jueves, 4 marzo 2021

Chivite, madurez y elegancia desde el ‘terroir’ de Legardeta

Todo un legado de viñedos. Historia entre cepas de vinos con tradición, que hacen de J. Chivite Family Estates un templo de brindis bañados en blancos, tintos y rosados. Fundada en 1647, once generaciones de 'Chivites' se han pasado el testigo de esta tradición vinícola. La excepcional fusión de climas en la zona y las características de sus suelos son el mejor paraíso, donde crecen uvas que dan lugar a unos vinos singulares de alta calidad. Su enólogo César Muñoz nos detalla las peculiaridades de estos viñedos, que los hacen singulares.

Cristina Catalán
Pamplona - 5 diciembre, 2020

Viñedos de Chivite Tempranillo.

Situada en Tierra Estella, equidistante entre Pamplona y Logroño, la Finca Legardeta de J. Chivite Family Estates se halla en una zona cuyo clima no es muy frecuente en la península ibérica. Su carácter y personalidad se imprime en cada sorbo de sus vinosLos viñedos de esta firma se encuentran bajo la influencia cercana del clima de montaña, el Continental, que se caracteriza por su extrema diferencia térmica entre el día y la noche. A su vez, se ve suavizado por la influencia del clima Atlántico. Esta fusión y encuentro de climas es una de las propiedades que hacen tan singular a estos terrenos. “Tenemos un clima suave, con pocos días de calor extremos durante el ciclo vegetativo y en el cual, nuestras variedades maduran como deben madurar, con alta calidad, de una forma completa pero suave y lenta. Y esto es muy importante”, destaca César Muñoz, enólogo de Chivite. 

Los suelos donde germinan sus viñas también son excepcionales. Son suelos de terciario, típicos de la zona del Ebro, “propicios para el cultivo de la viña que terminan de redondear los beneficios del clima”. Esos terrenos, unidos a la pluviometría, mantienen el agua que los viñedos necesitan para su madurez y consiguen que el ciclo se complete de una forma óptima porque la arcilla del suelo es capaz de retener esa humedad hasta el último día en que se corta el último racimo”, añade el enólogo. Son suelos que transmiten un vigor moderado a pesar de ser arcillo-calcáreos con bastante componente de limosa. Esto consigue una mayor calidad.

La mano del hombre también ha hecho su labor en la excelencia de estos vinos. La finca se plantó en un marco de 6.000 cepas por hectárea que permite aumentar muchísimo la superficie foliar expuesta por hectárea y reducir la producción por cepa, dando la posibilidad de que las uvas puedan acumular gran cantidad de color y estructura. “En este marco, el manejo se complica extraordinariamente y los costes de implantación y cultivo se multiplican, pero la calidad obtenida satisface con creces los esfuerzos”, afirma Muñoz.

La elección de variedades de uva también es muy importante porque “una uva no es noble ‘per se”, sino por la capacidad de adaptación que tiene a un terreno. “En La Finca, variedades como la Garnacha, la reina de la zona, el Tempranillo, o el Chardonnay se adaptan a la perfección”. 

Una finca con 143 hectáreas donde se producen vinos singulares, de alta calidad, con aromas definidos y directos, “sin interferencias”, vinos frescos que mantienen la acidez y de cuerpo medio-alto, redondos. 

De izda. a dcha. César Muñoz, enólogo de Bodegas Chivite junto a Julián Chivite.

De izda. a dcha. César Muñoz, enólogo de J. Chivite Family Estates, junto a Julián Chivite.

GRAN CAPACIDAD DE GUARDA

Pero a un gran vino, además de calidad y de “estar bueno”, se le debe exigir algo más: Que vaya mejorando con los años”. Esto lo cumplen los vinos Chivite y “la prueba más arriesgada la tenemos en nuestra Colección 125 Blanco que puede envejecer, es decir, abrir una botella y que se encuentre en perfectas condiciones, incluso hasta veinte años”, subraya Muñoz. 

En cuanto a rosados, esta firma cuenta con un par de rosados fermentados en barrica que se les puede considerar vinos de guarda, porque “no es necesario que sean consumidos en un periodo corto de tiempo”. Esto es posible por su acidez, lo que les permite a los vinos mantenerse frescos y vivos en el tiempo y que tengan “esa estructura tan equilibrada, más agradable al paladar. La suma de ambas, algo que no se suele suceder, es un plus que no se encuentra en muchos sitios”.

Tinos del siglo XIX de Bodegas J. Chivite Family Estates.

Tinos del siglo XIX de Bodegas J. Chivite Family Estates.

TRES GAMAS “Y MEDIA” 

Su variedad de producto distingue tres gamas “y media”. Por un lado, la gama Colección 125, la más clásica, salió al mercado en 1985 en conmemoración de los 125 años de su primera exportación, en 1860. 

Su Colección 125 Blanco es un “icono” de los vinos blancos españoles. Su Colección 125 Tinto, de corte clásico, está marcado por notas terciarias de la crianza. El Colección 125 Rosado fermentado en barrica, perfecto para los amantes de los rosados con personalidad. Y por último, el Colección 125 Vendimia tardía.

La gama Legardeta, es la hermana pequeña de la gama Colección. Son vinos más frutales, de gran calidad. Dentro de los blancos, se encuentran el Legardeta Chardonnay, el Garnacha y el Syrah.

La gama “más frívola, más alegre y divertida” es la gama Las Fincas con tres vinos. Por un lado, un rosado de poco color que se diferencia por tener una boca de blanco muy agradable, muy graso y gastronómico”. Las Fincas Dos Garnachas, por su parte, es un vino blanco elaborado al 50 % con Garnacha blanca y Garnacha tinta, y es fruto de un laborioso proceso de producción. Es un vino ligero que mezcla aromas de ambas uvas, a melocotón y con notas tímidas que recuerdan a la cereza o a la granada. Un tercer vino de esta gama es Las Fincas Fermentado en Barrica, “elaborado de la misma manera que el primero, es decir, rosado con poco color, pero fermentado en barrica permitiéndole envejecer muy bien”. 

Por último, se encuentra una gama incipiente. En los últimos años, la bodega que preside Julián Chivite ha estudiado sus diferentes parcelas y las características que las hacen excepcionales para sacar nuevos vinos al mercado. “Llevamos aproximadamente siete años con una parcela que nos da unos vinos muy intensos para ser una Garnacha, pues esta variedad suele ser de menor cuerpo, con mucha frescura y acidez. Es muy extraño porque suele ser algo antagónico. La Garnacha que tiene acidez no tiene estructura y viceversa. Nosotros lo tenemos todo, algo extraordinario”, afirma Muñoz. En 2015, decidieron elaborar la primera añada, La Zorrera 2015, que lleva el vino de la parcela de donde procede y donde los zorros bajaban a beber al arroyo, llamada igualmente La Zorrera. 

Son viñas de gran tradición. Vinos provenientes de uvas surgidas de fructíferas tierras, entre la fusión de climas que suavizan su cultivo. Vinos de una bodega con siglos de vida que muestran que año tras año, década tras década, siguen ahí por su inmensa calidad y distinguido sabor.

Los suelos donde germinan sus viñas también son excepcionales y terminan de redondear los beneficios del clima.

Los suelos donde germinan sus viñas son excepcionales y terminan de redondear los beneficios del clima.


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