El polígono Dehesa de Ormiñén, en Fitero, emerge como un oasis industrial en medio de un mosaico de campos dorados y verdes. Allí, entre naves que rompen la estampa agrícola, se alza una empresa de 9.000 metros cuadrados dedicada a la fabricación de puertas. En concreto, se trata de Madera Exprés Sanz, una compañía que ha hecho de la especialización, la resiliencia y la personalización sus señas de identidad.
Los orígenes de la firma se remontan a 1982, cuando un matrimonio de Igea (La Rioja) decidió emprender en el sector de las puertas de mobiliario. Aquel proyecto familiar fue creciendo hasta constituirse como sociedad en 1997. Apenas dos años después, en 1999, dieron el salto a Fitero, donde levantaron unas instalaciones iniciales de 4.000 metros cuadrados. La expansión no tardó en llegar y, en 2006, ampliaron la nave hasta los actuales 9.000 metros, con una fachada de 195 metros lineales que se asoma a la carretera como carta de presentación de su actividad.
Desde 2014, Víctor Sanz, hijo de los fundadores, lleva el timón de la compañía. A él le tocó vivir, junto a su hermana Virginia, una de sus etapas más complejas y decisivas… «Somos fabricantes de puertas de armarios, no puertas de paso. Por ejemplo, cuando la cocina está en reposo, todo lo que se ve es lo que nosotros hacemos», explica a Navarra Capital. Su trabajo, por tanto, no se dirige al cliente final, sino a fabricantes de cocinas y mobiliario: «Quién dice cocina dice muebles de baño, armarios o incluso piezas del sector hospitalario».
De hecho, esa versatilidad responde a una transformación en el propio concepto del hogar: «Antes las estancias estaban separadas por muros. Ahora la tendencia es integrar cocina, salón y comedor, y todo debe tener una coherencia estética».

En 2021, la empresa realizó una inversión cercana a los 400.000 euros en un sistema automatizado de gestión de almacén.
En ese sentido, la clave de su modelo está en la personalización. Frente a la producción en serie, Madera Exprés Sanz trabaja prácticamente bajo demanda. «No realizamos nada para almacén, ni funcionamos con stock, sino que fabricamos a medida. Podemos diseñar desde una puerta hasta un gran lote sin cantidades mínimas», afirma el gerente. Esta filosofía se apoya en tres grandes líneas de producción: laminado, lacado y termolaminado, este último mediante recubrimientos de PVC o PET aplicados con calor.
CONCURSO DE ACREEDORES
Con una plantilla actual de veintiséis trabajadores, algunos de ellos vinculados a la empresa desde sus inicios, la compañía produce en torno a 100.000 puertas al año. Pero su trayectoria no ha sido lineal. En 2014, entró en concurso de acreedores, proceso del que consiguió salir airosa en 2022. La superación de aquella dura etapa marcó un punto de inflexión en la firma, que logró mantener el mismo CIF y el mismo nombre a pesar de las dificultades. «Somos los mismos de 1997», subraya con orgullo Sanz. Y no es un dato menor, ya que «solo entre el 4 % y el 5 % de las empresas que entran en concurso logran continuar»: «Fue muy complicado, un proceso que no le deseo a nadie. Pero nosotros remamos y por fin podemos respirar tranquilos».
Esa fase dio paso a una profunda reestructuración y a una apuesta decidida por la innovación. En 2021, en pleno concurso, la empresa realizó una inversión cercana a los 400.000 euros en un sistema automatizado de gestión de almacén. «Adquirimos un robot que, en su momento, fue el primero de ese modelo en España y uno de los primeros del mundo», apunta.
El sistema permite almacenar y gestionar hasta 3.000 tableros sin intervención humana directa: «El operario coloca el material en la entrada y la máquina lo distribuye según su criterio, algo fundamental teniendo en cuenta que manejamos 180 referencias diferentes. Cuando entra un pedido, la máquina de corte se comunica con el almacén y solicita los tableros necesarios. El resultado es una cadena más eficiente, segura y precisa con menos manipulación, menos roturas, mayor rapidez y reducción de riesgos laborales».
La optimización del espacio es otro de los grandes logros. «Antes, en 1.250 metros cuadrados podíamos almacenar hasta 5.000 tableros distribuidos en estanterías o palés. De modo que perdíamos mucho espacio para el paso de las carretillas. Ahora, en unos 250 metros, almacenamos entre 2.500 y 3.000», señala. Todo ello en un entorno completamente automatizado y cerrado, donde la trazabilidad permite incluso aislar lotes defectuosos en cuestión de segundos.

Desde 2014, Víctor Sanz dirige la empresa familiar, fundada por sus padres en Igea en 1982.
Más allá de la tecnología, la empresa mantiene una apuesta firme por la diferenciación: «Buscamos productos exclusivos y asumimos riesgos al escoger diseños originales porque queremos ofrecer algo que no tenga todo el mundo, como materiales hidrófugos o una estética propia que cree una identidad reconocible de cara a nuestros clientes».
En términos económicos, la compañía lleva años registrando una facturación media superior a los 2 millones de euros anuales, con picos de hasta 2,5 millones. De cara al futuro, aspira a seguir creciendo y a recuperar el mercado internacional que perdió con el concurso. No obstante, actualmente mantiene su actividad en países como Portugal y Francia, así como en el mercado nacional.













