Un niño coge carrerilla, salta con todas sus fuerzas y se eleva, ligero, con esa despreocupación que solo conoce la infancia. Su risa estalla limpia, contagiosa, mientras su madre lo observa desde un banco con una sonrisa serena. A escasos metros, Naira y Jon Sangüesa contemplan la escena. Ellos son ahora los guardianes de una tradición que durante décadas levantó su padre y que este año, por primera vez, continúan sin él, con la convicción de que el mejor homenaje es mantener viva la ilusión que su progenitor siempre puso en cada jornada.
La historia de Navar Producciones comenzó en 1994, cuando un grupo de socios decidió poner en marcha una empresa dedicada al ocio infantil. Con el paso de los años, sus caminos fueron separándose y, entre unas circunstancias y otras, solo quedó al frente el padre de Naira y Jon, que convirtió aquel proyecto en una empresa familiar. Desde su sede en Imárcoain, la firma ha recorrido toda Navarra y el País Vasco. Entre los rincones en los que ha estado presente, destaca uno muy especial: la plaza de la Libertad de Pamplona. Allí, durante los Sanfermines, miles de niños escriben algunos de sus recuerdos más felices.
Bautizado como ‘Menudas Fiestas’, este espacio de acceso libre se ha consolidado como uno de los grandes puntos de encuentro para las familias durante las fiestas y abre sus puertas a niños de hasta catorce años. Allí la diversión adopta mil formas: hinchables con porterías para los más futboleros, grandes toboganes, una barredora que pone a prueba el equilibrio, deslizadoras, escaleras para trepar, camas elásticas…
«Al final, lo que buscamos es que cada grupo de niños tenga su hinchable. Quien viene aquí es porque quiere pasárselo bien. Es un espacio que mueve a mucha gente. De hecho, en 2025 pasaron por el parque unas 87.000 personas, según datos del Ayuntamiento de Pamplona«, detalla Mónica Visiedo, gerente de la compañía, a Navarra Capital.
UN MOMENTO DE TRANSICIÓN
Naira tiene 21 años. Jon, 26. Son dos de las caras más jóvenes del entramado que hace posible la fiesta, aunque llevan toda la vida conviviendo con este oficio. Han crecido entre camiones, montajes, hinchables y plazas que, durante unos días, se transforman en escenarios de juego. Durante esta nueva etapa, ahora que han cogido el testigo de su padre, será Mónica quien les acompañe en el camino: «Llevo veintisiete años trabajando en Navar Producciones. Ahora estamos en un momento de transición y la idea es ayudarles y que poco a poco vayan asumiendo todo. Han vivido esto desde pequeños y conocen el negocio».
Además de instalar hinchables, la actividad de la compañía también pasa por un pequeño taller situado en su nave. Allí reparan hinchables propios, pero también los de otras empresas del sector. Costuras que se abren con el uso, lonas que necesitan ser reforzadas o pequeños desperfectos que obligan a parar una atracción encuentran una segunda vida en sus instalaciones.
«Detrás de un hinchable hay muchísimo trabajo. Hay que abrirlos, limpiarlos, prepararlos… Es un proceso que la gente no ve porque solo se conoce el resultado final», explica para acto seguido remarcar que la compañía suma cinco empleados, aunque en verano esa cifra se amplía con distintos monitores que supervisan a los niños.
El mantenimiento ocupa buena parte del calendario cuando terminan las fiestas. Cada atracción se revisa, se limpia y, si es necesario, se repara antes de volver a guardarse o salir de nuevo a la carretera. Un trabajo silencioso, alejado del bullicio de las plazas, pero imprescindible para que, poco después, todo vuelva a estar listo.
Ese trabajo paciente, casi artesanal, es el que sostiene después escenas como las de la plaza de la Libertad. Cuando todo está preparado y los niños empiezan a saltar, la fiesta sigue su curso. Hay quien recordará un encierro, un concierto o una comida con la cuadrilla. Otros, dentro de unos años, guardarán en la memoria aquella tarde entre colchonetas, brincando vestidos de blanco y rojo al ritmo de San Fermín.













