domingo, 17 noviembre 2019

David Meca. Nadando a contracorriente

Los médicos le obligaron a nadar para superar sus problemas físicos, y ha sido 28 veces campeón del mundo de largas distancias. Y también luchó una acusación injusta de dopaje con retos a los que no se había enfrentado nadie.

Miguel Bidegain
Pamplona - 15 junio, 2019

DAVID-MECA-ENTREVISTA

David Meca exhibe na de las muchas medallas conseguidas nadando largas distancias.

“Un luchador, una persona que se ha sacrificado… pero como tanta gente”. Así se define David Meca, con una humildad impropia del hombre que ha conseguido tales hazañas que algunos lo consideran el mejor nadador de la historia. Ya nos había sorprendido cuando, en vez del superman de físico imponente que esperábamos, vimos a una persona de estatura normal y aspecto juvenil que –vestido- no aparenta ser la masa de músculos que cabría suponer.

También nos desconcertó su revelación de que empezara a nadar “porque me obligaron los médicos. Es que tenía muchos problemas siendo niño, llevaba zapatos ortopédicos, hierros en las piernas, la espalda…“  Eso fue cuando tenía 5 años en Sabadell, donde nació en 1974, y a los 8 ya competía. Así nació un campeón que tuvo que emigrar para poder compaginar su carrera deportiva con los estudios. “Con 18 años, un diccionario y 50.000 pesetas me fui a Estados Unidos”. Estuvo diez años en Norteamérica, consiguió  una beca e ingresó en la Universidad del Sur de California, en Los Ángeles, donde estudió tres carreras, “Arquitectura, Económicas y Arte, y me hicieron campeón del mundo”. Allí sus entrenadores vieron que estaba en desventaja frente a otros nadadores con mucha más envergadura de brazos, y que cuanto más larga era la prueba mejor era su rendimiento. “Tenía un entrenador  muy severo, ¡le llaman el Animal, imagínate como sería de duro! Me dijo que tenía que hacer maratones de agua, yo no quería pero probé y al poco tiempo me llevé un campeonato del mundo”.david-meca2019-2

Además de estudiar David Meca entrenaba cada día de 6 a 8 horas y, si no competía, aprovechaba el domingo para seguir estudiando. “De los 18 a los 28 estuve en Estados Unidos, y jamás pisé una discoteca.  ¿Qué si me perdí muchas cosas? Claro, pero en mi caso mereció la pena porque aposté todo a ser el mejor y me salió bien, además los valores que te da el deporte compensan esos sacrificios y perderte algunas cosas”.

“Nadando tienes ahí al ángel bueno y al malo hablándote, y al final el orgullo puede más que el dolor”.

Sumando la distancia recorrida dando brazadas ha dado ¡tres vueltas y media al planeta! “En el agua tenía mucho tiempo para pensar… en todo”. ¿Cómo combatía el tedio durante esas largas horas de soledad mientras nadaba, ya sea compitiendo o en los eternos entrenamientos? “La cabeza se te va a cosas buenas y malas, y la mayoría de las veces es a malas, el dolor del hombro, la espalda, que hago yo aquí, tengo frío…” El cuerpo, y el cerebro, piden poner fin a esa tortura, pero entonces se impone el corazón, son el orgullo y el amor propio los que te hacen seguir adelante y no abandonar, piensas que no puedes defraudar a tu equipo y, por qué no, en ser la primera persona de la historia que va a hacer algo, cruzar el Mediterráneo por ejemplo. Tienes ahí al ángel bueno y al malo hablándote, y al final ese orgullo puede más que el dolor”.

MAS ILUSIÓN QUE FUERZAFoto David Meca

Contrariamente a lo que pudiera suponerse, Meca no recurría a los psicólogos antes de lanzarse al agua para superar retos imposibles para cualquier otro humano. “Como es un deporte muy solitario te vas haciendo fuerte, yo creo que, en mi caso, ha podido más la ilusión que el dolor. No nadé los 110 kilómetros entre Alicante e Ibiza porque me sentía fuerte sino porque me sentía ilusionado”.

David iba sumando títulos y medallas hasta que, en 1999, en un campeonato celebrado en Brasil, se vino todo abajo: Me acusaron de dopaje, de hacer trampas. Cuando me lo dijeron pensé que era una broma y que al día siguiente todo iba a aclararse. Me levante a las 5, como siempre,  fui a la piscina, se lo conté a mi entrenador  y me dijo: ¿qué haces aquí? Quédate en casa, descansa tres años y cuando falte uno para que levanten la suspensión ya volverás. Le contesté que sabía que tarde o temprano tenían que darme la razón, y que si me estaba entrenando 15 kilómetros cada día, por favor, que lo hiciera 20, o 25 kilómetros, para así volver más fuerte que nunca”.

