lunes, 8 marzo 2021

El CrossFit aprieta los dientes

Es uno de los deportes de moda. Es más, el CrossFit se ha convertido para muchos en una filosofía de vida. Hoy, la marca norteamericana factura ya 45 millones de dólares al año. Por eso, Capital Sport quiere analizar la situación actual de los espacios deportivos donde se practica en Navarra. En concreto, la Comunidad foral se encuentra a la cola en España en cuanto a número de instalaciones, pero cuenta con una legión de fieles seguidores, que buscan la forma de esquivar el golpe de la pandemia.

Iñaki Ciordia
Pamplona - 15 febrero, 2021

El uso de mascarillas es obligatorio en los recintos de CrossFit. (Foto: cedida)

A principios de la década pasada, el CrossFit empezó a afianzarse en España como una nueva forma de entrenamiento. Supuso una revolución, ya que buscaba realizar el máximo trabajo físico en el mínimo tiempo posible, a través de la intensidad de los ejercicios. De hecho, algunos expertos aseguran que en veinte minutos de entrenamiento se queman 260 calorías.

En el año 2000, el estadounidense Gregg Clasmann fundó el primer gimnasio de CrossFit. Diversas estimaciones calculan que dicha marca factura 45 millones de dólares al año con sus más de 15.000 ‘boxes’, repartidos en unos 150 países.

Uno de los episodios más mediáticos tuvo lugar en junio del año pasado, cuando Reebok decidió romper con CrossFit. El divorcio se produjo tras un comentario de Clasmann sobre la muerte de George Floyd a manos de la policía de Minneapolis. Reebok llevaba desde 2010 como su marca principal.

Navarra cuenta con cinco gimnasios oficiales, los mismos que La Rioja y solo por delante de Cantabria.

Hoy, Navarra cuenta con cinco gimnasios oficiales, pero todavía está a la cola a nivel nacional, igualada con La Rioja y solo por delante de Cantabria. ‘Ranking’ que lideran Cataluña y Madrid con 105 y 85 respectivamente, de un total de más de 500 boxes en toda España.

Miguel Etayo es uno de los socios de Queiron CrossFit, un ‘box’ ubicado en Mutilva. Comenzó hace ocho años y, desde entonces, no ha dejado de crecer. “Mis primeros socios eran policías forales y, en muy poco tiempo, pasamos de treinta a 150 socios. Eso para mí fue todo un ‘boom’. Ahora mismo tendremos unos 300 y nos hemos conseguido mantener”. Etayo recuerda cómo fueron sus inicios en 2013: “Un amigo mío me decía que las pesas son antinaturales y que no van con la forma de ser de los navarros porque somos más de correr o de ir al monte. Primero monté un ‘box’ en Santander y luego comenzamos en Navarra. Así hasta ahora”.

Miguel Etayo: “Mis primeros socios eran policías forales y, en muy poco tiempo, pasamos de treinta a 150. Ahora mismo tendremos unos 300 y nos hemos conseguido mantener”.

CrossFit, con sede en Colorado, vende la licencia de uso de su marca a terceros, pero no lo hace en forma de franquicia, sino mediante afiliaciones. Cada centro que quiera impartir este deporte de forma oficial debe pagar una cuota anual de 3.000 dólares. También existe un sistema de licencias para entrenadores, de cuatro niveles. El primero, con un coste de 1.000 dólares, es imprescindible para poder abrir un gimnasio asociado. “Se trata de un curso teórico y, en un fin de semana, los responsables de Crossfit te enseñan las claves. A partir de ahí, y una vez tienes el nivel 1, pagas la afiliación. Es decir, les escribes y les dices que quieres montar un ‘box’, que tienes la licencia y ellos te dan el visto bueno”, explica Etayo. Un trámite imprescindible para poder usar la palabra Crossfit en un negocio.

Sobre el futuro, Etayo se muestra tranquilo a pesar de los efectos de la pandemia. “2019 fue nuestro mejor año. Pasamos momentos complicados en 2020, pero creo que la gente es consciente de la importancia del deporte no solo para el físico, sino también para la mente”.

ADAPTARSE A LOS NUEVOS TIEMPOS

En el polígono de Cordovilla se encuentra CrossFit Runa, un espacio con más de 1.000 metros cuadrados. Durante el confinamiento, sus responsables apostaron por las clases online con el objetivo de no perder a sus socios y ganar en clientes potenciales. “Los socios los hemos mantenido porque no puedes aumentarlos al tener limitado el aforo”, comenta Álex Fernández, director deportivo del centro.

Actualmente, cuenta con más de 500 socios. Una cifra que se ha frenado por el Covid-19 cuando mejor marchaba el negocio. “Estábamos en un buen momento antes de la pandemia. No sé si era el mayor ‘boom’ que había habido, pero sí se notaba que la gente se empezaba a mover más por entrenamientos funcionales, CrossFit y demás”, agrega Fernández.

Los precios oscilan desde los 40 euros al mes y los 120 euros, pero hoy en día se antoja una cantidad insuficiente para cuadrar las cuentas: “A los productos de desinfección, mascarillas y termómetros, se han unido los protocolos antiCovid. Esto supone una inversión alta, ya que te reduce el aforo y te incrementa el gasto, con una mayor inversión en ‘coaches'”.

Álex Fernández: “No voy a engañar, esperábamos más ayudas. Sobre todo en mascarillas y productos de limpieza y desinfección. Es un gasto mensual muy alto para un gimnasio como el nuestro”.

El propio Fernández se muestra decepcionado por el escaso apoyo económico de las instituciones. “No voy a engañar, esperábamos más ayudas. Sobre todo en mascarillas y productos de limpieza y desinfección. Es un gasto mensual muy alto para un gimnasio como el nuestro”.

Las consecuencias de la pandemia también se hicieron notar en el personal que trabaja en las instalaciones. “Tuvimos a más de la mitad de los empleados en ERTE. Después, al abrir tras el estado de alarma, nos vimos obligados a hacer contratos por horas. Hemos trabajado con mucha incertidumbre. Fue una época en la que nos tocó apretarnos el cinturón y ver cómo amortizar todo”, lamenta el director deportivo del ‘box’.

Ahora, Fernández y el resto del equipo tratan de mirar hacia delante, siendo conscientes de las enormes dificultades a las que se enfrentan: “Hemos llegado a un punto de estancamiento por normativas y aforos. Y creo que esto se mantendrá durante un tiempo que no será corto. Los gimnasios son muy seguros si se hacen las cosas bien. Solo espero que no haya más restricciones”.

Unas limitaciones que se han traducido en mantener una distancia de 20 metros cuadrados por persona en actividades que impliquen desplazamientos o de 8 metros cuadrados cuando se realicen sin desplazamientos. En todo caso, es obligatorio el uso de mascarilla.

A pesar de la delicada situación que atraviesan, los ‘coaches’ no han dejado de proponer ejercicios y planes nuevos. Todo un ejemplo de optimismo. “Los que llevamos las instalaciones no estamos desanimados porque seguimos trabajando y sigue habiendo opciones para hacer deporte. La pena es que la situación actual está atascada y esa incertidumbre con la que vivimos da miedo”, remata Fernández.

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