Esfuerzo y sacrificio. Dos valores que Mikel Purroy heredó de su familia y pronto llevó al mundo empresarial. Cuando creó Grupo Desobediente para desarrollar proyectos de hostelería, tenía claro que emprender también significa dudar, tropezar, adaptarse y cambiar el rumbo si es necesario. Con esa filosofía cofundó el bar Favela, un local ubicado en la calle Tejería de Pamplona que ha sufrido un despegue «duro y complicado» en su primer año de andadura: «Ha habido luces y sombras. Se ha llevado por delante amistades, dinero, ha traído problemas a casa… Ha sido difícil. Pero seguimos aquí y tenemos más fuerza que nunca. Hemos redefinido el proyecto, hemos evolucionado».
En un inicio, la propuesta de Favela se centraba en los tardeos y en dar cenas «que terminasen en fiesta». «Queríamos crear el típico establecimiento que, cuando visitas Madrid y ves alguno similar, piensas ‘esto no hay en Pamplona’. La idea era traer eso aquí», explica Purroy segundos antes de remarcar que los baches en el camino han provocado cambios importantes en el negocio.
«Estamos abiertos a sumar un socio hostelero. Nos encantaría hacer más grande este barco»
Ahora, la firma también apuesta por ofrecer eventos corporativos. «Hasta ahora, la gente solo ha venido los sábados de tardeo. Favela es un lugar polivalente y podemos hacer cualquier tipo de actividad. Por ejemplo, vamos a potenciar el afterwork de los jueves y a realizar ejercicios de team building«, detalla tras apuntar que, de hecho, recientemente colaboró con Coffing para brindar un desayuno a una empresa navarra. «Ellos pusieron la comida y nosotros el espacio. Fue una muestra clara de lo que queremos potenciar: alianzas, experiencias diferentes y un uso más amplio del local. Favela no es solo un bar para salir, es un lugar donde pueden pasar muchas cosas. Tenemos capacidad para 50 comensales y 88 personas en el espacio de fiesta», detalla.
¿UN LOCAL MALDITO?
La Sureña, Harmony Pizza Burger & Beer, Basque Truck… Son varios los negocios que cerraron sus puertas tras instalarse en el mismo establecimiento que hoy ocupa Favela. Tanto es así que algunos pamploneses bromean con que se trata de un «local maldito», un espacio en el que, por una razón u otra, los establecimientos no terminan de cuajar.
«Yo mismo lo he comentado en un vídeo lanzado en las redes sociales que, por cierto, ha tenido una buena acogida. Ahora bien, pienso que no se trata del local, sino del enfoque. Es un espacio grande y hay que dar lo que pide. Eso sí, la calle en la que estamos es dura. Muchos vecinos se quejan, por ejemplo, del ruido. Pero día a día demostramos que hacemos las cosas bien y persistimos. Queremos mejorar y por eso estamos abiertos a sumar un socio hostelero, nos encantaría hacer más grande este barco», concluye Purroy.










