Dicen que todo genio recuerda con precisión su primera gran obra. En el caso de Daniel García fue un dibujo. Una simple casa. Con su puerta, su ventana… «y su chimenea». «Lo más importante fue la chimenea. Ese detalle lo cambió todo», suspira con cierta nostalgia. ¿La razón? Sus padres, acostumbrados a garabatos infantiles, se quedaron mirando aquel dibujo como si su pequeño hijo acabara de reinventar la arquitectura doméstica. Había dibujado la chimenea en perspectiva, inclinada con una coherencia encomiable. «La visión tridimensional me generaba mucha curiosidad, por eso la aplicaba en mis ilustraciones», apunta.
Fruto de esa inquietud por comprender volúmenes, mecanismos y dimensiones, se decantó por estudiar Ingeniería Industrial en la Universidad Pública de Navarra (UPNA). Allí, aquella intuición infantil sobre las formas y la profundidad encontró su terreno de juego perfecto entre máquinas, engranajes y planos.
Al terminar su formación, fichó por Grupo MTorres como ingeniero de Diseño y, más tarde, pasó a ocupar el cargo de técnico de Aplicaciones. «Al fin, me enfrenté por primera vez a lo que era un motor, un tornillo, un sensor… Un robot, al fin y al cabo. Y empecé a soñar con tener mi propio equipo de ingenieros y desarrollar mi propia tecnología algún día», relata.
@valores_top 🦾 #INNAVACIÓN | La empresa de #Mutilva que ha duplicado su facturación en un año diseñando manos robóticas. Después de trabajar en el Grupo MTorres y varias ingenierías, #DanielGarcía fundó Ingenialma en 2018. La compañía, especializada en la #robótica de manipulación, paletizado, clavado y ensamblado y #maquinaria de visión #artificial, suma siete trabajadores en plantilla y cerró 2025 con una facturación de 650.000 euros. 🎙️ "En 2026, nuestra idea es ampliar personal y #facturación. Realizaremos inversiones en las instalaciones para modernizar la nave", avanza este #emprendedor a Navarra Capital. #NavCapital 💻 Lee la noticia completa, link en la BIO.
LA PRIMERA ENTREGA
Tras trabajar en otras ingenierías y tomar la decisión de darse de alta como autónomo, recibió el pedido de una empresa que le encargó una mesa giratoria. Y Daniel se puso manos a la obra. Empezó el diseño en el cuarto de estar de su casa, convertido de la noche a la mañana en un improvisado estudio: planos extendidos sobre la mesa, bocetos en los sofás y un portátil que parecía respirar al ritmo frenético de sus ideas. Con el boceto listo, comenzó la siguiente fase: pedir las piezas a distintos talleres de Pamplona. Cuando estuvieron preparadas, alquiló una furgoneta y fue recogiendo cada componente por la ciudad, listo para armar un rompecabezas gigante.

Daniel anhelaba crear una mano robótica con Inteligencia Artificial, sueño que cumplió en Ingenialma.
Allí mismo, en la parte trasera de la furgoneta, montó la estructura pieza a pieza. Atornilló, ajustó y comprobó cada detalle con la misma concentración que aquel niño que un día dibujó una chimenea en perspectiva. Y ese mismo día entregó la máquina terminada. Misión cumplida.
A partir de ese momento, los pedidos no dejaron de llegar. Cada proyecto era distinto, cada reto un nuevo rompecabezas que Daniel resolvía con la mezcla justa de ingenio, oficio y obstinación. Pero, mientras cumplía encargos y afinaba máquinas, en su cabeza empezaba a tomar forma un sueño mucho más ambicioso: desarrollar una mano robótica con Inteligencia Artificial. «La gente me decía que era un proyecto demasiado ambicioso. Llegué a escuchar bromas como ‘¿te crees Terminator o qué'», rememora entre risas.
EN CONSTANTE CRECIMIENTO
En 2018, fundó su propia empresa y la bautizó con el nombre de Ingenialma. «Igual que mucha gente tiene su huertica y disfruta con sus lechugas, yo disfruto manipulando mecanismos y robots. Por eso decidí emprender. Esto es como mi propia huerta», expresa mientras pasea por las instalaciones, ubicadas en Mutilva.
En concreto, la compañía se ha especializado en la robótica de manipulación, paletizado, clavado y ensamblado: «Diseñamos manos robóticas para robots industriales y mesas de giro. Ahora mismo estamos más centrados en el ámbito de la estampación y la madera, pero trabajamos para todo tipo de sectores. Alimentación, automoción, vidrio… También creamos máquinas de visión artificial».
Con siete trabajadores en plantilla, Ingenialma cerró 2025 con una facturación de 650.000 euros. Una cifra que duplica la alcanzada en 2024. «Este año, nuestra idea es ampliar personal y facturación. Además, realizaremos inversiones en las instalaciones para modernizar la nave y profesionalizaremos más la marca. Hay mucha demanda de automatización en la industria española y europea, así que estamos en constante crecimiento», puntualiza para acto seguido remarcar que la firma actualmente realiza pedidos en Navarra y País Vasco y que, en un futuro, quiere aterrizar en Francia.
Orgulloso del crecimiento que está experimentando la empresa, Daniel recuerda que, el pasado octubre, recibió la XXVII Ayuda a la Innovación Fuentes Dutor, dotada con 20.000 euros y promovida por el Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Navarra (COIINA) y la Fundación Fuentes Dutor: «El proyecto premiado fue nuestra mano robótica. Nuestra idea es dotar a los robots de una capacidad esencial: el tacto».
Fabricada con materiales como silicona, grafito o hidrogel, utiliza Inteligencia Artificial para interpretar señales y reconstruir mapas de presión, y permite a los robots manipular objetos con precisión y autonomía. «Una de las cosas más difíciles de la industria de la automoción es manipular cables, ya que cada cable se comporta de manera diferente. Con esta mano podríamos llegar a desarrollar maniobras que requieran destreza humana. Simplemente habría que colocarla en los robots industriales y proporcionar algoritmos concretos», aclara.

Ingenialma se especializa en la robótica de manipulación, paletizado, clavado y ensamblado.
Mientras trabaja codo a codo con su equipo, nuestro protagonista sonríe. Es consciente de que, a sus 39 años, se encuentra exactamente en el lugar donde siempre quiso estar: donde la imaginación se convierte en ingeniería y las ideas, por muy atrevidas que parezcan, terminan materializándose. Sabe que, al fin y al cabo, aquel niño que dibujaba casas con chimeneas en perspectiva no ha desaparecido. Simplemente ha cambiado los lápices por robots, pero la esencia es la misma: imaginar lo que aún no existe y darle forma hasta que cobre vida.













