jueves, 11 agosto 2022

Innovación social, Mujer y Liderazgo

La autora analiza el desafío actual que tienen las empresas para hacer realidad el ODS 5, cuyo fin último es lograr la igualdad de género y empoderar a todas las mujeres y las niñas. En este sentido, considera necesario romper los techos de cristal y cemento dentro de las organizaciones.

Redacción
Pamplona - 5 mayo, 2021

Isabel Olloqui

Entre los diecisiete Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) hay uno, el número 5, que busca un impacto social muy concreto: lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas.

Cuando uno bucea en el tipo de acciones aconsejadas por la ONU para conseguir este objetivo, aparecen algunas que pueden sonarnos lejanas. Pero la perspectiva de género es un ejemplo paradigmático de innovación social porque, en un mundo interconectado, todo lo que se haga aquí ayuda allí. El caso del sofagate, sufrido en primera persona por Ursula von der Leyen, ha puesto en primera línea esta cuestión. Por tanto, se trata de trabajar por los que están y por los que vendrán. Porque un mundo más igualitario es mejor y más sostenible para todos: ellas y ellos sin distinción.

¿Cómo conseguir, en este contexto, que nuestras empresas incorporen a su core el objetivo 5 de los ODS? ¿Cómo hacer para que no haya discriminación e impere la igualdad de oportunidades? Posibilidades hay muchas, solo hay que ponerlas en práctica: se puede incorporar la innovación social en las políticas de empleo, redefinir la autonomía en los puestos de trabajo, fomentar y promover la participación de la mujer en la toma de decisiones, identificar oportunidades y soluciones para transformar la cultura corporativa. Así, no solo se movilizan y reconfiguran las redes de trabajo, sino que se activan la comunicación, los conocimientos, el sentido de formar parte y la cooperación entre todos los involucrados.

“Pienso que la innovación tendrá verdadero impacto social cuando consiga acabar de manera efectiva con los dos techos: el de cristal y el de cemento”.

Todas estas iniciativas creo que han de trabajarse desde los departamentos de Recursos Humanos, liderados por la Dirección General, y muy unidos a los de Comunicación con el fin de innovar para transformar. Y pienso que la innovación tendrá verdadero impacto social cuando consiga acabar de manera efectiva con los dos techos: el de cristal y el de cemento.

Romper el techo de cristal. Es de sobra conocido este término que se refiere a un techo que limita las carreras profesionales de las mujeres y que tiene manifestaciones diversas. Por ejemplo, a la hora de promocionar sería interesante fijarse en el potencial, no solo en los hechos. En el libro ‘Lean In’, la COO de Facebook, Sheryl Sandberg, habla de un estudio de McKinsey en el que se muestra cómo, si bien los hombres son promovidos en función del potencial, las mujeres obtienen una ventaja en función de los logros pasados. Necesitamos, por tanto, empresas donde se apueste por las mujeres. Necesitamos entornos donde el lenguaje que se use, los ejemplos que se pongan, sean inclusivos. Necesitamos empresas en las que las voces de la mujer se escuchen. Empresas donde se pueda y se sepa conciliar, empresas que apuesten por la formación tanto de hombres como de mujeres.

“Romper el techo de cemento. Este apela a las mujeres, a nosotras. Hace referencia a las barreras internas autoimpuestas por nosotras mismas”.

Romper el techo de cemento. Este apela a las mujeres, a nosotras. Hace referencia a las barreras internas autoimpuestas por nosotras mismas en la evolución de nuestra carrera profesional para ocupar cargos de mayor responsabilidad.

Por tanto, también se necesitan mujeres que sepan que hay una misión: no es solo su carrera profesional la que está en juego. Están en juego las carreras de otras mujeres y la construcción de un mundo más igualitario, que heredará la siguiente generación. Necesitamos mujeres capaces de sacrificarse un poco para que esto suceda y hombres que también se sacrifiquen por ello. Mujeres que digan sí ante peticiones de ascenso y que, desde dentro, puedan trabajar por horarios más racionales para cuidar del equilibrio entre la vida personal y profesional de los equipos.

“Mucho me temo que las empresas que no sean capaces de lograrlo se quedarán fuera de juego”.

Necesitamos, en definitiva, empresas donde haya que forzar, en primera instancia, un poco la máquina para romper las dinámicas creadas desde hace siglos.

Mucho me temo que las empresas que no sean capaces de lograrlo se quedarán fuera de juego. No conseguirán captar ni retener el talento de las nuevas generaciones y tampoco conseguirán conectar con su público.

Isabel Olloqui
Directora de Desarrollo en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra

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