Ingeniero y novelista. Dos mundos que, al parecer, no tienen nada que ver entre sí. «De primeras choca, ¿verdad?», ríe el pamplonés Javier Lerín, de 38 años, justo antes de narrar su inmersión en el sector literario. Experto en ciberseguridad, hace un par de años decidió aventurarse a escribir un thriller psicológico. «Solemos tener la imagen de un informático sentado delante de un teclado y una pantalla, pero nosotros también podemos ser creativos», subraya.
De pequeño, pasaba horas y horas leyendo cuentos y, poco a poco, fue descubriendo grandes títulos como La historia interminable o El Señor de los Anillos. Ahora, sin embargo, se decanta por las historias de misterio que narran importantes autores como Dolores Redondo, Juan Gómez Jurado, Mikel Santiago o Stephen King. Grandes referentes a los que admira y que, de hecho, le inspiraron a la hora de sumergirse en la escritura de su primera novela, titulada La casa de los perdidos.
LA TRAMA
Leyre Aranguren está decidida a averiguar toda la verdad que rodea la muerte de su madre. Hace dos días que la enterraron y desde entonces no se encuentra bien, se le olvidan las cosas, todo está confuso. Así fue como empezaron los delirios de su madre. Por ese motivo viaja desde Pamplona hasta una masía en los alrededores de Barcelona en busca de respuestas. Pronto descubre indicios de que su madre pudo haber estado en esa casa y decide alojarse en una de sus habitaciones para investigar. Con la ayuda de Lucas, un peculiar exhacker y actual devoto y predicador, Leyre deberá enfrentarse a su pasado y descubrirá que en la masía se esconden oscuros secretos…
Así es la sinopsis. Una protagonista con hambre de curiosidad, dos ciudades diferentes y muchos enigmas por resolver. «Barcelona y Pamplona son los dos escenarios donde se ubica la historia. Pamplona ocupa un 40 %, más o menos, de la trama», apunta Javier.
«Soy muy lector y siempre había tenido el gusanillo de escribir una novela. Así que probé suerte»
Lo cierto es que, de alguna manera u otra, la creatividad siempre ha formado parte de la vida del autor. Aunque, hasta ahora, desde una vertiente algo diferente: la música. Después de veinte años componiendo, cantando y tocando la guitarra en la banda musical Marvin, es ahora cuando ha decidido cambiar el micrófono por el papel: «Soy muy lector y siempre había tenido el gusanillo de escribir una novela. Así que probé suerte. Vengo de crear canciones y esto es muy diferente, pero reconozco que me encanta. He descubierto un mundo nuevo».
Para encontrar la chispa original y creativa a la hora de escribir una historia, a veces basta con cerrar los ojos y dejarse llevar por el sonido de la vida que nos rodea. ¿El truco de Javier? No tener ninguna prisa: «Si te empeñas en escribir algo, no se te va a ocurrir nada. Las ideas no se fuerzan. He llegado a dejar esta novela unos meses en el cajón. La distancia temporal también ayuda a tener otras ideas y a verlo todo desde una perspectiva diferente», matiza.
Así, de la mano de la editorial Penguin Random House, Javier compagina su profesión como experto en ciberseguridad con esta nueva aventura literaria. «Me paso todo el día delante del ordenador, pero admito que me gusta. Tengo más historias en mente y ya estoy trabajando en otra novela… ¡Esto es un no parar!», concluye entre carcajadas.