Salir del colegio, montarse en la bicicleta y pedalear con sus amigos hasta el bosque más cercano. La infancia de Marion Disenowski estuvo marcada por el verdor que rodea a la localidad de Reda Wiedenbrück, en la región de Westfalia (Alemania). Por eso, no le resulta difícil explicar su vocación por la jardinería, oficio que estudió y ejerció en su país natal hasta que empezó a sufrir problemas musculares. «Me dieron la oportunidad de dedicarme a un trabajo de oficina, pero siempre me gustó estar al aire libre, en el campo. La naturaleza es mi lugar», explica a Vanity Capital.
Ese camino le llevó a complementar su formación con un ciclo universitario en paisajismo. Así, compaginó sus estudios con trabajos en viveros y empresas pequeñas, donde fue puliendo su sensibilidad profesional. Y, justo cuando su carrera parecía encaminarse hacia una consultora de paisajes en Alemania, sucedió algo que lo cambió todo. Marion se enamoró de una pamplonesa.
«Después de reflexionar mucho sobre nuestro futuro, decidimos vivir en Navarra. Aterricé en el año 2000 sin hablar ni una palabra de castellano. Fue una locura», rememora con una sonrisa. Con 31 años echó raíces en otra tierra, distinta pero igualmente fértil, donde tuvo que empezar desde cero, concretamente lavando macetas en la antigua Todo Jardín de Olaz, donde escaló peldaños hasta dedicarse al diseño de proyectos para particulares.
La firma cerró en 2012, pero Marion no estaba dispuesta a abandonar a sus clientes. Por eso, ese mismo año creó su propia empresa: MSD Paisajismo. En una primera etapa, lideraba a un equipo de técnicos y colaboradores en proyectos de jardinería en Navarra y regiones limítrofes. Pero, con la llegada de la pandemia en 2020, optó por convertirse en autónoma para centrarse en el diseño de espacios verdes y el asesoramiento para empresas y el sector público.
Desde su oficina en la Txantrea, el 95 % del trabajo que desempeña Marion se focaliza en la consultoría de proyectos ambientales y urbanismo, así como en la formación. En este sentido, trabaja principalmente con entidades como el Ayuntamiento de Pamplona, la Mancomunidad de la Comarca Pamplona o el Gobierno de Navarra, aunque también ha trabajado con compañías como Palacio de Olloki o Volkswagen Navarra.
PROYECTOS POR TODO NAVARRA
Tras reflexionar unos segundos, Disenowski apunta que algunos de sus proyectos más importantes son el jardín vertical de los depósitos de agua de Mendillorri, el ajardinamiento de la cuesta de Beloso o el proyecto del paseo del Prado en Tudela. Pero hay uno al que guarda un especial cariño: el de la calle Fuente del Hierro: «Me gusta trabajar con planificación, viendo crecer de cerca el entorno, no como quien lo ve como un puro negocio. Yo vivo los proyectos».
Su filosofía es clara: integrar naturaleza y diseño desde el conocimiento técnico y priorizando la flora autóctona. «Con el cambio climático, debemos trabajar por la biodiversidad desde la jardinería urbana», asegura mientras detalla que «la colleja roja» es su flor navarra favorita. «Las personas mayores las recuerdan desde su infancia porque se las comían o jugaban con el sonido que hacen cuando rompes su capullo», concluye entre risas.













