martes, 14 julio 2026

Isa Landa y David Seco: cuando el barro, el hambre y el miedo te enseñan quién eres

La Fábrica de Gomas de Pamplona volvió a convertirse esta semana en cita obligada para el tercer ‘Encuentros LK Topaketak’, organizado por Laboral Kutxa y Navarra Capital. Bajo el título “Más allá del Fin del Mundo: el espíritu del conquistador”, la donostiarra Isabel Landa —conductora de autobús, profesora, amante de los caballos y exconcursante de 'El Conquistador'— y el vizcaíno David Seco, hexacampeón de España de ciclocross y ganador del mítico 'reality' de ETB, conversaron con el periodista deportivo Imanol Arruti sobre hambre, frío, barro, fama, redes sociales... Y también sobre esa mezcla de talento, compromiso y pasión que sostiene a quien decide vivir al límite. Un diálogo cercano, crudo y a ratos divertidísimo, que cerró el ciclo de 2025 tras las citas con el inmunólogo Alfredo Corell y la soprano María Bayo.


Pamplona - 12 diciembre, 2025 - 23:53

Isa Landa y David Seco charlan en La Fábrica de Gomas de Pamplona con el periodista Imanol Arruti. (Fotos: Víctor Ruiz)

Pamplona volvió a mirar de frente esta semana a los límites humanos. Tras hablar de ciencia y pandemias con Alfredo Corell y de sacrificio artístico con María Bayo, el ciclo ‘Encuentros LK Topaketak’ dio el salto al terreno del deporte y la aventura extrema con una conversación pensada para diseccionar “el espíritu del conquistador”.

Esta vez, el diálogo lo condujo Imanol Arruti, periodista guipuzcoano y una de las voces deportivas más reconocibles de Onda Vasca, acostumbrado a narrar historias increíbles del deporte. Su misión: sacar de la zona de confort a dos viejos conocidos del público vasco, Isa Landa y David Seco, rostros imprescindibles de El Conquistador del Fin del Mundo, uno de los realities de aventura más extremos y más seguidos de la televisión.

Entre butacas salteadas, sonrisas cómplices y algún fan del programa en primera fila, la pregunta inicial marcó el tono de la tarde:
«Si tuvierais que explicar a alguien que nunca ha visto El Conquis qué es el “espíritu del conquistador”… ¿cómo lo definiríais en una frase… o en una cicatriz?». La respuesta, en todo caso, no cabía en una sola línea.

Isa Landa llegó al programa casi por casualidad, empujada por una amiga fan del formato. Conductora de autobús urbano en Donostia, profesora y amazona, no había visto una sola edición completa antes de presentarse al casting. Lo cuenta con naturalidad: «Salí del casting pensando: ‘Me van a coger’. Y cuando me cogieron, decidí no ver nada para no asustarme ni echarme atrás». En la aventura, aquella “chica de la calle” —la del bus lleno, la de la hípica, la que da clase— descubrió que podía ganar duelos, liderar pruebas y plantarse a las puertas de la final de la octava edición. Y, sobre todo, que podía trabajar en equipo: «Siempre había hecho deportes individuales. Allí aprendí que, si el grupo no funciona, no comes. Y el hambre une mucho».

David Seco, en cambio, aterrizó en El Conquis con la mochila cargada de medallas. Hexacampeón de España de ciclocross y uno de los grandes especialistas nacionales de esta disciplina, había pasado tres décadas compitiendo sobre el barro antes de cambiar el dorsal por el pañuelo de colores del programa. Dejó la bici con 38 años, justo cuando sintió que, en el pelotón, empezaban a mirarle “como al veterano al que ya no toca ganar”: «Pensé: ‘¿Y ahora qué? Tengo que seguir compitiendo en algo’. Y me marqué El Conquis como objetivo. No lo había visto, pero en dos meses me estudié todas las ediciones y todas las pruebas».

Ganó la octava edición, volvió como capitán, repitió en sucesivas temporadas y se convirtió en conquistólogo de referencia en los debates, con un discurso tan afilado como apasionado.

