La Fundación Banco de Alimentos de Navarra (BAN) hizo este viernes un llamamiento urgente a toda la sociedad navarra, ya que se enfrenta a un traslado «forzoso» de su sede central este verano. En concreto, la entidad señaló que la mudanza conllevará un coste extraordinario de 300.000 euros, «que pone en riesgo su actividad». De ahí que necesite este respaldo económico «para poder continuar distribuyendo alimentos de primera necesidad a más de 22.000 personas en situación de vulnerabilidad».
En una rueda de prensa celebrada este viernes en su todavía sede de Aizoáin-Berrioplano, la presidenta del BAN, Marisol Villar, explicó que la mudanza «no es una opción, sino una obligación impuesta por motivos ajenos a la voluntad de la fundación». Así, implica el desmontaje y posterior instalación de toda la infraestructura logística y administrativa: estanterías industriales, cámaras frigoríficas, maquinaria, oficinas, suelos, sistemas eléctricos, calefacción, saneamiento, pintura…
«Es un golpe durísimo. No solo tenemos que abandonar una nave en la que hemos trabajado durante diez años, sino que debemos afrontar una inversión que no teníamos prevista y que no está cubierta por subvenciones. Si no conseguimos reunir estos 300.000 euros, corremos el riesgo de no poder continuar nuestra labor este mismo 2025», afirmó.
El presupuesto anual actual del BAN asciende a 494.755 euros, una cantidad que se destina principalmente al funcionamiento básico de la entidad. Este presupuesto se sostiene gracias a una combinación de fuentes: financiación pública (40 %), aportaciones particulares (24 %) y apoyo de empresas y fundaciones (33 %).
«El margen de maniobra económica de la fundación es muy limitado, ya que la actividad del BAN se basa en la eficiencia y la optimización de recursos para llegar al mayor número posible de familias en situación de necesidad. Cada euro cuenta. No hay lujos. Todo va destinado a que los alimentos lleguen donde más se necesitan», subrayó Villar.
AUMENTO SUSTANCIAL DEL ALQUILER
Uno de los aspectos más preocupantes es el encarecimiento del alquiler de la nueva nave, ubicada en el polígono de Agustinos, que «duplica prácticamente el coste actual». Este último asciende a 38.610 euros anuales, mientras que el nuevo cuesta 79.560 al año: «Esta diferencia supone una carga añadida permanente para los próximos ejercicios, a lo que se suma el gasto extraordinario de 300.000 euros que debe realizarse de forma inmediata para habilitar la nueva nave».
De esta forma, el sobrecoste del alquiler «ya es una losa a futuro». «Pero lo urgente ahora es conseguir los fondos para acometer el traslado sin parar nuestra actividad ni un solo día. Pedimos la colaboración urgente de empresas, instituciones públicas y de toda la sociedad navarra. Esta causa es de todos. El hambre no espera», agregó la presidenta.
TRASLADO COMPLETO
El cambio de sede implica un operativo de gran complejidad. Además de la logística del traslado, «deben contratarse profesionales especializados para el desmontaje y montaje de estructuras metálicas, cámaras de frío, sistemas eléctricos, sistemas de climatización y adaptación completa de la nueva nave». No se trata solo de un cambio de dirección, sino de reconstruir desde cero todo un centro de operaciones solidario.
«En diez años hemos construido aquí una infraestructura que funciona como un reloj solidario. Ahora debemos desmontarla pieza a pieza y volver a ponerla en marcha en otro lugar, sin interrumpir nuestra labor diaria», incidió Villar.













