jueves, 21 octubre 2021

La Dircom que escribe novelas

Mujer culta, trabajadora y de fuertes convicciones, no le tiembla el pulso al afirmar que "existen historias apasionantes en la mayoría de las personas". Y razón no le falta. La propia vida de Marta Borruel, directora de Comunicación de CaixaBank en Navarra desde octubre de 2019, ya es toda una aventura. La que esta periodista protagoniza a diario entre grandes reuniones, horas de despacho, actos solidarios y momentos íntimos para la escritura. Solo así se comprende que, casi a diario, arañe horas al reloj para practicar una de sus pasiones: la literatura. Su segunda novela, '¡Que paren la rotativa!', encierra un emotivo homenaje al periodismo, a través de esa lucha palpable en tantas redacciones. La eterna batalla entre lo 'off-line' y lo 'on-line', que tan bien conoce una de las primeras 'social media' de Navarra.

Alberto Guzmán
Pamplona - 27 febrero, 2021

Marta Borruel posa para esta entrevista en el Nuevo Casino Principal de Pamplona, donde presentó este pasado jueves su nuevo libro. (Fotos: Ana Osés)

Antes de adentrarnos en harina periodística… ¿cuántas horas duerme al día Marta Borruel?
(Risas) Dormiré entre seis, y seis horas y media. También durante el fin de semana.

¿Es más de las que piensa, como Nacho Becerril, que “escribir es un acto doloroso y solitario que culmina cuando recibes retroalimentación de la otra parte”; o se ubica en el grupo de J.K. Rowling: “Nunca estoy más acompañada que cuando escribo. Mis personajes son amigos, son gente de mi familia”?
Sin duda, más de la segunda opción. Considero que es un acto muy solitario, porque requiere mucha disciplina para situarse delante del folio en blanco sin ayuda de nada más. No sirve copiar y pegar nada: simplemente tienes que sentarte y escribir. Pero no me siento mal, no me parece doloroso en absoluto. Me siento súper acompañada por mis personajes.

J.K. Rowling desveló hace ya unos años que, cuando tuvo que matar al primer personaje de la saga de Harry Potter, lloró y sintió un dolor “terrible”. ¿Ha experimentado dicha simbiosis con alguno de los protagonistas de sus novelas?
¡Por supuesto! Tengo complicidad total con mis personajes. Releo mil veces mis manuscritos y, en momentos de la trama, lloro de lo que yo misma he escrito. ¡Me afecta, claro!

Su segunda novela aterrizó en las librerías el pasado 15 de febrero, con toda la resaca post-San Valentín. Se trata, sin embargo, de un thriller de investigación, periodístico y policial, aunque el amor y las nuevas oportunidades también conforman un pilar fundamental de la obra. ¿Se considera romántica?
No me considero romántica en absoluto. De hecho, me gusta leer prácticamente de todo menos novelas románticas, que no me llaman la atención para nada. Pero esta no es que sea una historia de segundas oportunidades. Quiero reflejar personajes reales y contemporáneos y, dentro de nuestras vidas, las segundas oportunidades son necesarias. Deben existir. Y el amor es importante en la vida de todos, no solo el de pareja, sino también el de los hijos, de la familia, de los amigos…

¿La vida le ha dado muchas oportunidades?
Pues sí, no me puedo quejar. Cuando era joven, no me imaginaba que mi vida sería así. Siempre he intentado exprimir y coger las oportunidades que se me han ofrecido en cada momento.

En su primera novela, Tú no tienes la culpa, profundizaba sobre el propio personaje. En ¡Que paren la rotativa! la investigación, sin embargo, trata de destapar lo que oculta la fusión internacional aparentemente modélica de la empresa Taxco. Indagar, curiosear, dentro o fuera, siempre es una buena opción para Marta Borruel.
(Risas) ¡Efectivamente! Considero que las novelas parten de la propia vida. La idea de toda novela surge de la vida real de muchas personas. En la mayoría de los casos hay secretos, historias ocultas, cosas que no sabemos y que, de repente, salen un día a la luz. Anécdotas que alguna vez nos cuenta algún familiar, al estilo “¿No sabías que tu tío hizo tal cosa?”. Existen historias apasionantes en la vida de la mayoría de las personas.

¿Algún secreto confesable en la familia Borruel Álvarez de Eulate?
A lo largo de la vida, muchos. Todas las familias guardan secretos confesables, pero en mi caso no hay nada especial.

