Eduardo Burgaleta ha pasado gran parte de su vida conduciendo un camión. Durante años viajó con frecuencia a Extremadura, donde escuchaba de forma recurrente las quejas «por los problemas que generaban las cigüeñas en pueblos y ciudades». Los enormes nidos dañaban cubiertas de iglesias, edificios históricos, antenas de telecomunicaciones y tendidos eléctricos. Aquella realidad despertó una pregunta en él que acabaría cambiando su vida profesional: «¿Por qué nadie encontraba una solución eficaz?». La respuesta llegó en 2008, cuando decidió poner en práctica varias ideas propias para evitar que las cigüeñas anidaran en lugares problemáticos sin perjudicar a las aves. Así nació en Tudela Comertu Control de Aves.
«Muchas veces, las oportunidades aparecen donde otros solo ven problemas. Yo escuchaba las mismas quejas una y otra vez y pensé que tenía que existir una forma de compatibilizar la conservación de las cigüeñas con la protección de las infraestructuras», recuerda Burgaleta. La empresa diseñó y patentó sistemas específicos que permitían retirar los nidos conflictivos, instalar puntos alternativos de anidación y evitar que las aves regresaran a ubicaciones que causaban daños. La propuesta funcionó. Y lo que comenzó como una iniciativa local fue ganando terreno hasta convertirse en un reclamo nacional.
Hoy, desde su sede de Tudela, la compañía asesora a buena parte de las empresas y organismos que afrontan problemas relacionados con las cigüeñas. Entre sus clientes figuran compañías eléctricas, operadoras de telecomunicaciones, administraciones públicas, Iberdrola, Movistar, Orange, Red Eléctrica, Canal de Isabel II en Madrid y entidades dedicadas a la protección del patrimonio histórico. Sus sistemas se han utilizado en proyectos tan diversos como la Diócesis de Barbastro-Monzón, la catedral de Lleida, de donde se retiraron más de noventa nidos, y otros edificios históricos o infraestructuras energéticas: «Ahora mismo asesoramos al 80 % de las empresas y entidades de España que tienen problemas con cigüeñas, tanto en el sector público como en el privado».
LAS PALOMAS
El crecimiento de la empresa también vino acompañado de nuevas demandas. Muchos ayuntamientos comenzaron a contactar con Comertu por otra realidad cada vez más visible en los entornos urbanos: la suciedad que generan las palomas y las concentraciones excesivas de estas aves, que pueden provocar daños estructurales en edificios y problemas sanitarios. Para abordar esta situación, la empresa desarrolló en Navarra un protocolo específico de actuación adaptado a los exigentes requisitos de bienestar animal.
El procedimiento comienza con estudios poblacionales para determinar el número de ejemplares existentes en cada municipio: «Por encima de 400 palomas por kilómetro cuadrado, se consideraría una plaga». A partir de ahí se localizan dormideros y puntos conflictivos, se exige a los propietarios de los inmuebles que clausuren los espacios que favorecen la concentración de aves y se realizan las capturas autorizadas.
«La clave no está en capturar más, sino en entender por qué las palomas se están concentrando en determinados lugares y eliminar esas condiciones. Si no se corrige el origen del problema, este vuelve a aparecer», explica Burgaleta.
Además, también realiza labores de asesoramiento, ya que diversas empresas consultan previamente con Comertu el material que van a utilizar en las obras para determinar que no sea susceptible de atraer aves, como fue en el caso de La Granja de San Ildefonso.
COLONIAS FELINAS Y CANINAS
La especialización en el manejo de animales urbanos llevó a la empresa a abrir una nueva línea de trabajo vinculada a las colonias felinas. Antes incluso de la entrada en vigor de la Ley de Bienestar Animal de 2023, Comertu ya colaboraba con ayuntamientos aplicando el método CES (Captura, Esterilización y Suelta) para controlar la proliferación de gatos callejeros.
La nueva normativa convirtió a los consistorios en responsables directos de la gestión de este tema, una obligación que muchas administraciones encontraron difícil de asumir por falta de medios técnicos y humanos. Ante esta situación, la compañía navarra desarrolló un servicio integral que incluye la geolocalización de colonias, el censo de ejemplares, la coordinación con alimentadores y asociaciones, la planificación de capturas y la gestión de los traslados veterinarios.
Actualmente, Comertu, que cuenta con una sede de 500 metros cuadrados en la capital ribera, trabaja con alrededor de 200 municipios repartidos por comunidades como Navarra, País Vasco, Cataluña, Comunidad Valenciana, Andalucía, Aragón o Madrid. El crecimiento de esta actividad ha impulsado una profunda transformación de la firma. En apenas tres años la plantilla ha aumentado cerca de un 50 % y la facturación ha experimentado incrementos similares. A los catorce trabajadores fijos se suman decenas de profesionales especializados en trabajos verticales durante las campañas de actuación sobre nidos de cigüeñas.
Ahora, la empresa afronta una nueva etapa con la adquisición de una residencia canina con capacidad para 120 perros y la posibilidad de ampliarla con otros 150 cheniles. El objetivo es ofrecer a los ayuntamientos un servicio integral «para cumplir con las obligaciones que marca la legislación en materia de bienestar animal». Las instalaciones permitirán alojar temporalmente perros abandonados o extraviados, mientras se localiza a sus propietarios o se decide su destino. Además, la empresa gestionará la recogida y trazabilidad de animales fallecidos, garantizando que todo el proceso quede debidamente documentado.
«No queremos ser una empresa que simplemente resuelve incidencias puntuales. Queremos convertirnos en un socio técnico para los ayuntamientos en todo lo relacionado con el bienestar animal», señala Burgaleta. Aunque la compañía sigue siendo reconocida por sus soluciones para cigüeñas y palomas, su futuro pasa cada vez más por la gestión especializada de animales urbanos: «Tenemos una demanda de trabajo muy alta, por lo que aspiramos a expandirnos y abrir delegaciones en diferentes comunidades».













