Muchos niños reconocen la llegada del verano por el olor del mar. El pequeño Hugo Salgado, sin embargo, aguardaba impaciente el aroma inconfundible de la pólvora. Antes incluso de que las fiestas comenzaran, ya imaginaba el cielo rasgado por cascadas de luces y colores imposibles.
En algún rincón de su Galicia natal, alzaba la vista en busca del primer destello. Nada más escuchar el estruendo, su pecho estallaba de euforia. Las chispas ascendían como si quisieran escribir historias entre las estrellas y él observaba boquiabierto, sin saber aún que existen oficios capaces de fabricar recuerdos.
Tenía una única misión en vacaciones: convencer a su padre para que lo llevara con él. Benito Salgado, fundador de Pirotecnia Josman, recorría pueblos preparando espectáculos. Hugo viajaba a su lado con la impaciencia de quien cree que, detrás de cada caja de artificios, se esconde un pequeño milagro. «Tengo muchísimos recuerdos de niño viendo los fuegos artificiales. Desde muy pequeño me gustó este mundillo. Siempre supe que me dedicaría a ello, estaba deseando acabar los estudios para trabajar con mi padre», detalla a Navarra Capital.
CON GANAS DE CONOCER PAMPLONA
La compañía gallega, fundada en 1972, ha dibujado de colores algunos de los cielos más emblemáticos del país. A lo largo de las últimas décadas, sus espectáculos han viajado por ciudades como Logroño, Bilbao, Blanes o Tarragona, entre muchos otros rincones de España.
Sin embargo, había una ciudad que seguía siendo una asignatura pendiente: Pamplona. «Nunca hemos visitado Navarra, ni por trabajo ni por ocio. Por eso hemos viajado con unos días de antelación, para poder hacer un poco de turismo. Tenemos muchas ganas de conocer la ciudad», agrega a sus 41 años.
En concreto, Pirotecnia Josman, cuya sede se ubica en Ourense, será la encargada de inaugurar el XXV Concurso Internacional de Fuegos Artificiales San Fermín el 6 de julio. Un estreno muy especial para Hugo y todo su equipo, que desembarcará en la capital navarra con el espectáculo ‘Con afouteza nos Sanfermíns’ (‘Con arrojo en los Sanfermines’). El reto ahora será traducir esa idea al lenguaje de la pólvora para que, durante unos minutos, el cielo de Pamplona hable con acento gallego.
«Llevamos todo calculado al milímetro, aunque hay factores que se nos pueden escapar, como la climatología o el viento. No tenemos muchos nervios, simplemente queremos que a la gente le guste lo que tenemos preparado. Llevamos mucho tiempo dedicándonos a esto porque es nuestra pasión y esperamos durar muchos años más», remata consciente de que un estallido de luces puede permanecer para siempre en la memoria.