Usted ha escrito ¡Que paren la rotativa! justo en un año excepcional en la historia reciente del hombre y la mujer. Un momento en el que, curiosamente, lo que se paró fue la vida. ¿Le ha influido esta llamada nueva normalidad a la hora de redactar su novela?
No, porque lo cierto es que la novela estaba prácticamente finalizada cuando empezó el confinamiento. Lo único que me faltaba eran las últimas correcciones y enviarla a la editorial. Tenía que haber salido unos meses antes, pero mi agente decidió pararla y esperar, porque no estábamos en un momento bueno para absolutamente nada. Tampoco para el mercado del libro. Eso sí: he aprovechado el confinamiento para empezar mi tercera novela, que estoy a puntito de terminar. Bueno, todavía le faltan unos meses, pero ya tengo todo la trama totalmente estructurada en mi cabeza, y eso ya es un avance grandísimo.

¿En qué momento del día encuentra paz para escribir?
Suelo escribir por las tardes, cuando salgo de trabajar, o por las noches. Los fines de semana… ¡Depende! No tengo un horario determinado. La verdad es que dejo que fluya la inspiración.

¿Algún instante mágico en el que la inspiración se aproxima más a la persona?
Por la noche, cuando voy a dormir y vienen un montón de historias a la cabeza. Quizá sea porque en ese preciso momento repasas el día, piensas en la jornada siguiente… Se trata de un momento de introspección en el cual surgen historias.

No son pocos los escritores que afirman que se levantan en mitad de la noche con una buena idea y tienen que tomar el portátil o un papel.
Lo cierto es que no he llegado a tanto, probablemente porque la idea en mi caso no era tan buena. Sí que surgen bocetos en cualquier momento, y lo que hago es escribirlos en la aplicación de notas de mi teléfono. Si alguien los viese se quedaría sorprendidísimo, porque hay reflexiones muy extrañas. En plan: ¿cómo se ocultaría un cadáver en un pueblo pequeño?

A nivel personal, ¿cómo vivió aquella semana de marzo en la que todo cambió? Justo en estos días, hace un año, comenzaban a llegarnos noticias muy inquietantes de Italia.
Me pareció algo absolutamente increíble. Pensé que era un momento histórico, que espero no volvamos a vivir. Recuerdo cuando se decretó el estado de alarma y salió el presidente informando de que nos confinaban en casa quince días… ¡No lo podía creer! Sin pensar, por supuesto, en todo lo que vino después. Lo viví con asombro extraordinario…

¿Ha tenido miedo al virus?
No. Ni más ni menos que a cualquier otra enfermedad. He sido precavida y he cumplido con todas las medidas sanitarias, pero no me ha dado más miedo que cualquier otro sufrimiento.

En ¡Que paren la rotativa! juega con dos investigaciones, la policial y la periodística, para tratar de destapar lo que oculta, los trapos sucios, de la fusión internacional de una gran empresa. Si fuese un personaje de su libro, ¿le hubiese gustado más ser la Marta periodista, o la Dircom Borruel de una multinacional?
(Risas) Los dos personajes tienen mucho de mí, porque he trabajado en los dos ámbitos. Ambos intentan hacerlo de la manera más rigurosa y más honesta posible. Yo podría ser los dos protagonistas, dependiendo de los momentos de la vida. Ahora, por supuesto, escogería el de la Dircom de la empresa, porque estoy absolutamente feliz en CaixaBank. Me encanta mi trabajo.

Está claro que el libro, en el fondo, encierra un emotivo homenaje al periodismo, a través de esa lucha palpable en tantas redacciones. Esa batalla entre lo off-line y lo on-line. Le pido sinceridad: ¿qué personaje es más Marta Borruel: “el veterano, resignado, curtido en mil batallas, pero periodista de buena pluma y excelente olfato” llamado Ricardo Domínguez; o el joven “con total dominio de las redes sociales (como usted) que da por muerto al periodismo escrito” y recibe el nombre de Beltrán Alonso?
Una vez más, me considero una mezcla de los dos personajes. Provengo de una generación en la que era muy importante escribir bien, ser muy rigurosa con las fuentes, con los tiempos de publicación, con construir y confeccionar una buena historia con buenos cimientos y estructura. A la vez, también soy una absoluta convencida de que las redes sociales y los medios digitales han venido, en el caso de los periodistas, para ayudarnos en nuestra tarea. Soy usuaria en redes prácticamente desde que surgieron, me formé incluso académicamente en Social Media. Desde luego, estoy convencida de que hoy en día un periodista tiene que ser multidisciplinar, en el sentido de que tiene que saber tanto los antiguos códigos como las nuevas narrativas.

