jueves, 4 junio 2026

La joven tafallesa que confecciona bolsos con corbatas para conciliar el trabajo y la maternidad

Anasilvia Goldaracena, de 33 años, se crio en la imprenta centenaria de su familia. Tras dedicarse casi una década a la hostelería y triunfar con su canal de recetas, el nacimiento de sus dos hijos le impulsó a poner en marcha Mimo de Mamá. Ahora vende sus artículos en mercadillos de Navarra y País Vasco, así como en su página web. "Hay muchísimas madres que se desahogan conmigo porque no saben cómo salir de un sistema de trabajo que no apoya a las familias. Yo puse en marcha este negocio para estar con mis hijos", explica.


Pamplona - 16 julio, 2025 - 23:30

Anasilvia Goldaracena, de 33 años, vende sus bolsos en mercadillos y en su página web. (Fotos: Sergio Martín)

Entre los ruidos rítmicos de las máquinas de impresión, una niña corretea descalza alrededor de pilas de papel, tipografías de plomo y rodillos entintados. Una luz tamizada entra por los ventanales de la antigua imprenta Goldaracena, fundada en 1925 en el corazón de Tafalla, cuando Antonio Goldaracena decidió volver a su tierra natal para cumplir su sueño tras aprender el oficio en ciudades como Pamplona y Madrid. Así, alrededor de aquellas prensas centenarias nació una saga de impresores que ya va por la tercera generación.

Esa niña era Anasilvia, todo junto, porque así lo quiso su madre mexicana y su padre tafallés. Un solo nombre que, para ella, «contiene su historia completa». Durante su infancia, a caballo entre visitas familiares a México y días en la imprenta, su imaginación volaba más allá de los muros de la empresa familiar, tejiendo una idea de libertad que no encajaba del todo en los márgenes establecidos.

A los dieciocho, dejó su hogar para estudiar Magisterio Infantil en la Universidad Carlos III, buscando abrir otros caminos y encontrar «el sentido a su vida». Luego, esa curiosidad insaciable y su amor por la gastronomía le llevaron a Burlada, donde se formó como cocinera. 

«Aunque la hostelería tiene fama de ser la vía de quienes no quieren estudiar, para mí fue una elección vocacional. A los veintidós años comencé a trabajar en San Fermín y luego en establecimientos como el Café Iruña y el Patio de las Comedias. Permanecí siete años en el sector, una etapa que, a pesar del ambiente a veces hostil o competitivo, recuerdo con cariño. De hecho, me ayudó a madurar, a conocer buenos amigos y aprender mucho sobre la vida», detalla emocionada esta tafallesa de 33 años. 

UN NUEVO RUMBO EN LA PANDEMIA

Seis meses antes de la pandemia, mientras la música retumbaba en los altavoces del bar Garazi de la calle Calderería, conoció a Guillermo, el profesor de música que ahora es su marido. Así, la llegada del Covid-19 les impulsó a mudarse juntos a la calle Jarauta, donde Anasilvia empezó a compartir recetas online en su canal de cocina Lo Sencillo y Delicioso: «Tuvo mucho éxito, pasé de unos 500 suscriptores a más de 4.000. La verdad es que me ayudó a generar la comunidad de seguidores que conservo hoy en día y pude realizar colaboraciones con marcas locales como Urzante o Verleal. Todavía hay quienes me piden que publique un libro con aquellas recetas».

Marco y Abril, de cuatro y dos años, fueron la razón por la que la tafallesa comenzó este proyecto textil.

Marco y Abril, de cuatro y dos años, fueron la razón por la que la tafallesa comenzó este proyecto textil.

En ese momento, su vida cambió al descubrir que estaba embarazada. La futura maternidad supuso un punto de inflexión para ella, debido a la dificultad de conciliar esta nueva etapa con la hostelería. «Volví al trabajo cuando mi hijo Marco tenía solo tres meses y experimenté lo duro que es extraerse leche en el baño y luego seguir con la jornada laboral. Pedí una reducción de horas, pero mi jefe no la aceptó y me invitó a marcharme. Así que tuve que buscar una nueva forma de ganarme la vida», detalla. Así surgió Tacontenta, la plataforma a través de la cual la tafallesa vendía sus platos (croquetas, tacos…) a demanda, llegando incluso a realizar el catering de algunos eventos. 

El nacimiento de su hija Abril en 2023 hizo que Anasilvia rescatase las prendas de Marco y empezara a customizarlas. Una actividad que despertó su lado más artístico. Ese mismo año, su madre le regaló una máquina de coser, que debido al ajetreo de cuidar a dos niños permaneció en la caja sin estrenar hasta que estos comenzaron el colegio. Al mismo tiempo que Anasilvia fue consciente de la cantidad de ropa que tenía acumulada, los diseños customizados que lucían sus hijos empezaron a suscitar interés por parte de otras madres. Estaba ante una nueva oportunidad de negocio.

BOLSOS SOSTENIBLES

Así nació Mimo de Mamá, el emprendimiento de Anasilvia dedicado a confeccionar bolsos con telas recicladas (las camisas de su marido, vaqueros, pijamas infantiles) o de kilómetro cero: «Compro la mayoría de las telas en Tejidos Rodrigo, así como los rellenos, las guatas, las cuerdas… No quiero que se pierda el comercio local del Casco Viejo, me da mucha pena». 

Además de los bolsos con corbatas, también crea diseños con telas originales para ampliar su oferta.

Además de los bolsos con corbatas, también crea diseños con telas originales para ampliar su oferta.

De esta forma, en 2025 se empezó a interesar por los mercadillos y, en seis meses, ya ha acudido a doce markets de Navarra y País Vasco. En este proyecto, las corbatas se han convertido en su seña de identidad diferenciadora. «Vi a una artista hacer diademas con esta prenda y me enamoré de la idea. Compré algunas, empecé a probar y ahora las incluyo en casi todas mis creaciones. Intento buscar una corbata de segunda mano en cada lugar que visito, incluso compré una a un señor la que llevaba puesta. Ya tengo mis proveedores de corbatas italianas y francesas, cuyos diseños son mucho más originales. Además, el hecho de que siempre se haya considerado un complemento masculino y ahora lo utilice para crear bolsos de mujer tiene un punto feminista que me gusta», apunta Goldaracena, quien añade que el resto del bolso está cosido con tela de rejilla mesh (se puede mojar o doblar sin perder su forma original). 

Gracias a Mimo de Mamá, la navarra encontró su forma de conciliar la maternidad con la vida laboral: «Hay muchísimas madres que se desahogan conmigo porque no saben cómo salir de un sistema de trabajo que no apoya a las familias. Sé que no me voy a hacer de oro, pero tampoco es la idea. Puse en marcha este negocio para poder estar con mis hijos y me gustaría animar al resto de madres a apostar por este equilibrio entre poder trabajar y criar al mismo tiempo», admite emocionada antes de dar las gracias a a sus padres por cultivar en ella ese espíritu emprendedor e inconformista que le ha ayudado a conseguir sus sueños. 

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