La innovación agroalimentaria vive un momento especialmente dinámico en España y Europa impulsada por los requerimientos de sostenibilidad, digitalización, promoción de la salud y la seguridad en el suministro de alimentos que afronta esta industria. Además, programas como Horizon Europe junto a estrategias tipo ‘De la granja a la mesa’ han intensificado la colaboración entre centros tecnológicos, universidades y empresas. Todo ello ha redundado en una aceleración en la transferencia de conocimiento. También, ha favorecido el desarrollo de soluciones más novedosas y maduras. En este contexto, los avances más importantes se han producido en ámbitos como la reformulación saludable y la nutrición adaptada, la biotecnología aplicada (con avances destacados en fermentación de precisión), el procesado avanzado, los envases sostenibles, la penetración de la Inteligencia Artificial y los gemelos digitales además del impulso a modelos circulares.
Al otro lado del Atlántico, por su parte, la fuerte inversión privada junto a la agilidad regulatoria han situado a los Estados Unidos a la vanguardia de tecnologías disruptivas como la agricultura celular o el foodtech digital.
De forma paralela a estos movimientos, CNTA (Centro Nacional de Tecnología y Seguridad Alimentaria) ha protagonizado una evolución notable en la última década. En concreto, ha pasado de una plantilla de 105 personas a las 280 actuales, de las que más de 120 se dedican directamente a I+D impulsando proyectos estratégicos como el Plan Complementario de Agroalimentación (Agroalnext), el PERTE Alimentario Spain Food Valley o la integración de CNTA con FUDIN by CTIC-CITA, en 2024. Esos cambios, además, han influido en su manera de innovar. «Hemos evolucionado de una innovación incremental a una más disruptiva, pasando de actuar como proveedor tecnológico a convertirnos en socio estratégico», explica Inés Echeverría, su directora de I+D+i. En ese sentido, añade que la labor de su institución «ya no consiste solo en ofrecer soluciones puntuales sino anticiparse a las necesidades futuras del sector, identificar oportunidades emergentes y acompañar a las empresas en todas las fases: desde la detección del reto hasta la implantación final en el mercado».
En la última década, CNTA ha pasado de una plantilla de 105 personas a las 280 actuales, de las que 120 se dedican a I+D.
Gracias a esa transformación, CNTA ha consolidado diversas líneas de investigación. Entre ellas, la biotecnología alimentaria basada en una amplia colección de cepas microbianas de interés industrial o el desarrollo y optimización de procesos fermentativos de precisión. «Otra línea destacada es la plataforma para estudiar propiedades saludables en ingredientes y alimentos y su impacto en la microbiota intestinal apoyada en metabolómica, cultivo celular, fermentación colónica y modelos in vivo», explica Echeverría. Sin olvidar, los avances en nutrición adaptada o la digitalización de procesos, según comenta, «cuenta con sistemas de monitorización y modelización asistida por IA que buscan mejorar la eficiencia de las líneas de producción».
RETOS A CORTO PLAZO
No obstante, una vez establecida la infraestructura y logrados los primeros objetivos, la directora de I+D+i de CNTA identifica tres grandes desafíos que marcarán la agenda en el área de la innovación agroalimentaria en el corto plazo. «El primero es acelerar el desarrollo de los alimentos más sostenibles y seguros mediante la aplicación combinada de biotecnología, procesado avanzado y herramientas digitales», afirma.
A este desafío se debe añadir la necesaria actualización de los marcos regulatorios «para que acompañen a innovaciones que avanzan con rapidez como la edición genética, la fermentación de precisión o los envases inteligentes». Y, en tercer lugar, que estas soluciones, según manifiesta, «lleguen al consumidor aportando valor, confianza y precios competitivos». La clave, resume, está en la coordinación. «La prioridad es sincronizar ciencia, regulación y mercado para transformar la alimentación de forma viable y escalable», dice.

Según Inés Echeverría, la fermentación de precisión y los subproductos alimentarios serán tendencia en I+D agroalimentaria
Por lo que respecta a tendencias, en opinión de Inés Echeverría, sobresalen dos «especialmente sólidas». Se refiere, en concreto, a la fermentación de precisión, «una tecnología cercana al mercado europeo pese a las barreras regulatorias pendientes». En esa misma línea está la reincorporación de subproductos alimentarios a la cadena de suministro: «Ya es una realidad y se generalizará en los próximos años por la escasez de materia prima causada por el cambio climático y las tensiones geopolíticas», vaticina. Bajo su punto de vista, «la circularidad se perfila como uno de los grandes motores de resiliencia industrial».
Como complemento a todo lo anterior, y dentro de una mirada más amplia que abarca los próximos diez o quince años, Echeverría prevé una «transformación profunda» del sistema alimentario hacia propuestas cada vez «más personalizadas, sostenibles y digitales». «A este escenario contribuirá la fermentación de precisión, el cultivo celular, las plantas automatizadas con gemelos digitales, los sistemas avanzados de IA y los envases activos y biodegradables», indica. También lo harán los microbiomas funcionales y la biotecnología aplicada al diseño de alimentos con efectos específicos sobre la salud. En conjunto, sostiene, «la frontera entre alimentación, biotecnología y datos será cada vez más difusa».
LA IA Y EL CAMBIO CLIMÁTICO
Más allá de estas consideraciones, hay dos aspectos que van a desempeñar un papel fundamental en los procesos de innovación agroalimentaria. «La Inteligencia Artificial se ha consolidado como un acelerador fundamental por su capacidad para analizar grandes volúmenes de datos ómicos, identificar patrones genómicos relevantes, optimizar procesos de fermentación, diseñar microorganismos funcionales o mejorar el procesado mediante sistemas de sensores y algoritmos avanzados», reconoce la directora de I+D+i de CNTA. E, insiste, «bien utilizada, es una herramienta que ya se ha hecho imprescindible no solo para reducir tiempos y aumentar la fiabilidad de los procesos, sino también para alcanzar soluciones hasta hace poco inalcanzables».
La otra fuerza determinante, que está reorientando la investigación, es el cambio climático que está obligando a la búsqueda de cultivos más resistentes a la sequía y al calor; o a diseñar procesos productivos que requieren menos agua y energía. Para ello, los investigadores recurren a la biotecnología y herramientas digitales que les permitan anticipar riesgos al tiempo que les garantizan calidad y seguridad en sus iniciativas. «El cambio climático está cambiando la forma en la que investigamos la alimentación», concluye Inés Echeverría convencida de que la dieta del futuro deberá ser resiliente, además de sostenible.