¿Cómo ve el futuro del periodismo? ¿Tendremos dentro de diez años prensa diaria?
Creo que seguiremos teniendo prensa diaria. Otra cosa es que, a lo mejor, la mayoría de los usuarios accedan mediante alguna plataforma donde puedan obtener otros contenidos multimedia. El periodismo sigue siendo esencial y, efectivamente, seguiremos consumiendo contenidos periodísticos. Precisamente, la pandemia nos ha demostrado que allá donde muchas veces no existe más que ruido, la prensa proporciona un momento de serenidad. La información bien estructurada, buenas fuentes y datos nos ayudan a situarnos y a serenarnos ante los peligros que nos rodean.

Hemos vivido esta pandemia junto a Netflix, Amazon, Tik Tok… ¿Cómo hubiese sido su funcionamiento sin estas herramientas?
Me viene a la cabeza el confinamiento de la mal llamada gripe española. Supongo que entonces también las historias serían diferentes. Al final, lo que varía es la manera en la que nos llegan los mensajes. En aquella época, las familias contarían sus propias historias, pues existía una tradición oral. Historias en las que refugiarnos ha habido siempre y seguirá habiendo.

¿Sigue repasando los clásicos franceses?
¿Lo dices por Víctor Hugo y Los Miserables? Sí, sí, por supuesto. Ya lo he dicho muchas veces, para mí son una absoluta referencia. De hecho, muchas veces pienso en los personajes de esa novela y veo a los Thénardier por muchos sitios, a personas que son como Cosette, Fantine, Javert o Jean Valjean.

¿Recuerda mucho a aquella pequeña Marta leyendo junto a su padre las páginas de Los Miserables?
¡Muchísimo! Me acuerdo cantidad de mi devoción por la lectura y, por supuestísimo, de mi padre.

En alguna ocasión ha afirmado que esta maravillosa novela de Víctor Hugo fue la verdadera culpable de su amor por la literatura.
Mi padre era un lector insaciable, empedernido, y yo desde pequeña también lo fui. Él me iba dando los libros que le gustaban sin pensar si yo tenía la edad adecuada o no. Ahora, en cambio, vas a las librerías y existen libros adaptados a los niños de las grandes obras universales. Yo empecé leyendo Los Miserables, como disfruté con Nuestra Señora de ParísMiguel Strogoff, El prisionero de Zenda, El Corsario Negro, La cabaña del tío Tom, Tom Sawyer... Novelas de siempre, que las escogía de la librería de mi padre.

Muchos desconocen que esta conocida Dircom, escritora de novelas, también es una reconocida gastrónoma. Bien lo plasmó en 1997, cuando El País-Aguilar le editó su libro De tapas por Pamplona. ¿Cuál ha sido (y es) la tapa de sus ojos en esta ciudad?
Por el cariño familiar que le tengo, para mí es El Moscovita de El Temple. El Temple es un pequeño bar que se ubica en la calle Curia, muy cerca de donde yo he vivido toda la vida, en Mercaderes, donde aún vive mi madre. Los domingos íbamos a tomar el vermú y solíamos pedir un Moscovita. Es el pincho de mi infancia.

¿Y el mejor maridaje para inyectar ese optimismo que tanto necesitamos?
¡Un buen libro y un buen vino! Es un maridaje, para mi gusto, ideal para una tarde de sábado fabulosa. Sin desmerecer, por supuesto, a las series. También soy muy seriéfila y cinéfila. Hace poco he visto The Americans, ambientada en la Guerra Fría. Narra la vida de una familia de agentes de la KGB que residen en Estados Unidos haciéndose pasar por americanos. ¡Buenísima!

¿Ha visto también The Crown?
¡Me encanta! En la cuarta temporada, Gillian Anderson (como Margaret Thatcher) está maravillosa. Me parece un duelo interpretativo entre grandes mujeres. Thatcher está genial, como también brillan, lógicamente, la Reina (Olivia Colman) y Diana de Gales (Emma Corrin).

¿Quién gana el duelo: Olivia Colman o Gillian Anderson?
Me gusta más el papel de la Reina. Colman es excepcional.

Por último, imagine que las redacciones de este mundo pueden exclamar ¡Que paren la rotativa! esta misma noche porque el Covid-19 desaparece. ¿Qué es lo primero que haría mañana?
Organizaría una buena comida con mi familia, con mis hermanos y mi madre.

Por cierto, ha adelantado en esta entrevista que ya está terminando tu tercera novela. ¿Por dónde van a ir los tiros?
Es más parecida a la primera, Tú no tienes la culpa, en la que hay una serie de personajes que tienen que afrontar algo del pasado para poder continuar con sus vidas. Mientras no resuelvan el pasado, no van a poder seguir adelante. Vuelvo a la introspección, a cómo los personajes muchas veces están paralizados por la culpa, por sentimientos que no les permiten avanzar. Repasando lo que ha sido nuestro pasado, aprendemos muchas cosas del futuro.


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