ‘Correo de la Unesco’ en el número correspondiente al segundo trimestre de 2018: “Jamás le volví la espalda a mi país. Como mis padres se quedaron allí, cuando vivía en el extranjero volvía a visitarlos regularmente. No entendía bien por qué la gente pensaba que los bangladesíes eran pobres ¡El país me parecía tan rico en música y colores! Llevé ese sueño conmigo a Europa. Y un día supe que estaba mental y físicamente lista para regresar”.cou_02_18_bibi_02

MODA PARA EL DESARROLLO

Una vez instalada en Bangladesh abrió en Daca un pequeño taller de confección que se convirtió en empresa en 1995: Bibi Productions, un proyecto con el que ha creado y popularizado el concepto de ‘Moda para el desarrollo’ y que la ha situado como uno de los agentes protagonistas y más influyentes para el progreso de su país porque es mucho más que una empresa textil. Es cierto que, gracias a ella, las gamuchas –modestas toallas de algodón tradicionales usadas en los países del sur de Asia- compiten hoy con las piezas más sofisticadas en los desfiles de moda de París, Nueva York o Milán. Por cierto, las ha promocionado Antonio Banderas, “así que no necesito gastar en publicidad”. Pero, lejos del glamour de las pasarelas, su verdadero éxito radica en los cientos de talleres que ha creado no solo en Bangladesh, sino también en Uzbekistán, Colombia, India…

 “Pensé que la gente de Bangladesh me necesitaba tal y como yo los necesitaba a ellos. Hoy, después de más de veinte años de experiencia, sé que tomé la decisión correcta. Saben que los respeto y los ayudo a recuperar su dignidad. No hay nada más importante. Por su parte, ¡me prodigan tanto cariño y amor! Y eso me da fuerzas para seguir adelante. Nada en el mundo podría apartarme de esta tarea”, asegura Bibi Russell.

“Podemos hacer lo mismo que los hombres, si nos dan las mismas condiciones”.

Todos los productos que realiza la diseñadora bengalí están hechos a mano. En su trabajo une la cultura occidental moderna con la cultura y creatividad de los tradicionales productores de Bangladesh. Utiliza siempre materiales del propio país, con sus procesos de trabajo, por y para ese país. “El proceso es precioso, no se puede perder. Hay que transmitirlo a los jóvenes porque es muy gratificante para cualquiera tener una prenda o un accesorio hecho a mano”. “Cuando la gente ve mis colecciones, quiero que entiendan y aprecien todo el trabajo y el esfuerzo que han necesitado”, dijo en Pamplona Bibi Russell, quien abandera la próxima revolución en el mundo de la moda: la de la sostenibilidad: “Las marcas tienen que ser responsables de todo el proceso de producción en la cadena de valor, pero su compromiso debe ir más allá: contribuir al desarrollo económico y social de cada país a través de la moda, sobre todo en los países pobres”.

UNA INGENTE LABOR SOCIAL

No se queda en el discurso, lo lleva a la práctica. Por ejemplo, se afana ahora en un proyecto que describe como “difícil y, desde un punto de vista emocional, muy comprometido”. Con el respaldo directo de Mamata Banerjee, ministra jefa de Bengala Occidental, ha estado trabajando desde septiembre de 2017 en la Liluah Home, el mayor centro de acogida para niñas de Bengala Occidental. Allí, forma a niñas, algunas víctimas de trata infantil, y las ayuda a desarrollar competencias generadoras de ingresos. “¡No puedo creer que en pleno siglo XXI, cuando todos hablan de la emancipación de las mujeres y de la igualdad de derechos estemos todavía vendiendo a nuestras hijas!”, exclama, denunciando que en este Estado se venden niñas desfavorecidas por menos de cien dólares. “Si encuentro fuerzas para terminar este difícil trabajo, espero que abra las puertas para que estas niñas comiencen una vida nueva, con amor y dignidad”.Russell lucha por el desarrollo de su país,

Sus esfuerzos dan frutos, hace justamente un año 33 niñas del centro de acogida participaron en un desfile de moda organizado por el gobierno en Calcuta y diseñado por Bibi Russell. Vestían ropa hecha por sus compañeras, formadas por la diseñadora. Aquí, en Pamplona, lógicamente su discurso fue diferente, pero igual de reivindicativo: “Tenéis que creéroslo. Podemos hacer lo mismo que los hombres, si nos dan las mismas condiciones”, afirmó dirigiéndose a las alumnas.

“La educación y la salud son la base de toda economía y eso es válido para todos los países”.

Además, desde su regreso a Bangladesh ha recogido niños de la calle a los que apoya económicamente “con la condición de que fueran a la escuela. Me convertí en su garante en escuelas administradas por ONG, que no aceptan a niños mendigos. Empecé recogiendo un niño, luego dos… Ahora superan el centenar. Cuando estoy en Daca me hacen muy feliz”.

ESFUERZO RECONOCIDO

Sus padres han muerto y tanto sus hijos como sus hermanos viven en el extranjero, “pero gracias a los artesanos que me rodean nunca me siento sola. Son personas sencillas que necesitan cobrar sus salarios el primer día del mes para pagar sus alquileres. No formamos una familia, pero para mí cuentan más que todo el resto”. ¿Y a cuántas personas de trabajo Bibi Russell? “En la sede central empleamos a unas treinta personas, algunos de ellos pensaron que nunca tendrían las competencias ni el conocimiento necesarios para poder trabajar. Pero sé reconocer a las personas de espíritu abierto”.

Todos los que trabajan en Bibi Productions tienen únicamente dos o tres hijos, una cifra inusualmente baja en Bangladesh, “han aprendido a administrar mejor sus ingresos y su nivel de vida ha mejorado. Ahora que han salido de la pobreza, entienden que es importante enviar a sus hijos a la escuela. La educación y la salud son la base de toda economía y eso es válido para todos los países”.

También colaboran con ella miles de artesanos, “no puedo decirle el número exacto, pero son unos 100.000. ¿Le parece demasiado? Bueno, sepa que esa cifra ¡ni siquiera representa el 1% de los tejedores de este país! Antes de morir desearía poder decirme que superé el primer peldaño de la escalera… pero todavía queda mucho por hacer”, señala con humildad, aunque lo cierto es que su labor ya ha sido reconocida con una treintena de premios entre los que destacan el de ‘Mujer del Año’ por la revista Elle en 1997 o como ‘Mujer Emprendedora del Año’ por la Fundación de Mujeres Emprendedoras en 1999. Además, ese mismo año fue reconocida por la UNESCO como ‘Designer for Development’ y dos años más tarde, como Artist for Peace (2001), galardones a los que ella añade “un gran premio de la Bangla Academy, una institución nacional de Bangladesh fundada en 1955 para defender nuestro idioma”. “Todo reconocimiento fortalece, me ayuda mucho en mi trabajo de promover la moda para el desarrollo”, concluye la siempre sonriente Bibi Russell.

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