lunes, 28 noviembre 2022

El futuro de la autonomía estratégica en Europa

La autora pone en valor la importancia de que Europa cuente con una autonomía estratégica. En este sentido, defiende la necesidad de no depender de actores externos. Un objetivo para el que los socialistas europeos han propuesto tres medidas a la Comisión Europea: una tasa a los beneficios extraordinarios de las grandes eléctricas, "que intervenga el mercado eléctrico"; establecer un precio máximo a la electricidad; y un pacto social europeo para que los ciudadanos europeos "no tengan que elegir entre pagar la factura de la luz o la cesta de la compra".

Redacción
Pamplona - 25 noviembre, 2022

Adriana Maldonado.

¿Se imaginan que el 7 % del PIB de Alemania se paraliza? Es el país de Europa donde el sector automovilístico tiene mayor peso y, por tanto, su economía tiene la mayor dependencia de este sector. La llegada de la pandemia, y concretamente el cierre de las fábricas de coches, hizo visible un problema que ya existía, pero del que no éramos del todo conscientes. La falta de una autonomía estratégica fuerte en Europa provocó, en ese momento, que la reactivación de la producción automovilística no fuera suficiente para cubrir la demanda de los ciudadanos. Y esto ocurrió porque no disponíamos de los componentes necesarios en Europa como, por ejemplo, semiconductores. 

La escasez de estos suministros se planteaba en 2021 como uno de los mayores obstáculos para la recuperación postpandemia a nivel industrial, y es que no será posible una transformación digital sin suministros estables de chips. Por eso, la reciente Ley Europea de Chips reforzará el liderazgo tecnológico de Europa y contribuirá a la doble transición digital y ecológica. Aunque la investigación y el diseño de chips son punteros en Europa, la fabricación se concentra en países como Corea del Sur, Japón o Taiwán. Al mismo tiempo, la cuota actual de mercado mundial de microchips correspondientes a la Unión Europea es de un 10 % y se pretende que, en 2030, represente al menos el 20 % de la producción mundial.

Este concepto tan complejo da respuesta a los problemas de un mundo que cambia rápidamente y en el que se intensifica cada vez más la rivalidad entre potencias. ¿Cómo toma las decisiones Europa ante las crisis? ¿Atiende a sus valores o debe ceder ante las presiones externas por la escasez de productos necesarios en la Unión? Según el investigador Paul Timmers, la autonomía estratégica es la capacidad de los Estados para decidir y actuar sobre aspectos esenciales de su futuro a largo plazo en la economía, la sociedad y sus instituciones. 

“Si invertimos en Europa, el resultado tendrá valores europeos, mientras que, si dependemos de China o Estados Unidos, no podemos garantizarlo”

Uno de los objetivos de la Unión Europea debe ser perseguir sus intereses y valores sin depender de actores externos. Es nuestra responsabilidad como representantes públicos establecer una regulación que proteja los derechos de las personas y la competición justa entre empresas, así como vigilar que no exista discriminación de ningún tipo. Si invertimos en Europa, el resultado tendrá valores europeos, mientras que, si dependemos de China o Estados Unidos, no podemos garantizarlo. 

Durante la pandemia, ante la falta de material sanitario y la dependencia comercial de Europa con China, se evidenció la necesidad de una autonomía estratégica fuerte. Y el verdadero problema no fue que tuviéramos que depender de otro país, sino que no pudimos elegir de qué país depender porque China era el único capaz de abastecer, por ejemplo, de mascarillas. 

Energéticamente, es conocido que Europa depende de Rusia en cerca del 40 % de su gas natural. Pero nadie fue capaz de identificar que un recorte en el suministro afectaría, como estamos viendo, muy gravemente a los países europeos. De nuevo, aparecen los valores para plantearnos si estamos dispuestos a financiar el horror o si, por el contrario, debemos buscar no depender de Putin.  

“La Comisión se prepara para mitigar los efectos del próximo invierno, por ejemplo, tratando de diversificar las rutas y fuentes de suministro energético”

Los socialistas europeos propusimos tres medidas muy concretas a la Comisión Europa: una tasa a los beneficios extraordinarios de las grandes eléctricas, que intervenga el mercado eléctrico; establecer un precio máximo a la electricidad; y un pacto social europeo para que los ciudadanos europeos no tengan que elegir entre pagar la factura de la luz o la cesta de la compra. La Comisión confirmó que los Estados miembros pueden fijar precios regulados para los consumidores vulnerables, y se prepara para mitigar los efectos del próximo invierno, por ejemplo, tratando de diversificar las rutas y fuentes de suministro energético. 

En definitiva, la Unión Europea tiene la difícil tarea de reposicionarse en el mundo y consolidar una posición propia, autónoma e independiente. La buena noticia es que Europa tiene a su disposición palancas económicas, tecnológicas y políticas. Y, como dice el ministro Albares, “preservar la autonomía estratégica no implica desglobalizar, y eso precisamente es lo que debemos hacer”. 

Adriana Maldonado
Eurodiputada socialista

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