Unas letras blancas pegadas en el escaparate comunican «la venta especial por jubilación» desde mediados de febrero. El anuncio está rodeado de pequeñas cartulinas amarillas, naranjas, azules, rojas y blancas que ofertan descuentos de entre el 15 % y el 50 %. Y desde hace una semana, en esta concurrida cristalera de Pamplona se ha colocado un cartel de grandes dimensiones en el que se puede leer «últimos días».
La Droguería López, uno de los negocios más emblemáticos del Casco Viejo fundado en 1904, bajará la persiana la primera quincena de septiembre. Desgraciadamente, el comercio, situado en el chaflán entre las calles San Miguel y San Antón, cerrará para no abrir nunca más. Antonio Irizibar, el último de los socios de este establecimiento centenario, cumplió 65 años el 9 de agosto y, tras 42 años trabajando detrás del mostrador, se retira sin que nadie le releve.
Aún quedan dos semanas, y puede aparecer un emprendedor que a última hora coja el testigo, pero Antonio ya ha asumido la dura realidad que golpea a demasiados pequeños comercios. «Siempre queda alguna posibilidad, pero a día de hoy no hay nada y el cierre es lo que se plantea», adelanta Antonio a Navarra Capital. La Droguería López y su rótulo curvado con letras doradas, una joya del patrimonio gráfico de la ciudad, se despiden de la ciudad.
Antonio y su hermana Mari Carmen se pusieron a buscar un nuevo inquilino a principios de año. Su opción idónea era que el local se alquilara en régimen de alquiler y se subrogara a los tres empleados, que trabajan en la droguería «desde hace 20 y 30 años». A lo largo de este proceso, «una decena de personas» se han puesto en contacto con el negocio, aunque solo uno de los interesados apostaba por mantener la droguería. «La propuesta era seria, pero no hemos llegado a un acuerdo», comenta.

La Droguería López cerrará en septiembre por falta de relevo.
El propietario de la Droguería López confiesa que era «complicado» conseguir el relevo porque «había que salvar muchas dificultades». El principal obstáculo ha sido que el comercio «no se puede regentar solo y necesita como mínimo cuatro personas» para seguir prestando el servicio «personalizado y de calidad» que lo ha caracterizado a lo largo de sus 121 años de historia. «Aquí te explicamos para qué se utiliza cada producto, te hacemos recomendaciones, resolvemos dudas… En las grandes superficies la gente se sirve por su cuenta, se lee el prospecto con las indicaciones y casi ni les aconsejan», lamenta.
La plantilla también se encargaba de todo el trabajo que no se ve a simple vista, pero que ha permitido sobrevivir al negocio durante más de un siglo: contactar individualmente con cada proveedor, conseguir una amplia variedad de productos, contar con capacidad de estocaje constante… De esta manera, en las estanterías del comercio el cliente encontraba aquello que buscaba: droguería, perfumería, higiene personal, restauración, productos químicos, sprays para la ropa que ahuyenta insectos y garrapatas, pequeña jardinería y bellas artes, pintura ecológica y clásica, manualidades, cosmética… De ahí que se hiciera famosa la frase: «Si no lo encuentras, pregunta en López».
FUNDADO EN 1904
Fundado en 1904 por Álvaro López, el negocio fue en sus orígenes una botica (productos de campo, herramientas, ungüentos, pinturas…) y se situaba en la acera de enfrente. En la década de 1920, la tienda se trasladó a su ubicación actual y su hermano Emilio relevó a Álvaro. Posteriormente, Joaquín, hijo de Emilio, cogió las riendas del comercio familiar al fallecer su padre.
En 1985, este último se jubiló y los por entonces cinco trabajadores, entre ellos Santos Irizibar, padre de Antonio, se hicieron socios, fundaron una cooperativa y se quedaron con el negocio. En 2024 se jubiló el penúltimo socio, José Ignacio Esteban, de modo que Antonio, que entró en la droguería de la mano de su padre, era el último socio en activo.













