Como tantas otras empresas ligadas al mundo rural y los festejos populares, la Ganadería Arriazu, con sede en Ablitas, sufrió un duro revés tras la llegada de la pandemia. La cancelación masiva de fiestas patronales en pueblos de toda España dejó en pausa su actividad principal: el suministro de vaquillas para suelta de reses y concursos de recortadores. Sin ingresos, pero con gastos fijos de alimentación, sanidad y mantenimiento, la familia Arriazu decidió explorar nuevas vías de cara al futuro.
Esta tarea recayó en los primos Borja y Patricia Arriazu, de 31 y 33 años respectivamente y representantes de la tercera generación (la segunda, formada por sus padres, dirige el negocio). «En 2020 pensamos en crear una explotación ganadera para carne de vacuno, pero los trámites burocráticos nos retrasaron. No fue hasta el 15 de abril de 2022 cuando introdujimos las primeras vacas», recuerdan para Navarra Capital.
Los primeros pasos fueron decididos. Adquirieron dos lotes de vacas navarras, de 40 y 35 animales, a los que luego sumaron veinticinco novillas francesas y otras quince procedentes de Soria. Hoy, tres años después, cuentan ya con 150 vacas madres y 140 terneros de raza limusina, una variedad francesa de gran tamaño y pelaje rojizo, reconocida por su calidad cárnica. «También empezamos con dos sementales y hoy ya tenemos cuatro. Buscamos ejemplares con buena morfología, pero también que faciliten el parto, ya que los terneros son muy grandes y eso puede generar complicaciones», explican.
Los animales se crían en la finca La Torre, de 35 hectáreas, y su cliente principal es Ganados Barberena. «Ellos se encargan de sacrificar y distribuir tanto los terneros como las vacas viejas», concretan. En paralelo, el siguiente gran paso que proyectan es la creación de un cebadero para 300 terneros para duplicar su producción. «Sin ilusión, esperanza y trabajo no hubiéramos llegado a donde estamos ahora», recalca Patricia.
LA TRADICIÓN
Fundada en 1971 por José Arriazu, la ganadería mantiene viva en paralelo su vocación ligada a los festejos taurinos. Cada verano, especialmente en agosto, la familia Arriazu recorre municipios de toda España suministrando reses para vaquillas, encierros y concursos. En las primeras semanas de agosto de este año, la familia ya ha estado presente en localidades como Arguedas, Barillas, Carcastillo o Poblenou del Delta (Tarragona). «A partir del 10 de agosto, estamos en un sitio diferente cada día. La festividad de la Asunción de la Virgen María, el día 15, marca el punto álgido de la temporada», señalan.

Esta ganadería de Ablitas proyecta poner en marcha un cebadero de terneros para duplicar su producción.
La ganadería cuenta con unas 1.300 cabezas de ganado dentro de esta línea de negocio, repartidas entre tres fincas: La Estanca y El Prado de la Muerta, de 60 hectáreas cada una; y una tercera, de 10 hectáreas, en Barillas. Y la gestión de la empresa está repartida entre Víctor y Roberto, hijos del fundador que siguen al frente del negocio. También forma parte del equipo Javier, hermano de Borja. Y aunque los cinco trabajan durante todo el año, en verano reciben el apoyo de familiares y amigos que refuerzan el equipo para afrontar el ritmo frenético de la temporada alta.
Borja se despierta todos los días a las seis de la mañana sin saber a qué hora volverá a acostarse. En invierno puede dormir hasta siete horas, pero es una tarea imposible durante los meses de verano: «Me he criado en el campo y nunca tuve dudas de que quería dedicarme a los animales». En la misma línea, su prima estudió Veterinaria en la Universidad de Zaragoza. «De pequeña solo quería trabajar con vacas, supongo que porque crecí entre ellas», rememora ella entre risas. «En cuanto tengo un día libre, me escapo a cualquier pueblo en fiestas para disfrutar de las vaquillas», remata su primo.













