miércoles, 26 junio 2019

¿Cómo es el turista digital?

El principal reto del turismo es dar una respuesta adecuada a las nuevas exigencias, hábitos y gustos del 'viajero 4.0'. A lomos del fenómeno digital, este usuario prioriza aspectos tan subjetivos como los de 'experimentar' o 'disfrutar' sobre la acción tradicional de 'viajar' lo que le convierte en la punta de lanza de una moda definida con el palabro 'Bleisure' nacida de la unión de 'Business-Negocios' y Leisure-Ocio' y que amenaza con ser toda una filosofía de vida para el turista del siglo XXI.

Jesús Jiménez
Pamplona - 29 diciembre, 2018

Las principales demandas del turista 4.0 son personalización, calidad y excelencia.

Las principales demandas del turista 4.0 son personalización, calidad y excelencia.

Esta historia empieza hace mucho, mucho tiempo. Tanto que la primera imagen a la que podemos recurrir podría asemejarse a esa famosísima escena de ‘2001: Una Odisea en el Espacio’ cuando asistimos ojipláticos al momento en el que nuestro querido antepasado primate se hace cargo del poder destructor de un simple hueso.

Nosotros, si nos permiten la chulería, nos vamos a ir incluso unos cuantos millones de años más atrás. Al momento en el que ese mismo primate, desoyendo (casi con toda seguridad) la enumeración de malos augurios con la que le aburría su cuñado, decidió bajarse de la copa de un árbol, poner pie a tierra y empezar a caminar erguido.

DIFERENTES MOTIVACIONES

Desde ese mismo momento y hasta hoy mismo, la Humanidad ha protagonizado miles de viajes a lo largo y ancho de nuestro querido mundo. Bien es cierto que las motivaciones para emprender el camino han sido muy variadas. La búsqueda del sustento fue lo que originó esas primeras migraciones a las que luego siguieron otras variantes vinculadas con la economía (la búsqueda de nuevos mercados con los que comerciar a través de la Ruta de la Seda, por ejemplo), las científicas (¿Doctor Livingstone, supongo?) o hasta las ideológicas (llegar el primero a la Luna para demostrar el poder de la tecnología propia).

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La historia de la Humanidad ha sido, en resumidas cuentas, la de sus grandes viajes y; la acción de salir de nuestro entorno para conocer destinos soñados llenos de incertidumbre y misterio se puede considerar casi como inherente a nuestra naturaleza. ¿Qué pasa? Que hemos llegado a un siglo XXI en el que nuestro querido primate convertido en ser humano -más o menos racional- ya no tiene esos ‘grandes retos’ que le motivaron en su tiempo a salir de la cueva.

Vamos, que hoy resulta muy complicado motivarse cuando sabes que una aplicación te va a decir cuál es el camino más corto y si te vas a encontrar con tráfico ante una acción tan banal como ir a comprar una barra de pan por la mañana a la tienda de la esquina. En este escenario es lógico que el perfil del viajero cambie. Lo que nadie esperaba, y menos que nadie, la industria del turismo es que ese usuario haya mutado de tal modo que hoy priorice aspectos tan subjetivos como los de ‘experimentar’ o ‘disfrutar’ sobre la mera acción de ‘viajar’, es decir, de transportarte física y metafóricamente de un sitio a otro.

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Así es el ‘viajero 4.0’ quien, apoyado por esas nuevas tecnologías que antes mencionábamos, ha asimilado nuevas rutinas, hábitos, gustos y demandas que le han convertido en el protagonista de modas como la que se anuncia bajo el palabro ‘Bleisure’ y que, según todos los expertos, tiene visos de convertirse en la gran tendencia del turismo a nivel mundial.

En concreto, el concepto ‘Bleisure’ nace de la unión de ‘Business-Negocios’ y Leisure-Ocio’ y viene a representar toda una filosofía de vida para el turista del siglo XXI. Su retrato robot sería el de una persona, con alto poder adquisitivo y que se programa tiempo libre por su cuenta o, incluso, añade uno o varios días de estancia para poder conocer la ciudad o el destino al que se ha desplazado por un motivo profesional.

¿Cuáles serán, por tanto, las principales demandas de ese nuevo usuario? Fundamentalmente, de tres tipos, a saber: personalización, calidad y excelencia. En el primer caso, hablamos de un usuario para el que resulta crítica su ‘libertad de elección’ y que desconfía de las opciones tradicionales por lo que centra sus recursos en disfrutar de opciones que reflejen sus gustos y preferencias personales.

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Vinculado a esto último, está la calidad en la medida en que demanda un tipo de alojamiento innovador, conectado, flexible y creativo, céntrico o próximo a los sitios de interés del destino que visita y dotado de tecnologías que faciliten su interacción con sistemas de check-in y check-out automatizados, Wifi gratuito y todas las posibilidades que permitan garantizar comodidad y confort así como su presencia activa en redes porque, claro, hablamos de un demandante que quiere experimentarlo todo y compartirlo todo con sus seguidores.

Finalmente, en cuanto al apartado de la excelencia, el nuevo viajero 4.0 tiene como una de sus actividades más populares las compras realizadas más en ciudad que en las tiendas duty-free del aeropuerto. De ahí que este movimiento esté teniendo especial relevancia en grandes centros turísticos de carácter comercial como Londres, Nueva York o Tokio y donde nuestro país empieza a despuntar ligerísimamente de la mano de Madrid y Barcelona.

Llegados, por tanto, a este punto, no estaría de más recordar la oportunidad de una sentencia como la que dejó escrita en su momento Henry Miller para recordarnos una vez más que, por encima de la frialdad tan propia de esta revolución de máquinas, egos y tecnologías, siempre nos quedará el romanticismo y la pasión representada por un destino “que nunca será un lugar, sino una nueva forma de ver las cosas”. Que el nuevo año les traiga a todos ustedes una nueva, limpia y apasionante visión del mundo que les rodea.

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