Pedro García sigue teniendo ganas de conversar. Todavía le interesan el fútbol, su familia, la actualidad… Pero la ELA ha reducido sus movimientos a una sonrisa y muchas miradas. Para escribir una frase necesita minutos de esfuerzo frente a una pantalla conectada a un seguidor ocular, que se descalibra al menor movimiento. Aun así, en el grupo familiar de WhatsApp siguen apareciendo largos mensajes escritos por él. Reflexiones, comentarios, bromas. Conversaciones.
«Veía aquellas parrafadas del tío de mi mujer y pensaba: ‘Jo, qué capacidad tiene Pedro’. Pero luego entendí el esfuerzo tan grande que había detrás de cada palabra», explica Gianluca Vetter a Navarra Capital. Fue precisamente observando ese empuje cotidiano cuando Vetter, economista italoalemán y marido de la pamplonesa María Imízcoz, entendió una de las consecuencias más silenciosas de la enfermedad, el aislamiento social: «Mentalmente estás fresco, con una capacidad del 100 % como antes. Pero muscularmente la movilidad se ha visto reducida o eliminada completamente y eso te impide mantenerte conectado con la sociedad».
De esa reflexión nació ComunicaIA, una herramienta web apoyada en Inteligencia Artificial diseñada para ayudar a personas con ELA a participar de forma más ágil y natural en conversaciones cotidianas. Detrás del proyecto están Vetter y su cuñado, el abogado navarro Alejandro Subirán (casado con Mónica Imízcoz), ambos de 34 años y con alma emprendedora. Gianluca estudió Economía y Moda y llegó a crear en Alemania una empresa de cinturones fabricados con corbatas recicladas. Alejandro cursó Derecho Económico en la Universidad de Navarra y un MBA en Administración y Dirección de Empresas en ESIC. Además, su abuelo fundó la empresa de frutos secos Plis Plas en Andosilla, de la que su hermano está al frente actualmente: «Este proyecto no es un negocio más, no buscamos generar dinero, sino ayudar a solucionar un problema social muy importante».
La idea empezó a cobrar forma en el verano de 2025. Gianluca descolgó el teléfono y llamó a Alejandro. «Le dije que tenía que haber alguna alternativa para ayudar a personas como Pedro a mantener esa capacidad de conversación», recuerda. A partir de ahí comenzaron meses de investigación, reuniones con asociaciones y pruebas con pacientes. Contactaron con entidades nacionales y regionales, entre ellas ANELA Navarra, y en noviembre mantuvieron una reunión con el exfutbolista Juan Carlos Unzué. «Nos dio el empujón que necesitábamos y nos abrió un poco el camino», señala Subirán.
Hoy trabajan con entre quince y veinte pacientes en el desarrollo de un prototipo que todavía se encuentra en fase beta y cuyos costes están sufragando prácticamente ellos mismos mientras buscan financiación pública y privada. La aplicación nace con una idea muy concreta: devolver fluidez a las conversaciones. «No solo escuchar a la otra persona, sino tener un diálogo de verdad», resume Vetter.
UNA IA QUE APRENDE CÓMO ERES
ComunicaIA funciona a través de una interfaz sencilla a la que se accede desde una página web. El sistema está pensado para que, en el futuro, pueda utilizarse mediante seguimiento ocular, aunque actualmente todavía requiere ratón. El primer paso para el usuario es entrar en el denominado «modo entrenador». Allí, la aplicación recopila información sobre la personalidad del paciente: valores, sentido del humor, relaciones personales, gustos, temas favoritos o estilo de vida.
Después se añaden los distintos «visitantes», es decir, las personas con las que el paciente suele conversar. El sistema no solo registra nombres, sino también el vínculo que existe entre ellos y el contexto de la relación. «No es lo mismo hablar con tu médico que con tu primo. Cuanta más información tiene la aplicación, mejor entiende cómo respondería esa persona en cada situación», desgrana Subirán.
A partir de ahí, la herramienta escucha la conversación y genera distintas posibles respuestas adaptadas al tono y contexto del diálogo: empáticas, humorísticas, reflexivas o curiosas. El sistema, además, permite recuperar conversaciones previas. Si el visitante ya ha interactuado anteriormente con el paciente, la aplicación puede retomar temas pendientes, preguntas antiguas o referencias compartidas. «El objetivo no es que la IA hable por ti. Lo que buscamos es ayudar a mantener el hilo de la conversación. Muchas veces las preguntas que quieren lanzar son muy sencillas, pero el esfuerzo que les cuesta verbalizarlas hace que pierdan el hilo. Y ahí empieza el aislamiento», remarca el italoalemán.
Durante las pruebas con Pedro, descubrieron algo que no esperaban: la herramienta no solo facilitaba responder, sino también recuperar la iniciativa: «Cuando vamos a visitarlo muchas veces está esperando a que llegue alguien y le hable. Con esto también pueden iniciar ellos la conversación. Para los que podemos hablar, normalmente esto puede parecer algo menor, pero para ellos cada pregunta tiene un valor enorme. Lo que pierden es la voz. Y con eso también la interacción social», defiende el navarro.
Ahora, los cuñados acaban de incorporarse a la Aceleradora Health de CEIN, donde esperan trabajan en la mejora de la tecnología de seguimiento ocular y en el desarrollo de una versión más avanzada y accesible. También buscan financiación para poder continuar: «Esta versión no es la definitiva, pero ya hemos visto que funciona y que tiene potencial real. La futura aplicación será de pago, aunque esperamos que asociaciones o entidades públicas puedan subvencionarla para facilitar el acceso a los pacientes».













