domingo, 15 diciembre 2019

José Luis Medrano, un hombre que vale por dos

El ganador del Premio Alimenta Navarra 2019, en la categoría de Trayectoria y Desarrollo Empresarial, derrocha cercanía y humildad. Siempre creyó que nadie se había fijado en su carrera, de la que recuerda con especial orgullo el día en que compró su primera fábrica.

Irene Iriarte
Pamplona - 19 noviembre, 2019

En la empresa de José Luis Medrano el producto principal es la alcachofa. (Fotos: Víctor Rodrigo)

José Luis Medrano rebusca en un cubo lleno de alcachofas frescas, recién traídas del campo. Quiere encontrar la mejor. Para la mayoría de los ciudadanos, todas parecerían iguales. Pero no para él. Sabe diferenciar entre una buena y otra que no lo es tanto. Porque en su empresa, Conservas Medrano, se producen “las mejores”.

Se toma unos minutos para coger algunas, se las acerca a la cara y, a través del cristal de sus gafas, explora su color, textura y tamaño, a la vez que las gira con una mano. Una vez encontrada la que más le gusta, levanta la mirada y dibuja una sonrisa llena de orgullo: “Hoy, somos los primeros en procesar alcachofa de nueva cosecha en Navarra”. 

De izda. a dcha.: Álvaro Medrano, José Luis Medrano y Javier Medrano.

José Luis Medrano (centro), flanqueado por sus hijos, Álvaro (izda.) y Javier (dcha.).

Su fábrica es humilde y sencilla, igual que él. Y una sensación de armonía y bondad sobrevuela la planta. Quizás este sea uno de los ingredientes secretos con los que José Luis adereza sus conservas, y que le han llevado a obtener el Premio Alimenta Navarra 2019 en la categoría de Trayectoria y Desarrollo empresarial. Un reconocimiento que no esperaba porque estaba convencido de que nadie se había fijado jamás en su recorrido. Pero él representa el claro ejemplo de que, a veces, los grandes valores residen en los pequeños detalles. “Un empresario de Cabretón, sencillo y normal, de tantos y tantos que hay”. Así se autodefine.

DESDE ABAJO

José Luis levantó su empresa de la nada, a base de “mucho esfuerzo y mucho sacrificio”. Y siempre con una idea muy importante en mente: “equilibrar la inversión con las posibilidades económicas que tenemos”. Todo lo que ha ganado, todo, lo ha reinvertido en la propia compañía. De lo contrario, está convencido de que no hubiera logrado la competitividad necesaria para estar donde está.

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Comenzó junto a su mujer, Pilar, en una bajera de 50 metros cuadrados. Eran los años 80, una época donde abundaban las exportaciones. “De aquí salían espárragos a toda Europa. Era una alegría porque había trabajo para todo el mundo”, rememora. 33 años después, su pequeña oficina se ha convertido en una planta de 7.500 metros cuadrados donde sus hijos, Javier y Álvaro, como director Comercial y director de Producción y Calidad, desarrollan una labor estratégica. Tenerlos a su lado llena de orgullo a José Luis, que se pone la bata y un gorro blanco de seguridad para recorrer las instalaciones, situadas en Tudela.

En los frigoríficos, un trabajador le regala una sonrisa mientras va introduciendo, poco a poco, los 4.000 kilos de alcachofa que han llegado esa misma mañana: “Después de clasificarlas, es imprescindible guardarlas aquí para que no se estropeen”, aclara José Luis.

A ritmo ligero y con pasos cortos, llega a la cocina. Una diáfana nave, donde tres mujeres están cocinando la segunda tanda de hongos troceados, a la vez que un operario cierra los tarros con el producto ya procesado. Todo se hace de manera manual.

Dos cocineras vierten la segunda tanda de hongos de la mañana.

Dos cocineras vierten la segunda tanda de hongos de la mañana.

José Luis desgrana el proceso con tanto detalle que amaga con emocionarse. En ese mismo momento, mira al pasado y confiesa cuál fue el momento de su trayectoria profesional que más alegría le ha dado: “Cuando tuve mi propia fábrica de conservas. Había estado trabajando en el sector y visitando constantemente conserveras, pero yo no tenía una y las ganas podían conmigo. Fue entonces cuando, en 2011, compramos la fábrica de Lekunberri. Aunque era pequeña, me dio mucha alegría porque me permitió decir: yo también tengo fábrica”.

Guisantes ecológicos apunto de ser envasados.

Guisantes ecológicos, a punto de ser envasados.

LOS PREPARADOS 

Los guisantes ecológicos ya se están elaborando en la fábrica. A lo largo de toda la línea de producción, tres trabajadoras vigilan que el proceso funcione correctamente. José Luis, acompañado siempre de Javier y Álvaro, coge un puñado y asiente con la cabeza. “Ya están listos para envasar”, sentencia. A su paso se cruza con Arancha, encargada del laboratorio. Ha preparado tres cremas distintas: de marisco, de hongos y de alcachofa. Listas para degustar.

Los tres se dirigen al centro de control para probar las delicias de las que ellos mismos han sido partícipes. José Luis, cuchara en mano, aclara la función del ordenador que se sienta delante de él: “Ahí está llegando toda la información de lo que se hace en la planta. Estamos en proceso de digitalizar la compañía. Lo veo imprescindible, aunque no entiendo muy bien de lo que se trata. Mis hijos lo saben mejor”, admite sincero.

“Mmmmm…”, se relame. La crema de alcachofas está exquisita. Un producto que se puede poner “en cualquier celebración familiar para quedar como Dios” y que puntúa con un diez porque respeta y potencia el sabor de la alcachofa natural. Para José Luis, no hay nada más gratificante que recibir una carta de un consumidor, en la que este le haga saber lo mucho que ha disfrutado con sus conservas: “Eso es de agradecer muchísimo”. No se va del laboratorio sin dar las gracias a Arancha, una de esas personas que, según él, “valen por dos”. 

La crema de alcachofa es característica por su sabor natural.

Las cremas de Medrano son una buena alternativa para las fiestas de Navidad.

El resto de la planta se destina al almacén, donde se apilan existencias de conservas como para atender los pedidos de seis meses. Resalta el color amarillo de unos envases que contienen mango, estampados con una etiqueta diferente: Aimar. “Dentro de Conservas Medrano, tenemos siete marcas distintas: La Tudelana, Casa Medrano, Vencerol, Aimar, Pagos de Añamaza, Deliconservas y Caesa. Cada una de ellas sirve para una cosa distinta”, apuntaComo son vísperas de Navidad, están envasando crema de marisco. “Un producto analizado por El Comidista como uno de los mejores en calidad-precio para las fiestas”, resalta.

En las oficinas espera Pilar, que se encarga de la administración. José Luis le saluda y avanza por el pasillo hasta su despacho. Una vez sentado en su silla, recuerda que ha sufrido tropiezos de todo tipo y que, con menos armas que él, “no habrá empezado nadie”. 

Por eso, anima a los ‘millennials’ a emprender: “Si tienen el objetivo claro y tienen fuerza, coraje y ánimo, que se lancen. Lo que hace falta es tener ilusión permanente y capacidad de sacrificio”. Él es el claro ejemplo de la cultura empresarial del esfuerzo, que toda su familia ha interiorizado. “El negocio está por encima de cualquier interés personal que tengamos cada uno de nosotros”, remarca convencido

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