«Cada vez que leo el cartel en la autopista del Reyno de Navarra, siento algo especial dentro de mí». Aunque Idoia Sola lleve más de dos décadas lejos de la Comunidad foral, el cariño que siente por su tierra no ha dejado de correr por sus venas. De 50 años y natural de Cárcar, remarca que no ha olvidado sus raíces. Y lo hace sin nostalgia impostada y con la serenidad de quien ha construido una carrera internacional.
Vivió en la pequeña localidad navarra hasta los 18 años. Estudió en el colegio Virgen de Gracia y en el instituto de Lodosa, y su infancia estuvo muy marcada por sus abuelos, Jesús Mateo y Pilar Ruiz, propietarios de una humilde embotelladora de gaseosa La Casera. «Eran de los pocos en el pueblo con cámaras para hacer hielo, que luego repartían entre los agricultores que iban al campo», rememora Sola para Navarra Capital. Ella entonces no era consciente, pero acompañar a su abuelo en los repartos fue su primer contacto con el mundo empresarial.
Sus padres, Javier Sola y Pilar Mateo, eran agricultores. Así que Idoia dedicó muchos veranos a recolectar melocotones, nectarinas o peras. Todavía se emociona al recordar aquellos calurosos días de julio y agosto entre árboles. «Han pasado muchos años, pero me veo reflejada en esa cultura del esfuerzo que mi familia me ha inculcado», señala. Y quizá por ser la mayor de cuatro hermanas, tuvo claro desde muy joven que quería dedicarse al mundo directivo. «Soñaba con trabajar en una gran multinacional y viajar por el mundo. Hoy puedo decir que lo he cumplido», sentencia orgullosa.
LOS INICIOS
Con 18 años se trasladó a Pamplona para estudiar Derecho en la Universidad de Navarra. Tras licenciarse, envió más de 200 currículos antes de dar su primer gran paso profesional: el despacho París Abogados y Procuradores, ubicado en Barcelona, donde trabajó durante dos años. Después cursó un MBA en Esade Business School mientras realizaba prácticas en Adam Foods, propietaria de marcas como los caramelos Halls o los chicles Trident. «Entonces, me picó el gusanillo del mundo comercial y de las ventas. De inicio, me gusta aceptar que la competencia sea mejor que tú para remontar», resume con ambición.
Al terminar el máster, fichó por Sara Lee Corporation y vivió durante dos años en Ámsterdam, donde trabajó en el Departamento Global de Marketing de Ambipur. Una etapa intensa, marcada por la gestión de mercados en casi un centenar de países. «Cada uno defendía sus gustos locales. El olor a vainilla gustaba mucho en Malasia, los cítricos en Italia… Mi responsabilidad principal era unificar estos elementos para construir una marca global», explica.
El regreso a la Ciudad Condal llegó de la mano de Nestlé, que la fichó como Brand manager de marcas como Aquarel, Perrier y Viladrau. Allí afrontó un reto inverso al de Ambipur: adaptar la estrategia global a los gustos locales. «Llegamos a ser la segunda marca solo por detrás de Font Vella, y conseguimos introducir el producto en Mercadona«, destaca.
Su siguiente etapa profesional la llevó a Indo Optical, empresa dedicada a la comercialización de lentes oftálmicas y bienes de equipo, donde permaneció cinco años. ¿El objetivo? Contrarrestar la gran competencia que estaba apareciendo desde Francia, Alemania y Japón. «También trabajé como directora de Marketing en una joint venture junto a la empresa estadounidense Viva International. Teníamos licencia para comercializar monturas de gafas de marcas como Tommy Hilfiger, Guess o Gant en España y Portugal«, detalla. Durante ese periodo, fue madre de dos hijos, Pablo y María, universitarios hoy en día. «Hay decisiones que no volvería a tomar. Como tenía que viajar mucho, me perdí momentos importantes en sus vidas», asiente Sincera.
Más tarde se incorporó a la empresa sueca Essity (la antigua SCA), donde estuvo nueves años y construyó desde cero el Departamento de Customer Marketing. Además, fue nombrada directora comercial en España. Según comenta, por aquel entonces la empresa era uno de los interproveedores más importantes de Mercadona. En concreto, fabricaba papel higiénico y de cocina, servilletas y pañuelos, y era propietaria de marcas como Tena o Colhogar. Además, participó en la incorporación en SCA de la planta papelera de Allo tras la adquisición de Georgia Pacific en Europa.
EN FRIESLAND CAMPINA
Hoy es directora comercial en España y Portugal de Friesland Campina, «la mayor cooperativa láctea de Europa», con casi 20.000 ganaderos en Países Bajos, Bélgica y Alemania. Desde este puesto ha sido clave en el crecimiento del negocio en la Península Ibérica, ya que ha impulsado la transformación del modelo industrial y comercial tras la adquisición de la fábrica de quesos Millán Vicente en Zaragoza.
Friesland Campina, con más de 150 años de experiencia en el sector lácteo, quiso que formara parte de su plantilla con el objetivo de que la planta aragonesa realizara tareas que, hasta ese momento, llevaban a cabo terceras empresas. Por ejemplo, lonchear o cortar quesos en cuñas. Precisamente, la cooperativa solo comercializa queso y mantequilla en la Península Ibérica porque es difícil que la leche fresca del centro de Europa llegue en buenas condiciones. «He contratado a más de 35 personas solo para el equipo de ventas. Me considero una líder capaz de dar la vuelta al calcetín, en contraposición a los directivos en piloto automático que tienen miedo al cambio«, afirma.
Con importantes retos profesionales por delante, no descarta volver algún día a Navarra: «Si el proyecto es atractivo, me lo plantearía. La tierra tira», asegura. De lo que no hay duda es de que, si regresa, lo hará con ese nudo en el estómago que siente al ver el cartel de Reyno de Navarra en la carretera.













