sábado, 27 junio 2026

El X Campus Ultzama propone una vivienda social imaginativa y “abierta” a la ciudad

Convertir un solar en un pequeño barrio de viviendas públicas unifamiliares con piscina y bosque, que un inmueble de diez pisos tenga una cubierta transitable con vistas a Mendillorri o dotar a dos edificios de VPO de una piel exterior retráctil que asegure el bienestar de sus inquilinos. Estas fueron las soluciones presentadas este sábado por el alumnado del X Campus Ultzama, impulsado por Fundación Arquitectura y Sociedad y patrocinado por Nasuvinsa.


Pamplona - 27 junio, 2026 - 12:35

El Campus Ultzama volvió a reunir este año a arquitectos contrastados con jóvenes profesionales con enorme proyección. (Fotos: Pablo García).

El Campus Ultzama cerró este sábado su décima edición con la presentación de los proyectos elaborados por los dieciocho jóvenes arquitectos que han participado en esta convocatoria, procedentes de Estados Unidos, Portugal, Eslovenia y España. La iniciativa, impulsada por Fundación Arquitectura y Sociedad y patrocinada por Nasuvinsa, lleva dos lustros reuniendo a estudiantes con talento y proyección internacional para enfrentarles, durante una semana, a un reto tan simple en su enunciado como exigente en su ejecución: diseñar vivienda protegida de verdad, sobre parcelas concretas y con condicionantes que no admiten atajo. En esta edición, los terrenos escogidos se encuentran en Noáin, Ripagaina y Sarriguren, y los proyectos debían incorporar sistemas de construcción industrializada como requisito expreso de la empresa pública de suelo y vivienda.

En este contexto, y antes de la presentación de los proyectos, el arquitecto Patxi Mangado, impulsor del Campus Ultzama, se mostró satisfecho con lo presentado este año. Para él, el valor del campus reside precisamente en el tipo de reto que plantea: un proyecto real, con condicionantes concretos, que obliga a los estudiantes a dar el salto desde la lógica académica hacia la práctica profesional. «Cuando se enfrentan a esas cosas, se ilusionan mucho», señaló. Y, añadió que, «suele ser una de las primeras veces que trabajan con un proyecto real y el hecho de que haya profesores de mucha calidad que les ayudan en ese tránsito es fundamental». En su opinión, por tanto, el resultado alcanzado en apenas una semana cumple sobradamente los objetivos del campus, teniendo en cuenta las exigencias de las parcelas y las condiciones de vivienda marcadas por Nasuvinsa.

Mangado aprovechó la ocasión para trasladar a los participantes una de sus convicciones más arraigadas sobre el oficio: que la arquitectura de calidad no consiste en esquivar las limitaciones de la realidad, sino en transformarlas. «El buen arquitecto no es el que renuncia a la realidad, es el que transforma la realidad en algo mucho mejor», afirmó. En esa misma línea, reivindicó la importancia de aprender a formular las preguntas correctas antes de lanzarse a dar respuestas. «Es más importante hacer buenas preguntas que dar buenas respuestas», subrayó, y apuntó que ese es uno de los déficits de la universidad actual: «No sé si enseña respuestas, pero desde luego no motiva a preguntarse, que es realmente lo inteligente».

El acto final del campus, al que también acudieron Javier Burón, director gerente de Nasuvinsa y la responsable de la sección de Proyectos y Estudios de la citada sociedad pública, Maitane Zazu, fue también una oportunidad para que Mangado reivindicara el lugar que ocupa Navarra en el panorama arquitectónico internacional. A su juicio, si se midiera la calidad de la arquitectura por habitante o por metro cuadrado, la Comunidad foral estaría a la cabeza a nivel mundial, por encima incluso de Madrid y Barcelona. «He dado muchas vueltas por el mundo, he presentado lo que se hace aquí en escuelas muy prestigiosas y todo el mundo se queda verdaderamente asombrado», afirmó.

LOS PROYECTOS FINALES

El equipo que trabajó sobre la parcela de Sarriguren, con capacidad para 96 viviendas, partió de un elemento preexistente en el entorno: el muro perimetral de una escuela cercana. Para Franco Cardone, portavoz del grupo, ese muro fue el detonante conceptual de los tres proyectos desarrollados durante su estancia en el Campus. «Lo que queremos es hacer soñar a quienes caminan alrededor del sitio y que se pregunten qué hay dentro, a través de las pistas que la propia arquitectura nos deja», explicó.

De esta forma, las tres propuestas en la que trabajaron comparten esa voluntad de crear un interior sugerente e inesperado. Una, por ejemplo, planteó transformar el solar en un pequeño barrio de viviendas públicas unifamiliares con calles y plazas propias. Por su parte, la segunda propuso organizar los apartamentos en torno a un patio central con agua y piscina. Y, finalmente,  la última convirtió el corazón de la manzana en una especie de bosque cuyas copas de árboles serían visibles desde el exterior. «Desde afuera ves esas copas, que te sugieren algo, y adentro encuentras ese especie de paraíso, un sitio para compartir y disfrutar todos juntos», describió Cardone.