A partir de ahí, Arruti llevó la charla al corazón de la cuestión: ¿qué hay detrás de esa etiqueta tan manida del “espíritu ganador”? Seco lo resumió en una trilogía que podría encajar en cualquier vestuario: talento, compromiso y pasión. Sin embargo, introdujo un matiz que hizo asentir a buena parte del público: «A veces tanta exigencia y tanta ambición te impiden disfrutar de lo que vas consiguiendo».

Landa reconoció, entre risas, que ella tampoco es precisamente “blandita” en lo competitivo: «Soy muy buena gente, tan buena que a veces me dicen que soy tonta… pero muy competitiva. Mi meta era ser la última chica en irme, y lo conseguí. Iba restando: una menos, una menos…».

Entre ambos, dibujaron una idea compartida: no todo vale para ganar. En su edición, por ejemplo, sellaron un pacto tácito de lealtad que les impedía nominarse entre ellos, aunque la jugada estratégica lo hubiera aconsejado. «Si tengo una obligación personal, eso va primero —resumió Seco—. Los valores tienen que ser lo primero, incluso por delante del juego».

Dos viejos conocidos del público vasco, Isa Landa y David Seco, rostros imprescindibles de 'El Conquistador del Fin del Mundo'.

Dos viejos conocidos del público vasco, Isa Landa y David Seco, rostros imprescindibles de ‘El Conquistador del Fin del Mundo’.

Hambre, frío, barro… y un solo cepillo de dientes

Uno de los tramos más jugosos de la conversación llegó cuando el periodista les pidió que bajaran el foco del espectáculo televisivo al día a día en las playas y selvas donde se graba el programa. Hambre, frío, humedad constante, tormentas, evacuaciones nocturnas por peligro, mosquitos “capaces de volver loco a cualquiera”, pruebas imposibles y una falta de higiene que no siempre se percibe desde el sofá: «A mí casi me pesaba más no poder lavarme que el hambre», confesó Landa. «Llegamos a tener un solo cepillo de dientes para todo el equipo. Lo hervíamos, lo compartíamos… y si lo usaba alguien que me daba confianza, yo iba detrás».

Seco, famoso por su “TOC” con la limpieza, recordó entre carcajadas la célebre prueba del cerdo, cuando algunos concursantes se untaron de sangre sin saber si podrían lavarse en días: «Yo pensaba: “¿Cómo metes la cabeza hasta aquí si igual te pasas cuatro días así?”. Llegó un momento en que las chicas, con el pelo largo lleno de barro y tripas, hicieron casi un motín. O nos dejaban limpiar o se iban».

Esa dureza, sin embargo, no les parece excesiva. Al contrario, el vizcaíno defendió que el programa siga apretando el listón: «Estoy a favor de la dureza extrema. Cada edición es más dura, pero también ves que la gente aguanta cosas increíbles. Descubres que somos capaces de llevar al límite cuerpo y mente mucho más de lo que creemos».

Televisión, personaje y redes: el otro barro

Si la selva y el Caribe son un escenario hostil, el plató y las redes sociales no siempre lo son menos. Ambos hablaron del peaje de la fama: el fenómeno fan, las fotos cuando están comiendo un menú del día, los mensajes anónimos en redes, los haters que juzgan a una persona entera por un gesto o una frase en un reality.

Seco aseguró que, después de tantos años de deporte profesional y exposición mediática, ese ruido ya apenas le afecta: «Para mí es un precio muy bajo. Lo que digan quienes no me conocen no me influye nada. Me afecta mucho más si me critica alguien cercano».

Landa admitió que, al principio, el choque fue mayor: «Yo miraba demasiado las redes y, cuando leía cosas feas, me dolía. Hasta que entiendes que nunca vas a caer bien a todo el mundo. Ahora sé que las críticas siempre van a estar… y que me importa más lo que piense mi entorno».

Ambos coincidieron en algo: fuera de la pantalla son bastante más cercanos y menos “chulos” de lo que a veces se percibe. Y reivindicaron algo que el público pareció agradecer: que una crítica dura, cuando se hace con respeto y honestidad, también es una forma de cuidado entre amigos.

¿Reality, deporte o show? La credibilidad en juego

En la recta final, Arruti planteó una cuestión que sobrevuela cada temporada del programa: «¿Se ha inclinado demasiado la balanza hacia el salseo y el reality, en detrimento del juego deportivo?»