Reconoce que la de no rendirse fue una decisión difícil, que el primer impulso fue el de tirar la toalla “porque había sacrificado mi infancia, toda mi juventud para que me señalaran y castigaran por algo que no había hecho”. Confiesa que mientras entrenaba a la espera de que le absolvieran “a veces tenía que levantar las gafas porque se me llenaban de lágrimas, pero tenía que ser fuerte por todos los que me animaban y creían en mí, por los que me decían cada día ¡David, sigue luchando por la verdad!”.

“Cuando me sancionaron, a veces tenía que levantar las gafas mientras nadaba porque se me llenaban de lágrimas”.

Todavía no sabe qué pasó: “Fue algo muy extraño porque todos los controles anti doping de aquélla prueba dieron positivo, con las mismas cantidades y la misma sustancia, un esteroide anabolizante, que si quieres inflar los músculos pues… pero jamás lo tomaría un maratoniano, ni de atletismo ni de agua, porque cuanto más músculo menos flotas, menos aguantas”. David Meca se fue a los mejores laboratorios del mundo para demostrar su inocencia, aportó pruebas y análisis de sangre, orina, cabello, uñas, que decían que no había restos de esteroides ni de ninguna otra sustancia dopante. “Con todo y con eso tardaron casi tres años en darme la razón y devolverme la licencia”.

Mientras tanto, como no le dejaban hacerlo oficialmente decidió competir contra él mismo, planteándose retos y metas que nadie había conseguido superar”, unos desafíos que no duda en considerar “el pilar de mi vida”. “Ser campeón del mundo y que te cuelguen una medalla mientras suena el himno nacional es algo precioso, pero marcarte un reto, da lo mismo que sea deportivo, personal o empresarial, y conseguirlo es igual a cualquier medalla de oro”. El primero de esos mediáticos “retos protesta” se conoció como ‘La fuga de Alcatraz’. Meca fue el primero en cruzar a nado los 10 km. la bahía de San Francisco partiendo desde la isla donde se levanta la cárcel de la que nadie podía escapar por la peligrosidad del mar que la rodea, con agua muy fría, fuertes corrientes y hasta tiburones al acecho: “Hay dos películas que nunca debía haber visto: ‘La fuga de Alcatraz’… y ‘Tiburón”, dice riéndose.

”No sé si haré algún día otra de esas travesías locas, pero… ¡ojalá que sea así!”.

Además nadó entre las islas Canarias, cruzó varias veces el Estrecho de Gibraltar y el Canal de La Mancha, siempre batiendo récords de tiempo, y superó el límite de sus fuerzas en una terrible travesía entre la Península y Baleares, 110 kilómetros en 25 horas y 48 minutos de ininterrumpidas brazadas. Cuando llegó, con la cara deformada por las picaduras de las medusas, tuvo que ser auxiliado para salir del agua y se desmayó.

LA MEJOR RECOMPENSA

Pero tuvo su recompensa, porque en su primer campeonato mundial tras ser declarado inocente del dopaje que se le imputaba, disputado en Hawaii, consiguió ser la primera y única persona en la historia de su deporte en ganar 4 medallas, incluida la de equipos, porque aunque era el único español sus resultados superaron a los de casi todas las selecciones nacionales.Asamblea Adefan David Meca

Hoy, una década después de retirarse de la competición con 28 títulos mundiales, recuerda su lucha contra las adversidades desde que era un crío y aquéllas experiencias agridulces en charlas motivacionales, como la que protagonizó en la asamblea de Adefan, en las que se dirige a personas del mundo de los negocios para decirles que, como él, han pasado por momentos difíciles “pero al final, ante la adversidad, sacamos fuerzas de donde parece no haberlas, seguimos braceando, y cuando la superamos disfrutamos de cada medalla, cada triunfo como antes no lo hacíamos”. También les habla de su equipo, que se abrazó y lloró cuando David llegó, exhausto, al final de su travesía entre la Península y Baleares. “Soy yo el que se lleva los laureles, pero sin ellos no lo habría conseguido”.

Además ejerce una de sus titulaciones, me gusta comprar casas en ruinas, restaurarlas y luego les doy una vida, las alquilo o lo que sea… No lo hago por dinero, ya veis que lo mío son las historias difíciles”. También está su faceta solidaria, que le lleva a lanzarse al agua para colaborar con numerosas ONG y asociaciones. “Por eso quiero seguir en forma, para que no vean un David Meca fondón”. ¿Podría plantearse un nuevo reto, con fines benéficos o no? “Buf, no sé si haré algún día otra de esas travesías locas, pero… ¡ojalá que sea así!”.

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