El último Palacio del Reyno

viernes, 25 septiembre 2020

El último Palacio del Reyno

Olvidado por completo, devorado por la acción de la vegetación y el desgaste continuado de sus muros y techumbres, el renovado Palacio de Cabo de Armería de Olloqui dibuja desde junio un nuevo semblante. Un renacer distinto al que esta noble casa desprendió durante años como lugar destacado en la historia de Navarra, pero mostrando casi intacta su personalidad, elegancia y bello jardín. Ese por el que tantas veces paseó la tía de San Francisco Javier.

Cristina Catalán
29 agosto, 2020

Muros centenarios de piedra llenos de historia, torreones, bellas escalinatas, jardines palaciegos… Un enclave del pasado navarro rehabilitado respetando su herencia arquitectónica, que ha dado vida a esta fortificación inigualable donde celebrar encuentros, reuniones y fiestas especiales, y que abrió sus puertas el pasado mes de junio.

Es el Palacio de Cabo de Armería de Olloqui, la que fuera una de las doce ricas casas del Reino. Su fachada flanqueada por dos torreones enmarca el amplio y señorial portalón en el que destaca su escudo nobiliario. Sus murallas, recuperadas sin añadir piedras nuevas, rodean diferentes áreas dispuestas en terrazas para la celebración de todo tipo de eventos privados, com, como presentaciones de coches, jornadas, exposiciones, conciertos, galas, etc. “Queríamos un sitio que pudiera albergar eventos al aire libre y que tuviera personalidad. Y este palacio lo cumple todo”, indica Antonio Correia, gerente del Palacio de Cabo de Armería.

Su espacioso jardín permite eventos al aire libre.

Su espacioso jardín permite eventos al aire libre.

Un enclave ideal en el que se pueden celebrar encuentros en el jardín, pero si el tiempo no lo permite se pueden realizar dentro disfrutando de las vistas, puesto que sus grandes ventanales y techo acristalado permiten seguir teniendo ese contacto visual con el exterior. El interior puede albergar hasta 300 personas, y en el exterior existe una carpa para 200 personas, y otra para 400 más.

Para las empresas, todo está cuidado al detalle atendiendo las necesidades específicas que estas requieren, como pantallas, wifi, catering, etc. También se cumple, por supuesto, la normativa sanitaria y de seguridad contra el Covid. “Estamos pensando en la posibilidad de albergar juegos de rol, teatro o gestionar excursiones. Pero siempre que sea algo fino y elegante. Además, nos caracterizamos por nuestra exclusividad, pues solo albergamos un evento por día”.

HOGAR DE LA TÍA DE SAN FRANCISCO JAVIER

Este palacio perteneció a la familia Olloqui, que ocupa un lugar destacado en la historia de Esteríbar y de Navarra como familia Agromontesa. Doña Margarita de Jasso y Atondo, hermana del insigne y leal caballero navarro Don Juan de Jasso, padre de San Francisco Javier, fue señora de este palacio y aristocrática mansión de pura nobleza tras casarse con Don Juan de Olloqui, señor del pueblo y palacio de Olloqui, caballerizo mayor del Rey, a quien pertenecía desde 1493 el Señorío de Olloqui.

El interior, con ventanales y techo acristalado permite tener contacto visual con el exterior.

El interior, con ventanales y techo acristalado, permite tener contacto visual con el exterior.

Palacio de Cabo de Armería era el lugar donde residía el titular del cargo de Cabo de Armería, también llamado Cabo de Linaje. En Navarra, la calidad de Cabo de Armería estaba vinculada esencialmente, más que a una persona, al palacio o solar noble propiamente dicho, que era el que ostentaba la condición de Cabo de Armería. El palacio era su casa fuerte, era el lugar que debía defenderse y desde donde se capitaneaba la defensa del pueblo o comarca en que estaba enclavado. 

Sus muros mantienen las piedras originales de este espacio noble.

Sus muros mantienen las piedras originales de este espacio noble.

Abandonado por completo, “devorado por la acción de la vegetación y el desgaste continuado de sus muros y techumbres, las inclemencias del tiempo y el paso de los años, además de por el vandalismo insensible”, llegó a manos de sus actuales propietarios, quienes han conseguido aportarle un esplendor especial, un lustre y un olor a nobleza, a leyenda, a elegancia. Han rescatado un pedazo de historia, un fragmento de leyendas palaciegas congeladas en el tiempo entre sus paredes que hoy albergan fiestas y encuentros especiales para que también formen parte de la memoria de todo el que venga a este palacio a vivirlas.

 


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