domingo, 16 junio 2019

Íñigo Eugui, construir en familia

Conversación con el director general de la constructora Erro y Eugui, una empresa familiar que ha gestionado en la época más difícil que ha conocido el sector

Miguel Bidegain
Pamplona - 13 octubre, 2018

Iñigo Eugui, en su empresa.
FOTO: (David Muñiz)

Iñigo Eugui, en su empresa. FOTO: (David Muñiz)

A sus 50 años, este abogado reconvertido en empresario que es Íñigo Eugui recuerda que fue a Madrid a estudiar un MBA “y el primer día de clase vi que eso era lo mío, ¡me había pegado cinco años estudiando Derecho y lo que de verdad me gustaba era la empresa!Podría pensarse que era lo más lógico teniendo en cuenta que su padre, Joaquín Eugui, era uno de los fundadores de Construcciones Antonio Erro y Eugui, pero nuestro entrevistado afirma que nunca pensó que llegaría a ser el director general de la compañía: “Veíamos que mi padre se acercaba a la jubilación y nadie hablaba del tema, ni él decía nada ni nosotros preguntábamos. Hasta que un día los hermanos lo planteamos, alguien se tendrá que hacer cargo, alguien tendrá que seguir con esto. Yo estaba en Madrid y di el salto con cierto miedo, porque estaba hecho a vivir allí, mi novia era de Madrid y tenía un trabajo que me gustaba. En un mes me casé, nos fuimos de viaje de novios y en vez de aterrizar en Madrid lo hice ya en Pamplona, llegaba a una casa nueva, casado, a otro trabajo… pensaba: o me va muy bien o me la doy, pero de verdad, ¡es que cambió todo en mi vida!”

Íñigo Eugui se hizo cargo de la empresa que fundara su padre, un hombre sin experiencia empresarial de una familia que nunca tuvo relación con el mundo de la construcción. “Mi bisabuelo tuvo bodegas, una azucarera, fábricas de levaduras y colorantes, y otra parte de la familia estuvo en el tema de las porcelanas, pero nadie en la construcción. Mi padre estudió Farmacia en Santiago y al venir a Pamplona vio que era difícil abrir una, fue al Banco de Bilbao buscando algún socio para poner en marcha algo y le pusieron en contacto con Antonio Erro, que le podría llevar fácil 20 años y tenía una larga trayectoria en la construcción. Total que a pesar de tener unos perfiles muy diferentes se pusieron de acuerdo para trabajar juntos, aunque sí tenían algo en común: eran dos personas geniales, de gran categoría”.

“Cuando iba a reuniones con empresas del sector veía que iban creciendo, cada vez eran más grandes, las miraba con cierto complejo porque nosotros nos conteníamos”.

Antonio Erro se dedicaba a la construcción, a las obras propiamente dichas, “y mi padre tuvo que aprender cómo se gestiona una empresa, porque no tenía ni idea. Todavía están en casa los manuales que estudiaba”. Íñigo forma parte de la segunda generación de los Eugui, aunque la familia Erro ya ha aportado personas de la tercera, y la intención es mantener “ese carácter familiar y esa armonía, porque continuamos los mismos y hay una sintonía de la que estamos muy orgullosos”.

FIDELIDAD

La prueba es que cuentan con empleados que llevan más de 50 años en la empresa “como Maite Garrido, que trabajó con mi padre, que ya estaba aquí cuando nací, ¡y sigue! Es un lujo y un privilegio poder seguir contando con ella, forma parte de ese equipo humano que formó mi padre, como María, que este verano celebramos que lleva 40 años con nosotros, y hace cuatro se jubilaron Miguel Hernández, que llevaba 43, Antonio Erro con 42, José Quintana con 41… gente que ha estado toda la vida en la empresa”.

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¿Cómo se consigue esa fidelidad? Íñigo, tras dudar unos instantes dice que es porque “hay respeto, armonía, ganas de trabajar, profesionalidad, compromiso, seriedad… y tratar bien a la gente, claro, que esté a gusto”. Todo eso hace que haya un ambiente el que no faltan el buen humor ni las bromas, “una reunión de lo más formal puede empezar con una tontería, nos reímos y a continuación nos ponemos a trabajar. ¿Eso es mérito de la dirección? No, es de todos”. Son unos principios que quieren preservar: “Vengo ahora de una reunión donde hemos analizado el cumplimiento de los objetivos para este año y la preparación de los del año que viene, y una de las cosas que hemos dicho es que tenemos que seguir creciendo, pero manteniendo intactos los valores de la compañía”, a los que añade la calidad en el trabajo, la honestidad “y la ética, por encima de todo. Solemos poner detrás de Erro y Eugui ‘valor seguro’, y eso es algo que me pesa… es como decir apuesta por nosotros que vamos a cumplir, te damos nuestra palabra”.

