jueves, 4 junio 2026

La bodega de Mañeru sobrevive a la pérdida de productores integrándose en la Cooperativa de Artajona

La bodega de Mañeru fue creada en 1960 por un centenar de vecinos, pero en 2002 su gestión pasó a manos de la Cooperativa de Mendigorría. Dos décadas más tarde, esta renunció a dirigirla y fue la enóloga de la empresa, Marian Vitrian, quien tomó el relevo. Al conocer el proyecto, la cooperativa de su pueblo natal, Artajona, quiso colaborar en su preservación dado el número decreciente de productores que había en la zona. Y la absorbió para comenzar una nueva etapa, bajo la gerencia de la propia Vitrian y su marido, Manuel Lanz.


Mañeru - 26 marzo, 2026 - 23:30

Unos 120 cooperativistas fundaron la bodega de Mañeru en 1960, que fue reformada en 2002. (Fotos: cedidas)

Encajado entre lomas suaves y tierras de secano, Mañeru se abre como un pequeño balcón al paisaje del Val de Mañeru, en la merindad de Estella. Este valle alargado, tendido entre el río Arga y el diapiro de Alloz, guarda en su geografía la memoria de la vid: un cultivo que durante siglos modeló su horizonte y su forma de vida, antes de que la filoxera arrasara buena parte de sus cepas. Hoy, entre campos de cereal y manchas de olivo, la viña resiste en parcelas más discretas como un hilo que conecta el pasado con el presente. Es precisamente en este paisaje de raíces profundas donde unos 120 agricultores locales fundaron en 1960 la Bodega Cooperativa La Cruz de Mañeru, protagonista ahora de una nueva etapa marcada por el relevo en su gestión.

En 2002, a esta antigua bodega con depósitos de hormigón se sumó una nueva nave de embotellado, lo que permitió pasar de la venta a granel a la distribución en botella. Fue en aquel momento cuando la Cooperativa de Mendigorría, de carácter cerealista, se hizo cargo de la gestión de la bodega, a la que renunció en 2022.

En aquel contexto, los diez agricultores que quedaban en Mañeru dudaron de la futura viabilidad de la bodega y decidieron ofrecer su administración a Marian Vitrian, enóloga de la bodega desde 2019. «A través de una empresa de servicios externa, yo me encargaba de la elaboración de los vinos y mi marido, Manuel Lanz, era bodeguero. Me apasiona este mundo y me daba mucha pena que un pueblo tradicionalmente vinícola como Mañeru se quedara sin bodega. Así que aceptamos la propuesta y llegamos a un acuerdo de dos años de alquiler con opción a compra. El plazo termina en marzo, de ahí que sea el momento de comenzar una nueva etapa», explica esta artajonesa de 48 años a Navarra Capital.

Durante estos dos años, la pareja ha «limpiado la casa por dentro», reduciendo el stock anterior y dando un nuevo rumbo a la bodega. En paralelo, Vitrian ejerce como enóloga en la Bodega Reyno de Artajona, dentro de la Cooperativa de Artajona: «Al detectar tantas similitudes entre ambos proyectos, basados en la recuperación de la viña, el patrimonio o la comunidad vecinal, la cooperativa nos propuso ser socios». De esta forma, la Cooperativa de Artajona ha absorbido a la de Mañeru con la idea de preservar sus viñas, sus puntos de venta y su tradición. Todo ello con Vitrian y Lanz como gerentes.

LA NUEVA ETAPA

Las instalaciones de la Bodega La Cruz de Mañeru, de 3.000 metros cuadrados, se mantienen intactas, al igual que sus dos marcas de vino: Belardi, que se comercializa principalmente en Navarra y Gipuzkoa, y Nature, un homenaje al pueblo de Mañeru elaborada con garnacha de viña vieja y transformada en un rosado, un tinto joven y un crianza. Esta última solo se puede adquirir en sus instalaciones. Del mismo modo, continúa la venta de vino en garrafón tradicional y en bag in box (cajas de cinco o quince litros).

En las bodegas se elaboran dos marcas de vino: Belardi y Nature, a la venta exclusivamente en Mañeru.

En las bodegas se elaboran dos marcas de vino: Belardi y Nature. Esta última se vende exclusivamente en Mañeru.

«Belardi se distribuye de la mano de la empresa local Bebidas Martínez, y ahora estamos iniciando conversaciones con más distribuidores del norte, de Tierra Estella, de la zona sur de la Comunidad foral… Mucha gente conoce nuestro producto y lo quiere comprar, pero hasta ahora el 90 % de las ventas eran a pie de bodega, así que nuestro objetivo es crecer y llevar el vino fuera», detalla la gerente. A su vez, la pareja tiene en mente elaborar un vino especial con la marca Monasterio de Bargota, cuyas ruinas arqueológicas se encuentran entre Mañeru y Puente la Reina: «Nos parece interesante para reforzar esa esencia de patrimonio».

Actualmente, la bodega cuenta con dos personas en plantilla, ya que tiene dos peculiaridades que requieren de una atención al cliente constante. La primera es que permanece abierta prácticamente todo el año, exceptuando los días de Navidad y Reyes. Y la segunda es que ofrece la posibilidad de llevar tu propio almuerzo, mientras ellos te sirven el vino de forma gratuita. Otra tradición que los nuevos gerentes quieren potenciar.

Otra de las novedades enfocadas a fomentar el patrimonio inmaterial es la creación de un espacio-museo con fotografías antiguas sobre los agricultores locales. «Es una pena que, cuando la gente mayor ya no está, se pierde mucha historia. Por eso queremos recopilar esos recuerdos de los fundadores de la bodega y exponer sus fotos para que permanezcan en la memoria. De hecho, ya hemos conseguido unas veinticinco y esperamos que poco a poco nos traigan más», sostiene ilusionada.

En esta línea, Vitrian quiere transmitir a los mañurecos que ellos son parte imprescindible del proyecto y que, «sin su presencia, no tendría sentido»: «Buscamos que estos pueblos tradicionalmente enfocados en la vid no se hundan y, sobre todo, esperamos que el pueblo se involucre, ya que mantener una bodega abierta para conservar su cultura no tiene sentido si ellos mismos no creen en la iniciativa».

SOBRE MARIAN VITRIAN 

La artajonesa tuvo su primer contacto con el mundo del vino al realizar unas prácticas en una bodega tras estudiar Farmacia. Allí se enamoró de la enología, en la que se formó para después trabajar en una bodega de Olite. En 2019 decidió emprender y hacerse autónoma, lo que le permitió trabajar en su pueblo natal y ahora en Mañeru.

«Son dos iniciativas con gran paralelismo. Si los vecinos de Artajona se han enganchado al proyecto, ¿por qué no puede pasar lo mismo aquí? Es un reto muy bonito y en el que vamos a unir dos zonas de gran tradición vitícola en un momento en el que el mundo del vino no está pasando por su mejor época. Aun así, somos entusiastas», concluye con una sonrisa.

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