Entre los espesos árboles del valle de Basaburua, donde la niebla se posa suave sobre los tejados y los caminos huelen a tierra húmeda, asoma Igoa, un pequeño pueblo con apenas 80 habitantes que parece escondido a propósito entre unas colinas. Allí, una antigua posada de piedra ha vuelto a cobrar vida. La pareja formada por Sara Crisóstomo, bilbaína de 33 años, y Bohumil Zacek, de 36 y origen checo, llegaron hace apenas unos meses a Navarra tras haber trabajado varios años en el sector hostelero en San Sebastián.
«Llegó un momento en el que decidimos dejar la ciudad para buscar una nueva vida más rural y acorde con nuestros valores. Miramos distintas opciones en Álava y La Rioja hasta que, a través de Cederna Garalur, descubrimos que en Igoa buscaban gestores para una posada local. El entorno y el proyecto nos encantó y pretendemos iniciar aquí una nueva etapa profesional y personal», detalla Sara a Navarra Capital.
Así, la pareja está al frente de Igoako Ostatua, la única posada y restaurante del pueblo. Su propuesta gastronómica se basa en el uso de productos frescos, adquiridos semanalmente en mercados locales y a través de proveedores de la zona que han conocido y con quienes buscan «construir una comunidad y promover la economía circular dentro del valle».
De esta forma, Sara y Bohumil cuentan con un menú semanal con entrantes, tres opciones de plato principal y postres, todos elaborado por ellos. Además, han empezado a ofrecer una pequeña carta de raciones para quienes llegan fuera del horario habitual o quieren picar algo de forma más informal. Del mismo modo, venden vinos navarros ecológicos, cervezas artesanas, limonadas caseras e incluso bebidas como licor de sauco.

La posada posee una terraza con vistas al valle y un menú en el que los productos locales son los grandes protagonistas.
«Es un menú sencillo, pero distinto a las propuestas tradicionales de los alrededores. Damos prioridad a las verduras, buscando un enfoque creativo y dándoles un valor especial. Por eso, hemos montado un pequeño huerto para poder abastecernos en el restaurante», apunta Bohumil, que ha recibido formación en agricultura regenerativa durante los últimos dos años.
En paralelo, también elaboran pan de masa madre y pizzas caseras, sobre todo para «familias y jóvenes de la zona». Precisamente, prevén instalar un horno de mayor tamaño para poder convertirse en la única panadería del pueblo y ofrecer ese servicio añadido a sus vecinos.
CAPACIDAD PARA UNAS 50 PERSONAS
Con capacidad para unas veinticinco personas en su comedor principal, el mayor reclamo de la posada es su terraza con vistas panorámicas al valle. Allí, también hay espacio para acomodar a más de diez comensales. Disponen además de una zona de bar con dos mesas grandes para ocho personas cada una y un porche exterior donde la gente «suele tomar el aperitivo a la fresca»: «La posibilidad de usar los distintos espacios nos permite ofrecer experiencias flexibles, como tomar un café o una copa después de la comida mientras se disfruta del paisaje». Ahora, la pareja cuenta con la ayuda de una cocinera que, en paralelo, les está dando formación.
Con el fin de ser un punto de encuentro para los vecinos del pueblo, la pareja ha acondicionado una zona con chimenea y libros, muchos de ellos aportados por las gentes del pueblo. «Nos gustaría proyectar películas para los niños alguna vez por semana, vender helado casero, organizar comidas populares o poner música en ocasiones especiales», avanza el checo.
El objetivo de la pareja es que el proyecto sea sostenible a largo plazo no solo económicamente, sino también en términos de calidad de vida: «Queremos mantener un ritmo de trabajo saludable que nos permita atender a los clientes con una sonrisa y, al mismo tiempo, tener tiempo para descansar». En concreto, la posada permanece cerrada lunes y martes, el miércoles abre de 17:00 a 23:00 horas, el jueves de 9:00 a 23:00 horas, el viernes y sábado de 9:00 a medianoche y el domingo de 9:00 a 20:00 horas.













