Cruzar el umbral del taller de Aitor Calleja en Marcaláin es una experiencia especial. El olor a porexpan acompaña los movimientos frenéticos de una mirada que no sabe dónde detenerse. Demasiado arte en cada esquina. Bustos en estanterías, manos de cartón sobre una mesa, telas y herramientas… Un universo que abraza el camino hasta el centro de la sala. El taller de este artista navarro permite desbloquear una imagen jamás imaginada por el niño interior que todos llevamos dentro: la suerte de mirar a los ojos a los gigantes que recorren, casi tocando el cielo, las fiestas de nuestros pueblos.
Este pamplonés de 39 años estudió ebanistería en la Escuela de Arte y Superior de Diseño de Pamplona, pero su pasión por estas figuras folclóricas le llevó a asumir el reto de restaurar los cabezudos de Tudela con tan solo quince años. Así, a los diecinueve realizó sus primeros gigantes para Valtierra y, desde entonces, ya cuenta con un catálogo de más de 156 obras completadas por toda España y una agenda de encargos completa hasta 2029.
Primero dio rienda suelta a su creatividad en un pequeño taller de Pamplona para luego pasar una década en otro local de Orrio. Precisamente, poco antes de finalizar su etapa allí, Mikel Eraso, un vecino del Valle de Ollo, se unió al equipo. Así, ambos se trasladaron hace nueve años a Marcaláin, donde han llevado a cabo muchos de sus grandes proyectos.

El proceso de creación de las figuras comienza con el modelado en barro, que se adapta al tamaño final del gigante o cabezudo.
Entre ellos se encuentran los Reyes de Occidente, una pareja de gigantes recuperados en honor a los existentes en la ciudad entre el siglo XVI y XIX y que fueron presentados hace unas semanas en la catedral de Pamplona. El creativo pamplonés Jorge Urdánoz fue el encargado de diseñar los bocetos de estas figuras en 3D, pero nuestros protagonistas fueron quienes les dieron la vida.
«Ha sido nuestra primera experiencia creando gigantes basados en bocetos digitales, pero el resto del proceso ha seguido el orden habitual de modelado en arcilla, moldes de escayola, resultados en poliéster, pintar y unificar el diseño con todas las piezas. También hemos impreso nuestro sello en pequeños detalles como el movimiento del pelo, lo que ha permitido generar un equilibrio entre la innovación y la artesanía. Estamos supercontentos con la gran acogida que han tenido y por haber tenido la oportunidad de aprender nuevas formas de trabajar», explica Calleja a Vanity Capital.
Entre sus otros grandes trabajos figuran ‘Els Burgesots’ del Carnaval de Molins de Rei, dos gigantes enormes con mecanismos para subir las faldas o girar los ojos; o el Drac Antic d’Igualada, un dragón de 90 kilos con estructura de madera y forrado con escamas de cuero que escupe pirotecnia por la boca. «Trabajamos para toda Navarra, pero Cataluña nos ha dado mucho. Allí se valora más la figura en sí que el baile que realiza, por lo que estamos muy agradecidos por haber restaurado gigantes centenarios como los de Vilassar de Dalt, Vilanova i la Geltrú o Santa María del Mar«, apunta Eraso para añadir que pronto realizarán un encargo para Palos de la Frontera en Huelva, el destino más lejano de su trayectoria.

Las manos se realizan con un molde en escayola, que luego se rellena en cartón piedra o poliéster con fibra de vidrio.
A pesar de existir otros dos talleres especializados en la Comunidad foral, Calleja destaca por su «estilo realista». De ahí que sea la opción escogida por aquellos interesados en convertir a figuras históricas en parte de su comparsa. A lo largo de su carrera, el artista ha representado a Joan Manuel Serrat como cabezudo de Viana, a Frida Kahlo para Leitza, a los generales Espartero y Maroto para Ramales de la Victoria (Cantabria), a los Reyes Fernando VI y Bárbara de Braganza para Pozuelo de Alarcón (Madrid), a Don Quijote y Dulcinea para Cervera del Río Alhama (La Rioja) o a Jorge Oteiza y Pepita Úriz para el Valle de Egüés: «Al tratarse de retratos, para estos últimos tuvimos que pedir permiso a la familia, que acudieron al taller para dar el visto bueno».
Precisamente esta pareja de gigantes, junto con la otra de dantzaris que componen la comparsa del municipio navarro, se encontraban en ese momento en el taller para pasar un proceso de mantenimiento tras diez años de bailes en las calles. «Más allá de crearlos, buena parte del trabajo del taller es conservarlos. Si se cuidan bien, pueden durar toda la vida, pero suelen traerlos de vez en cuando para hacer algunos retoques. Además, las propias figuras van contando su historia, por ejemplo, Jorge Oteiza ha tenido dos caídas de cara, por lo que ya nunca estará como el original. Da mucha pena, pero al final es normal, te acostumbras», sostiene Eraso.
PINTURA Y CONFECCIÓN
En el taller, unas escaleras se asoman a lo lejos y, al subirlas, otra estancia repleta de telas de colores se abre ante nuestros ojos. Allí se realiza la fase de pintado, y la modista Marta Arrastia confecciona los trajes que Aitor diseña con material traído desde Madrid. Como en las fases previas, esta etapa también se basa en una extensa documentación y es la parte que culmina el proceso de creación de un mes y medio.

Calleja realiza miniaturas de marmolina de algunas de sus obras, que conserva en su taller.
En esa sala se encuentra un pequeño armario que alberga unas treinta miniaturas de gigantes en marmolina, recuerdos modelados por Calleja para no olvidar ninguna de sus grandes creaciones. En esta misma línea, el navarro también es un gran amante de los belenes: «Siempre me ha gustado la escultura en general, al margen de los gigantes. Estas piezas me dan la posibilidad de trabajar diferentes pliegues, posiciones, gestos… Es un nicho que me gustaría explotar en el futuro».
Tras dos décadas de trabajo, Calleja es consciente de que su arte se convierte en una parte muy importante para los pueblos y le enorgullece profundamente que los niños admiren su trabajo, pero más todavía que los adultos sean conscientes del valor escultórico que estos representan. «De hecho, cuando veo mis gigantes en la calle, muchas veces no soy consciente de haber hecho siquiera ese trabajo. Disocias un poco porque durante meses forman parte de tu día a día, pero una vez que cruzan la puerta, adquieren vida propia. Me alegra que las personas diferencien mi estilo y que el boom de los gigantes de goma esté ayudando tanto a promocionarlo», concluye el artista.