Seco, competidor nato, reconoció que el formato ha virado hacia el espectáculo, pero no lo ve necesariamente mal: «Los tiempos cambian y la tele también. A mucha gente le interesa la convivencia, los conflictos… A mí eso no me molesta mientras las pruebas sean creíbles». Donde sí ve un riesgo es en los retos “imposibles” o en los errores de diseño que acaban dejando fuera a varios concursantes a la vez: «Cuando hay duelos irrealizables, el programa pierde credibilidad. Y cuando te equivocas, es mejor admitirlo que intentar taparlo. Reconocer un error te acerca al público».

Landa, por su parte, admitió que, en los últimos años, se ha priorizado más a quien genera contenido que a quien se toma el juego como una competición seria: «Se le da más voz a quien monta el lío y eso a veces desplaza al perfil más deportivo. Pero también entiendo que es un espectáculo y que, sin historias, no hay programa».

La donostiarra Isabel Landa y el vizcaíno David Seco conversaron sobre hambre, frío, barro, fama, redes sociales...

La donostiarra Isabel Landa y el vizcaíno David Seco conversaron con Arruti sobre hambre, frío, barro, fama, redes sociales…

El día después: autobuses, familias y metas pendientes

Cuando se apagan las cámaras, la vida sigue. Y a menudo, mucho más normal de lo que el espectador imagina. Isa vuelve a su autobús en Donostia, a sus caballos y a sus alumnos. David combina su trabajo con colaboraciones en medios y su faceta de divulgador deportivo. Los dos han visto cómo El Conquis les abría puertas profesionales, les regalaba amigos y les dejaba una “familia conquistadora” que sigue quedando años después.

Pero el verdadero legado, contaron, es otro. Landa lo resumió así: «Ahora, cuando tengo hambre en el trabajo, me acuerdo de lo que pasamos allí y pienso: ‘En tres o cuatro horas vas a comer, no te vas a desmayar’. El programa te recoloca la escala de problemas».

Seco, que no concibe la vida sin objetivos, mira ya más allá: «Tengo 52 años y espero que me queden seis vidas como esta. Ahora mi reto es recuperar la vida sana, volver a hacer más deporte y seguir marcándome metas, aunque sean pequeñas. Lo importante es levantarte cada día con ilusión por lograr algo».

Landa, entre bromas sobre la “crisis de los 40”, confesó que busca un nuevo chispazo de adrenalina —quizá de nuevo sobre un caballo en el hipódromo—, pero que, sobre todo, quiere conservar lo que ya tiene: trabajo estable, salud, afectos.

Un ciclo que mira a la ciencia, al arte y al riesgo

Con este tercer encuentro, Laboral Kutxa y Navarra Capital cerraron el primer año de vida de ‘Encuentros LK Topaketak’, un ciclo que, en apenas tres citas, ha viajado de la inmunología de Alfredo Corell a los escenarios de María Bayo, para terminar en las playas, selvas y barrizales de El Conquis.

Un recorrido que, visto en conjunto, dibuja una misma pregunta, formulada con acentos muy distintos: ¿Qué nos sostiene cuando todo se pone cuesta arriba? Corell habló de ciencia, prevención y ética colectiva frente a futuras pandemias. Bayo, de la disciplina silenciosa que sostiene una carrera artística internacional. Landa y Seco, de cómo el hambre, el frío, la exposición mediática y las dudas pueden convertirse en aliados si se mezclan con humor, lealtad y cabezonería.

Al despedirse, Arruti lo resumió a su manera, entre aplausos y con acento de radio: «Hoy hemos visto que el espíritu del conquistador no va solo de ganar pruebas… sino de aprender a vivir, incluso cuando el barro te llega a la barbilla».

Después llegó el turno del aperitivo, las fotos, las confidencias a media voz y el murmullo feliz de la gente en La Fábrica de Gomas. El espíritu del conquistador, por un rato, se quedó en Pamplona. Y, a juzgar por las caras a la salida, no pocos asistentes se fueron a casa con ganas de conquistar, al menos, su propio día a día.

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