Hay tradiciones cuyo origen se pierde entre anécdotas compartidas, momentos que con el tiempo se transforman en parte de la memoria colectiva. La historia del caganer, la figura más característica del belén catalán, es el ejemplo perfecto de ello. Hay quien cuenta que todo comenzó en una masía a finales del siglo XVIII, cuando un payés decidió colocar en su pesebre a un vecino agachado tras un matorral, con los pantalones por los tobillos, «en plena faena». Al verlo, el párroco del pueblo puso «el grito en el cielo», pero al resto de vecinos les divirtió la escena y, al año siguiente, varios belenes ya contaban con su propio caganer. Nadie sabe si esta versión es cierta, pero Xabier Añoveros, uno de los mayores coleccionistas de caganers del mundo, la defendió hasta su fallecimiento en 2024.
Hijo del navarro Julio Añoveros y la catalana María Rosa Trías de Bes, Xabier nació en Pamplona en 1944. A los cinco años se trasladó a Barcelona junto a su familia, donde creció, estudió y desarrolló su carrera como abogado, historiador, escritor, profesor de Derecho Mercantil en la Facultad de Derecho de la Universidad de Barcelona, doctor en Económicas por la Universidad Camilo José Cela y en Humanidades por la Universidad Internacional de Cataluña.
Sin embargo, sus raíces navarras marcaron su vida y fue uno de los fundadores de Unión del Pueblo Navarro (UPN), además de académico y vicepresidente de la Real Academia de Doctores, miembro de la junta del Círculo Ecuestre y consejero del RCD Espanyol durante doce años.
SU PRIMER CAGANER
No obstante, a pesar de su brillante trayectoria, su verdadera pasión siempre fueron los caganers. Su historia con estas figuras empezó en 1970, recién casado, cuando a la hora de comprar el belén para su nuevo hogar, Añoveros se llevó también un caganer clásico, sin nombre ni celebridad, agachado y fumando en pipa. Aquel anónimo fue siempre su favorito.
Tres años después, tomó la decisión de introducirse en el universo del coleccionismo y una mañana de 1973 acudió durante uno de sus rutinarios paseos a la Fira de Santa Llúcia. Allí compró todos los modelos distintos que encontró, en concreto dieciocho piezas. Al llegar a casa, su mujer, según relataba entre risas, no recibió la noticia con especial entusiasmo, pero tampoco consiguió frenarlo.
Con los años, el pasillo de su casa se transformó en un museo. Añoveros instaló estanterías de pared a pared para acoger los cerca de 1.800 caganers que terminarían viviendo con él. Los clasificó por categorías: personajes históricos fallecidos, oficios diversos como médicos, guardias civiles, monjas o deportistas y figuras contemporáneas como Fidel Castro, José María Aznar, Freddie Mercury, Monserrat Caballé, Adolf Hitler, Albert Einstein o Frida Kahlo, entre otros.
Pero eso no era suficiente, y cuando las calles se iluminaban con las primeras luces navideñas, era hora de colocar el belén. Durante varias semanas 300 figuras eran distribuidas en diez metros cuadrados, un paisaje con su propio cajero automático, un cuartel de la Guardia Civil y hasta la sede, en miniatura, de la agrupación belenista del Partido Popular. Y, además, por sus rincones se escondían treinta caganers seleccionados por él cada año según los temas «en tendencia» en ese momento.
Pese a su amor por estos personajes, Añoveros ponía límites a su colección, ya que no compraba personajes vivos sin trascendencia histórica, ni animales, ni figuras que considerara irreverentes. «Es una tradición religiosa y hay que tratarla con respeto», recordaba.
UNA PASIÓN COMPARTIDA
En 1990 fundó, junto a otros apasionados, Amics del Caganer, una asociación donde fue secretario durante más de tres décadas. Su objetivo era sencillo y ambicioso a la vez: «divulgar esta figura única del pesebrismo catalán y construir una comunidad en torno a ella».
«Cuando nos juntamos intercambiamos información sobre dónde y cuándo comprar las figuras. Entre todos descubrimos a nuevos artesanos o nuevos destinos para adquirirlas. Por ahora sólo se pueden encontrar en España, Portugal, Francia e Italia, pero si localizamos algo similar en otros países, lo compartimos para ampliar la red», explicaba el navarro.
Así, la asociación lo despidió en septiembre de 2024 con un emotivo mensaje tras treinta años de legado: «Hoy decimos adiós a un gran apasionado del mundo del pesebrismo, un gran coleccionista y un amante de la figura del caganer. Te echaremos mucho de menos».