Esos valores les llevan, también, a “devolver a la sociedad algo de lo que recibimos de ella, que es mucho”, y por eso colaboran con Cáritas, patrocinan equipos deportivos, están presentes en instituciones sociales como la Cámara de Comercio o Institución Futuro, “somos de aquí y hay que apoyar lo de aquí”.

“Fui a Madrid a estudiar un MBA y el primer día de clase vi que eso era lo mío, ¡me había pegado cinco años estudiando Derecho y lo que de verdad me gustaba era la empresa!” 

Íñigo Eugui se expresa con calma, su tono de voz es suave incluso en las exclamaciones, los ademanes, moderados, y cuando se ríe lo hace de forma discreta. Habla con cariño de la gente que le rodea: “Suele decirse que la empresa son las personas que la forman, pero es que de verdad  es así. Todo nuestro equipo es gente de primera categoría, hay algo que yo valoro mucho, cuando hemos tenido que buscar a alguien para un puesto, nos han dicho que sí porque somos nosotros aunque hayan rechazado ofertas de otros, ese aprecio que te tienen desde fuera… ¡qué maravilla!” Asegura que aprende de ellos y pone como ejemplo lo que le dijo un encargado: “Siete veces medir y una hacer. Asegúrate antes de dar un paso, porque luego es difícil deshacer. ¡Qué lección! ¡Es verdad!”

También tiene mérito haber sabido conservar ese ambiente de trabajo tras una crisis que ha sido devastadora para las empresas de la construcción. En Erro y Eugui siempre han actuado con prudencia, según su director,“y cuando iba a reuniones con empresas del sector veía que iban creciendo, cada vez eran más grandes, las miraba con cierto complejo porque nosotros nos conteníamos. Pero cuando vinieron mal dadas eso que parecía una debilidad se convirtió en una fortaleza, como no habíamos crecido una barbaridad no tuvimos que tomar ninguna medida extraordinaria, ni EREs… hubo jubilaciones, sí, salidas ordenadas, nada drástico, lo fuimos capeando con mucha unión y con mucho convencimiento en la marca y en que había que pelear por la empresa”.

Comenta riéndose que del tiempo que lleva en la dirección la mayor parte han sido años de crisis, y más serio reconoce que ha sido una época muy difícil: “Es que además se me jubiló el director técnico de toda la vida, fuera había tormenta y dentro teníamos que reorganizar todo, pero salimos, con mucho trabajo e ingenio en la parte promotora… Fíjate, ahora en Lezkairu la gente se pelea por comprar y en aquellos años es que no había manera, le dábamos vueltas y vueltas ¿qué hacemos? Ha sido muy complicado… ¡Es que han desaparecido siete de cada diez empresas en este sector!”.

“Pude trabajar cuatro años junto a mi padre. Muchos dirán que eso de trabajar con tu padre ¡buf! Yo solo puedo decir que disfruté y aprendí”.

TRABAJO Y FAMILIA… NUMEROSA

Tras acabar su formación Íñigo Eugui pasó un año en Inglaterra y trabajó diez en Madrid en el sector inmobiliario. En el año 2000 se casó y regresó a Pamplona para incorporarse a la constructora familiar, donde trabajó al lado de su padre hasta 2004, cuando se jubiló. Tiene cinco hijos, y aunque en realidad podríamos adivinarlo, nos confirma que “mi vida es el trabajo y la familia. Tengo aficiones, por supuesto, hago deporte… pero en familia”.

Vuelve a recordar la incertidumbre que sintió al regresar a Pamplona por el drástico cambio que supuso en su vida, pero añade que acertó. “A día de hoy está claro que sí, pude trabajar cuatro años junto a mi padre. Muchos dirán que eso de trabajar con tu padre ¡buf! Yo solo puedo decir que disfruté y aprendí, la lástima es que tuvo que retirarse por una enfermedad, fueron unos años maravillosos. Y me dejó un equipo extraordinario”. Hasta hace un par de años era el único Eugui en la empresa, hasta que entró una prima, Ana Eugui, “pero tengo a muchos familiares como colaboradores, los arquitectos son hermano, primo y tío, el oficial de notaría Ignacio Eugui, el asesor fiscal, los abogados… tengo la fortuna de poder apoyarme en mi familia, en gente muy buena, una fórmula que también heredé de mi padre y que es un acierto total”.

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