En Ripagaina, donde el proyecto contempla alrededor de cien viviendas, Belén Santiago e Irene Palacios aseguraron, en nombre de sus compañeros, que afrontaron el reto de trabajar con una altura impuesta de diez plantas en un entorno ya muy densificado. Su respuesta fue abrir el edificio hacia la ciudad. «Queríamos que, aunque por fuera apareciese un poco masivo, tuviese toda la permeabilidad posible por dentro», comentaron.

Para lograrlo, jugaron con retranqueos y variaciones de altura que rompen la percepción de bloque, y proyectaron una cubierta transitable conectada por pasarelas que ofrece vistas hacia Mendillorri y el parque trasero que rodea la parcela. La fachada, por otro lado, incorporó chapa y elementos prefabricados, y el proyecto buscó además que la vegetación del parque posterior descienda de forma natural hacia la trama urbana, integrando naturaleza y ciudad en una sola pieza.

Los criterios medioambientales junto al bienestar del usuario marcaron la presentación de los proyectos presentados por el alumnado del Campus Ultzama.

El solar de Noáin fue, por su complejidad, el escenario más exigente. Dividido en dos parcelas separadas y rodeado de infraestructuras (el aeropuerto, la autopista y la línea de tren), el terreno funciona como una bisagra entre lo urbano y lo rural. En este caso, Luis Herrero del Barrio compartió una propuesta que trata de convertir esa condición límite en oportunidad: un patio central actúa como jardín compartido entre los dos edificios y como prolongación natural de la plaza existente. «Es una zona de transición entre muchas cosas, porque también se encuentra la realidad rural: dando unos pocos pasos hay una presencia del campo», señaló.

Asimismo, el equipo incorporó además criterios climáticos precisos: ventilación cruzada junto a una piel exterior retráctil que protege del sol en verano y se abre en invierno, por citar solo dos de esos elementos. Y, reflexionó sobre la dimensión temporal del proyecto, dado que las viviendas son de protección oficial con cesión de uso a 75 años. «Tienes que diseñar teniendo en cuenta que tú no eres el mismo durante ese tiempo, así que tu vivienda tampoco tendría que serlo. Esa adaptabilidad es lo que hemos querido transmitir con esta propuesta», argumentó.

ALTERNATIVAS SOSTENIBLES EN CONSTRUCCIÓN

Previamente, este viernes concluyó el ciclo de conferencias que se han desarrollado durante la celebración del X Campus Ultzama. En esta ocasión, la ponencia final corrió a cargo José Manuel Toral, arquitecto del estudio barcelonés Peris + Toral Arquitectes, quien ofreció una intervención centrada en la construcción con tierra como respuesta a la emergencia climática que atraviesa el sector. El punto de partida fue contundente: «La construcción es responsable del 40 % de las emisiones globales, y el cemento representa el 25 % de ese porcentaje. De alguna manera, tenemos que encontrar alternativas», aseguró. Esa búsqueda ha llevado a su estudio a trabajar codo con codo con Targaterra, empresa especializada en la fabricación industrial de bloques de tierra comprimida que, antes de dar el salto a este material, se dedicaba a la producción de hormigón.

Toral explicó que la clave técnica de este cambio reside en sustituir el cemento —el aglutinante que une los áridos— por arcilla. Esta última, gracias a su granulometría microscópica, actúa como ligante natural y, además, regula la humedad del aire de los espacios interiores. «Si analizas qué es el suelo y qué es la tierra, descubres que la arcilla tiene una capacidad de comportamiento muy interesante», señaló. La colaboración con Targaterra permitió a Peris + Toral Arquitectes desarrollar piezas manejables de menos de cuatro kilogramos, compatibles con los estándares del sector y fabricadas con certificación industrial, algo imposible cuando el material procede directamente de la excavación.

Los proyectos presentados durante la comparecencia pusieron en práctica estos principios en vivienda social. El más avanzado, un edificio de cinco alturas en Ibiza, plantea muros estructurales de tierra y prescinde por completo de sistemas de climatización activos. «El confort no es solo temperatura. Hay que trabajar también el movimiento del aire, la humedad relativa, la radiación de las superficies y el comportamiento del usuario», apuntó José Manuel Toral. La estrategia combina jardines de invierno, ventilación cruzada, chimeneas solares y la inercia térmica de los propios muros de tierra para mantener temperaturas interiores estables sin consumo energético.

Más allá de los materiales, el arquitecto invitado al Campus Ultzama mencionó la organización doméstica como «otra palanca de sostenibilidad». Así, por  ejemplo, en un proyecto de vivienda para personas mayores en Calafell, el estudio propuso reducir la superficie privada de 45 a 30 metros cuadrados a cambio de compartir 50 metros con otros cuatro vecinos. «La estrategia del compartir puede ser la respuesta para reducir los metros cuadrados por persona y, al mismo tiempo, aumentar la superficie disponible cuando sales de tu espacio privado», defendió. El resultado, según él, no es una renuncia sino todo lo contrario: «Compartiendo, podemos ser más eficientes y sostenibles incrementando de paso la calidad de vida así como la sensación de confort de los usuarios», concluyó.

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