El desencadenante de esta curiosa historia es un ascensor. En 2016, Javier Azanza, propietario de Bearán Bar & Rooms, ubicado en el número 25 de la calle San Nicolás de Pamplona, reformó el edificio y conectó físicamente sus dos líneas de negocio: el bar-restaurante y el hostal. «Quería que fuera una única unidad», recuerda Azanza para Navarra Capital.
Sin embargo, durante las obras, el dueño de Bearán Bar & Rooms aparcó temporalmente uno de sus principales proyectos: bajar el ascensor del hostal, situado en la primera planta, a ras de suelo para que el alojamiento fuera completamente accesible. ¿El hándicap? Colocar el elevador a pie de calle reducía de forma considerable la superficie del bar-restaurante. «No podíamos quedarnos sin ese espacio de barra tan reclamado. Era imposible», rememora.
La idea se quedó hibernando hasta principios de 2024, cuando le surgió la «oportunidad» de comprar el edificio del número 23. Así, Javier adquirió el bloque entero, cuya superficie total asciende a 250 metros cuadrados, y amplió el proyecto inicial. De esta forma, ha unido ambos inmuebles para ganar diez nuevas habitaciones, está reformando el interior del hostal, ha renovado el local hostelero por completo con un estilo que combina «lo moderno y lo rústico», ha retomado la iniciativa del ascensor… «No pensaba realizar una transformación tan fuerte. Sin embargo, una vez metido en este fregado, pensé que debía hacer algo diferente, nuevo y rompedor. Me reuní con los arquitectos, les expliqué mi idea y nos lanzamos», relata.

El Hostal Bearán tendrá diez habitaciones más tras comprar el edificio del número 23.
Las obras arrancaron el 25 de enero del año pasado, los trabajos en el bar-restaurante se prolongaron durante más de diez meses y Javier estima que el hostal estará de nuevo operativo a finales de marzo o principios de abril. «Tengo unas ganas tremendas de terminar para solo centrarme en lo que controlo y sé hacer: cocinar. Está siendo complicado porque realizar una obra de este calibre en el Casco Viejo es muy difícil. A menudo te encuentras con muchos problemas, sobre todo de accesibilidad. Por suerte, el equipo se ha involucrado desde el principio y, entre todos, hemos ayudado a sacar escombros, traer materiales, tratar la piedra…», agradece.
COCINA TOTALMENTE VISIBLE
Una de las dos áreas del proyecto ya está a pleno rendimiento. El bar-restaurante, que ha pasado de 220 a 250 metros cuadrados y cuyo aforo ha ascendido de 70 a 100 comensales, reabrió el pasado 10 de diciembre. «La gente ha respondido desde el primer día. Este último mes ha sido una avalancha», destaca.
Los trabajos de renovación han consistido, principalmente, en redistribuir los distintos espacios, crear un nuevo comedor y diseñar una cocina completamente abierta al público. «No queremos esconder nada a la gente, como en los establecimientos japoneses de cocina teppanyaki. Para mí es muy importante que los clientes vean cómo se elaboran los platos, interactuar con ellos y palpar su reacción», especifica.
La cocina, recién estrenada, es más amplia que la anterior, está «mejor dotada» y cuenta con nuevos equipamientos como las brasas. De ahí que Javier y su equipo, compuesto por veinte camareros y cocineros, hayan enriquecido la oferta gastronómica del Bearán. «Estamos poniendo en marcha ideas que ya teníamos en mente, pero que no podíamos realizar», incide. Por ejemplo, carnes a la brasa o carrilleras crujientes. «Es un plato innovador que está gustando muchísimo», defiende.

El bar-restaurante Bearán ya luce su nueva cocina, que está totalmente abierta al público.
En la misma línea, está «potenciando» recetas que ya preparaba anteriormente como las manitas a la plancha con boniato y chutney de tomate; el falso risotto con huevo tierno, hongo, shitake y queso de Roncal; o los woks. «Disponemos de fuegos con mayor potencia, que nos permiten ir más allá», subraya. En este sentido, el Bearán mantiene la propuesta gastronómica que le caracteriza, basada en una cocina fusión con productos de temporada, mientras que en la barra se siguen exponiendo clásicos como el frito de tigre. «No lo puedes quitar», asiente.
DESDE 1902
Por otro lado, el hostal encara la recta final de la remodelación. En concreto, pasará a tener veintiséis habitaciones (dobles e individuales), de las que diez serán totalmente nuevas (el resto se están renovando). «Una será especial porque tendrá una pequeña cocina incorporada», adelanta el propietario del negocio. Además, Javier posee otras seis habitaciones ubicadas en el primer piso del número 24: «Está justo enfrente. Era una antigua posada, que tenemos desde 2018». Estas seis dependencias permanecen abiertas al público durante la renovación del hostal, donde trabajan tres personas.
El origen de ambos negocios se remonta a principios del siglo XX. En 1902, Narciso Bearán fundó el bar-restaurante y, dieciséis años después, abrió el hostal. Narciso regentó el negocio durante décadas; después los proyectos pasaron por distintas manos; y, en 1987, la familia de Javier adquirió la propiedad del hostal. Doce años más tarde, se hicieron con el bar-restaurante.












